<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840</id><updated>2012-02-16T16:29:06.763+01:00</updated><title type='text'>EL RINCÓN DE LOS CUENTOS PERDIDOS</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>35</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-2788368987702311771</id><published>2009-11-03T09:37:00.001+01:00</published><updated>2009-11-03T09:41:49.914+01:00</updated><title type='text'>Capítulo 13 y Final</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 13&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;as secuelas de aquella terrible experiencia constituyeron una barrera infranqueable que Maruja fue incapaz de poder olvidar, siquiera con el paso del tiempo. Lejos de observar síntomas de arrepentimiento, el carácter de Ramiro –turbio hasta entonces, como las aguas estancadas de una ciénaga-, pasó a convertirse en una sombra negra que presagiaba endemoniadas consecuencias. La casa, entonces, comenzó a llenarse de ecos, de sombras y de espacios vacíos, tan lúgubres como los panteones de los héroes de la guerra de Cuba, hace tiempo olvidados y cubiertos de maleza y telarañas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na visión retrospectiva de su pasado, indujo a Maruja a preguntarse cuál podía haber sido el punto de inflexión que había tirado al cubo de la basura todas sus esperanzas, todas su ilusiones; incluso el sentido primordial de su propia vida, de la que tanto esperaba desde el mismo instante en el que tuvo plena consciencia de su humanidad.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; falta de comunicación, se encerraba en su espiritualidad, confiando en que algún día Dios abriera una ventana por la que entrara un rayo de sol que volviera a iluminar su miserable existencia. Pero acaso por falta de fe, por debilidad, por miedo o porque Dios estuviera demasiado ocupado llevando la esperanza a otros corazones mucho más heridos que el suyo, llegó un momento en el que Maruja fue incapaz de soportar más ultrajes y en su mente torturada fue aposentándose, poco a poco pero con férrea determinación, el demonio silencioso y terrible de la venganza.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;V&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;olvió a recordar las aseveraciones de Schopenhauer –cuyo libro perdió definitivamente después de vender el piso de sus padres-, y pensó que quizás Ramiro no se diera cuenta de lo que había perdido en realidad, hasta que no fuera demasiado tarde. Pero Ramiro tenía el alma igual de negra que los inquisidores que habían torturado y asesinado impunemente en el nombre de Dios y no había día que no la torturara, físicamente o de palabra.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a mayoría de las ocasiones, la constaba que lo hacía con plena conciencia, perfectamente sobrio y cerebral, con suficiente capacidad de decisión para distinguir lo correcto de lo inmoral.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;F&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ue algo que brotó espontáneamente en su cerebro, como opinan algunos biólogos que ocurrió con la vida en la Tierra -a falta de una explicación mejor-, germinando con lentitud pero con una precisión insospechada, que nunca había creído posible en su apacible naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;eguro de sí mismo y del absoluto poder que ejercía sobre ella valiéndose de su fuerza, Ramiro fue incapaz de darse cuenta del veneno que –hubo un momento en el que Maruja se imaginó a sí misma como La Voisin, la terrible y famosa envenenadora francesa-, administrado en pequeñas dosis, recaía en su estómago todos los días cuando se llevaba la cuchara a la boca. Para una persona más observadora y menos egocéntrica, el odio y la repulsión no hubieran pasado desapercibidos en el fondo atormentado de los ojos de Maruja. Tampoco las miradas de soslayo, valedoras en toda su extensión de la enorme frustración que sentía, así como el terrible sambenito de la humillación que la acompañaría para el resto de sus días, como una cruz acentuando la pasión de su calvario particular.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l estado de salud de Ramiro fue empeorando gradualmente, como ella esperaba que sucediese. Y también, como esperaba, el orgullo varonil se convertía en su mejor aliado negándose –como ella sabía que se negaría-, a acudir a la consulta del médico, el cuál podía haber desbaratado oportunamente sus planes. La bilis amarillo-verdosas que expulsaba frecuentemente por la boca, constituían una garantía más que suficiente para saber que su hígado no aguantaría mucho –quizás un día más, dos a la sumo-, pero aún así, Maruja no pudo evitar un estremecimiento de sentida piedad. Porque a medida que el estado físico de Ramiro se deterioraba –había perdido peso hasta parecer un cadáver viviente-, en el fondo vidrioso de sus ojos comenzaba a percibir fugaces visiones del hombre dulce y emprendedor que la había enamorado, llevándola al altar; visiones entrañables del hombre que la había hecho mujer, desflorándola con torpe ternura, pendiente al principio de todos y cada uno de sus caprichos; del hombre trabajador que soñaba con hacerla señora en el polo opuesto de aquél Madrid obrero y marginal en el que vivían...&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ero no. Esas visiones, fugaces como sus recuerdos, eran ahora su peor enemigo. Ella todavía adoraba a aquél Ramiro y hacia él sus sentimientos permanecían impolutos como el primer día. Aquél Ramiro que viviría siempre como el único rey del palacio de su corazón. Su cruzada no era contra él, sino contra el vampiro invisible que se había apoderado de su alma, convirtiéndole en una bestia. Era contra esa alimaña contra la que luchaba denodadamente y a la que finalmente derrotó cuando exhaló el último suspiro.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ígido sobre la cama de matrimonio, el cuerpo de Ramiro parecía descansar, arropado por dulces sueños. Aún con los ojos abiertos, su rostro no denotaba dolor alguno. Ligeramente ladeado hacia la izquierda, su cara parecía mirarla con aquélla ternura de antaño, precursora del abrazo que siempre la tranquilizaba y la hacía ruborizarse como una niña chica.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ntonces Maruja sintió por fin que sus almas volvían a estar unidas, habiendo encontrado la paz. Y en un acto de ternura reflejo, le vistió con su mejor traje –ese de color azul celeste que tanto le gustaba y que le sentaba como un guante-, besó por última vez los fríos labios y a continuación cruzó las yertas manos sobre el pecho. Después, colgándose el bolso al hombro, salió de la casa cerrando despacio la puerta, temiendo despertarle de su siesta eterna. La mañana, agradable por más señas, la trajo recuerdos de muchos domingos de su niñez en los que su padre solía llevarla al Parque del Retiro y comprarla unos barquillos junto al estanque, los cuales solía compartir con las bandadas de adorables cisnes que se acercaban siempre glotones, mendigando unas migajas que ellos mismos devoraban de la palma de su mano.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;F&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;rente a la puerta de la consulta, Maruja no pudo reprimir el impulso de sacar del bolso un espejo y arreglarse un rebelde mechón de pelo, que previamente la brisa había alborotado. A pesar de las ojeras y el rastro de las lágrimas que había vertido, sabía, en lo más profundo de su corazón, que los trámites legales que se avecinaban serían menos dolorosos que los recuerdos que habrían de vivir con ella el resto de sus días.&lt;br /&gt;Suspirando profundamente, llamó a la puerta. Un minuto después de entrar y haberse presentado, el especialista le preguntó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Bien, Maruja: cuéntame qué os pasó.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-2788368987702311771?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/2788368987702311771/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/11/capitulo-13-y-final.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2788368987702311771'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2788368987702311771'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/11/capitulo-13-y-final.html' title='Capítulo 13 y Final'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-1000080776287760501</id><published>2009-11-02T09:39:00.002+01:00</published><updated>2009-11-02T09:42:52.310+01:00</updated><title type='text'>Capítulo 12</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 12&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e la comían los nervios, mientras devoraba impaciente la punta de las uñas, esperando siquiera una llamada de Ramiro. Las doce y cuarto de la noche. La cena hacía rato que descansaba, fría, sobre el plato y Maruja, preocupada, hizo intención de descolgar el aparato de teléfono y llamar a los servicios de urgencia de los hospitales de Madrid, temiéndose lo peor. Había visto al dueño del bar de la esquina echar el cierre y despedirse del último cliente, que se marchó en taxi, seguramente herido de muerte, como había escuchado decir a los hombres cuando deseaban dar a entender que se les había ido la mano a la hora de alternar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;on la lamparilla del comedor encendida, intentó concentrarse en la lectura de un libro de Bécquer que, por alguna razón desconocida, Ramiro no había considerado digno de ir a parar al cubo de la basura.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ún recordaba de memoria algunas de las poesías y si tuviera la oportunidad de hablar al respecto, estaba completamente segura de que podría contar –con toda clase de pelos y señales-, la mayoría de las leyendas. Era la parte que más la gustaba de la asignatura de Literatura y todavía mantenía en su mente una visión fresca del entrañable señor Montes, su profesor.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l contrario que su padre, Montes había combatido en la Guerra Civil en el bando republicano, siendo herido en la cruenta batalla del Ebro, que tantas víctimas se contara por ambos bandos. De ahí que su oído derecho perdiera toda percepción auditiva, destrozado el tímpano irremisiblemente a consecuencia de la caída de un obús que estalló tan cerca de la trinchera donde se parapetaba, que podía considerarse un auténtico milagro que no hubiera acabado con su vida y desparramado los pedazos de su cuerpo varios metros a la redonda.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e cualquier forma, el señor Montes era un hombre verdaderamente asombroso. De mediana estatura y aspecto de ratón asustado, sus ojos, sin embargo, se convertían en auténticas brasas candentes cuando recitaba con natural pasión los versos más sobresalientes de Gustavo Adolfo. Un efecto similar, cuando no mayor, conseguía en el momento en el que comenzaba a narrar las leyendas logrando, con su grandilocuencia de gestos y expresiones, que toda la clase lo escuchara con inusitado interés.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;esultaba curiosa, por otra parte, la frescura con que recordaba la frase que afloraba a sus labios cada vez que alguien realizaba algún comentario y que pronunciaba segundos después de llevarse un dedo hacia el aparato auditivo que sobresalía del lóbulo de su oreja derecha:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Señoritas, porque aunque ustedes no se lo crean, con éste aparato soy capaz de oír hasta la hierba que brota del suelo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aturalmente, todas reían frente a la exageración de tal comentario. Incluso había alguna, más atrevida y menos educada que las demás, que lo insultaba sin conmiseración, a sabiendas de que su desvergüenza quedaría para siempre impune.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aruja nunca había comprendido tal tipo de actitudes. Posiblemente porque en su naturaleza nunca había existido sitio para el rencor. Tal vez motivada por tales pensamientos, respiró aliviada cuando escuchó la llave entrar torpemente en la cerradura de la puerta. Pero todas sus sanas intenciones se vinieron abajo al ver el aspecto tan desastroso de Ramiro, que entró en el comedor tambaleándose y apestando a vino, luciendo reveladoras manchas de carmín sobre el blanco sudado del cuello de su camisa. Aquello era demasiado para lo que un alma noble podía llegar a soportar y se lo recriminó, con las manos cruzadas sobre el pecho, a semejanza de una madre exigiendo una explicación a su hijo por una travesura cometida. Ese fue su segundo gran error.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a reacción de Ramiro, violenta, como no cabía esperar otra cosa, no se hizo esperar. La primera sensación que tuvo Maruja, fue la de sentir los dedos de Ramiro cerrándose como garfios sobre su cabello, mientras la arrastraba salvajemente por el suelo del pasillo en dirección al dormitorio.&lt;br /&gt;Apenas una fracción de segundo más tarde, se vio catapultada sobre la cama, como si de un inerme saco de patatas se tratara. Lo siguiente que mal hería su memoria, fue el rostro desencajado de Ramiro, cuya boca apestaba como el aliento corrupto de una una fiera que acabara de devorar a su víctima.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Vamos, puta!. ¡Te voy a echar el polvo de tu vida!, -dijo a continuación, hipando como un cerdo, mientras sus manos desgarraban la bata y el peso de su cuerpo caía sobre ella, aplastándola sin ningún género de consideración.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ubo un pequeño forcejeo en el que ella, por naturaleza más débil, terminó perdiendo, quedando exhausta y sin oportunidad alguna de defensa. La lámpara de la mesita cayó al suelo, produciendo un ruido estrepitoso cuando la bombilla estalló en mil pedazos, que se extendieron por el suelo de la habitación en todas direcciones. A continuación, un pequeño fogonazo, la cómplice oscuridad y los jadeos libidinosos de Ramiro. El calor en su bajo vientre, unido a la pestilencia de su aliento, hizo que Maruja sintiera náuseas y estuviese a punto de vomitar hasta las heces. El tiempo, entonces, se le hizo eterno, igual de angustioso que la visión de las gotas de suero penetrando con desesperante lentitud en las venas del brazo de su madre poco antes de fallecer en la aséptica cama del hospital, sin otra compañía que las visiones que pudiera tener en el coma, las cuales se había llevado con ella a la tumba.Por otra parte, sus genitales ardían, mancillados por los esfuerzos desesperados de Ramiro que, sin duda influenciado por el alcohol, apenas conseguía mantenerse en erección para consumar un acoplamiento no compartido. Cuando se apartó a un lado, quedándose dormido y roncando como un auténtico verraco, Maruja dobló las piernas lentamente, adoptando una posición fetal –como solía hacer muy a menudo cuando era niña-, llorando a continuación con infinita amargura. Por un resquicio de las cortinas de la ventana, penetraba casualmente un diminuto rayo de luz. Y por primera vez en mucho tiempo, Maruja sintió vergüenza de ser mujer. Y también, después del ultraje, comprendió que posiblemente Dios había sido misericordioso al no haberles concedido hijos que acrecentaran el sufrimiento.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-1000080776287760501?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/1000080776287760501/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/11/capitulo-12.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1000080776287760501'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1000080776287760501'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/11/capitulo-12.html' title='Capítulo 12'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-2202962250944878458</id><published>2009-11-01T11:29:00.001+01:00</published><updated>2009-11-01T11:31:32.400+01:00</updated><title type='text'>Capítulo 11</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 11&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a primera de las palizas fue motivada por una llamada de teléfono que hizo aflorar en el corazón de Ramiro unos celos por completo injustificados. A consecuencia de ello, Maruja comenzó a pensar que el destino –ese caprichoso fatum de las comedias griegas-, era, sin duda, un duendecillo burlón, que poco o nada entendía del sufrimiento humano y si lo hacía, apenas le importaba. De poco sirvieron los intentos por hacerle comprender a Ramiro que el hombre que había marcado su número de teléfono y había preguntado por Maruja, se refería a otra persona que no tenía absolutamente nada que ver con ella, a excepción de tener su mismo nombre, común, suponía, a muchas mujeres españolas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;o obstante educada en la sumisión, siempre buscaba excusas para disculpar una actitud violenta que apenas dejaba entrever una pequeña puerta abierta a esa utopía que, a falta de un nombre mejor, se denomina esperanza y que aflora a los labios de las personas cuando sufren o anhelan algo con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Q&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ue Ramiro bebiera era una cuestión que siempre había intentado comprender desde la perspectiva humana de la más absoluta de las paciencias, aunque nunca, hasta entonces, le había visto borracho. Ella sabía, por su padre que en paz descanse, que el alcohol, tomado sin mesura y proporción, cambia el carácter de las personas, aunque algunas lo admitan mejor que otras y sus borracheras sean puramente anecdóticas.&lt;br /&gt;Pero la regularidad con la que Ramiro consumía alcohol, comenzó a resultar peligrosamente alarmante.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l principio, ella aceptaba más o menos bien sus explicaciones, encaminadas a hacerle comprender que la naturaleza de su trabajo le obligaba a tener que alternar con los clientes para cerrar negocios cuyo porcentaje de comisión, unido al sueldo, les vendría muy bien en el futuro, del que no tardarían en volver a recuperar su antigua posición. Maruja quería creerle. Necesitaba creerle, porque al fin y al cabo Ramiro era lo único que le quedaba en el mundo, una vez fallecidos sus padres y hacía de tripas corazón, procurando disimular el disgusto que sentía cada vez que acudía a casa embriagado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ubo una época, después de la última borrachera, en la que el carácter de Ramiro, huraño y agresivo hasta entonces, pareció dar un giro de ciento ochenta grados y volver a ser, durante algún tiempo, aquél Ramiro que la había conquistado, haciéndola sentirse una mujer completamente enamorada. Hasta se podía dialogar con él. Tanta fue su sorpresa, que su propia inocencia la indujo a correr un tupido velo sobre su más reciente pasado y perdonarle los numerosos sinsabores que la había hecho sufrir. Entonces, cuando menos se lo esperaba, llegaron las violaciones, amparadas en derechos maritales, que incluso la más salvaje de las fieras respetaba, aunque se encontraran en el más asqueroso rincón de la jungla.La primera fue la peor de todas, precisamente aquélla que más profundamente había dejado huella en su alma y que jamás podría olvidar y mucho menos perdonar, por muy buen corazón que tuviera.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-2202962250944878458?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/2202962250944878458/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/11/capitulo-11.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2202962250944878458'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2202962250944878458'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/11/capitulo-11.html' title='Capítulo 11'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-4699779593803498652</id><published>2009-10-31T10:02:00.001+01:00</published><updated>2009-10-31T10:04:31.225+01:00</updated><title type='text'>Capítulo 10</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 10&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;oña Remedios falleció un mes después. La llamada de la dirección del centro psiquiátrico notificándoles tan fatal desenlace, apenas les cogió por sorpresa. De hecho, Maruja tuvo una premonición la tarde anterior que, unida a la gravedad del estado de salud de Doña Remedios hacía vana cualquier esperanza de recuperación.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a mañana, fresca a pesar de estar bien entrada la primavera, se le antojó de una tristeza inusual, sólo comparable al más aciago de todos sus recuerdos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; pesar de que nunca había sentido aversión hacia los cementerios, una mirada hacia el lugar donde habrían de reposar los restos mortales de su madre para toda la eternidad, la provocó un escalofrío, seguido de un agudo dolor en el pecho. Naturalmente Ramiro estuvo todo el tiempo a su lado, acompañándola. Lógico era pensar que había que guardar las apariencias, aunque su matrimonio fuera un barco a la deriva, sin posibilidad, al menos por el momento, de regresar a buen puerto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;evueltas las cenizas a las cenizas y el polvo al polvo, Maruja se sintió completamente sola; desamparada en un mundo que, por primera vez en su vida, le pareció extraño y completamente hostil.Desde luego, Ramiro no tardó demasiado tiempo en encontrar trabajo, de representante también, aunque su mal querencia hacia ella era mayor cada día, sin importar las continuas manifestaciones de afecto hacia él.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-4699779593803498652?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/4699779593803498652/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-10.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4699779593803498652'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4699779593803498652'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-10.html' title='Capítulo 10'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-2719653459719308977</id><published>2009-10-30T10:30:00.002+01:00</published><updated>2009-10-30T10:34:08.352+01:00</updated><title type='text'>Capítulo 9</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 9&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a primera bofetada restalló en su cara como el látigo inclemente que humilla a las fieras antes y durante una representación circense. Era imposible no recordarla, siquiera porque fue tan imprevista y brutal, que la dejó tumbada en el suelo sin posibilidad de abrir la boca aunque sólo fuera para quejarse o simplemente preguntar por qué. Ocurrió la víspera de semana santa. Precisamente el día en el que los madrileños –de común acuerdo, como en todo buen éxodo vacacional que se precie-, hicieron las maletas, huyendo desesperados hacia las playas, sin importarles que hiciera o no buen tiempo y pudieran bañarse en sus placenteras aguas. Ramiro se quedó sin trabajo precisamente aquél día y tal vez por ese motivo a Maruja se le ocurrió pensar que existían circunstancias atenuantes para disculpar tan reprochable acción.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e cualquier forma, era algo que se veía venir, sin necesidad de consultar el horóscopo que todas las semanas aparecía en las revistas del corazón y que venía a decir siempre lo mismo, semana tras semana.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a empresa en la que prestaba sus servicios como representante –pensó que conseguiría más emolumentos y gratificaciones que siendo un simple conductor en una empresa de servicio público-, decidió, de la noche a la mañana, aplicar el método de márketing americano  -impersonal y calculador como pocos, en lo que a los recursos humanos se refiere-, y la primera consecuencia de dicha aplicación no fue otra que la de reestructurar la plantilla y recortar gastos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Ramiro, desafortunado siempre en las cuestiones de azar, le tocó la bola negra en el sorteo, así como una indemnización muy por debajo de lo que estipulaba la Ley. Era el tiempo de las lentejas y ni siquiera los sindicatos –en tal sentido Ramiro había sido siempre apolítico, absteniéndose incluso de votar en las primeras elecciones generales-, consiguieron que el juez revocara una sentencia a todas vistas injusta e impopular. De cualquier forma su tranquilidad, poco menos que perfecta, sufrió un irremisible cambio a partir de entonces.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;on la situación de desempleo de Ramiro, llegaron los primeros recortes en el presupuesto familiar y Maruja tuvo que olvidarse de algunos pequeños privilegios, comunes a muchas mujeres.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l principio fueron las revistas:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Ni un solo duro para cotilleos, -decía Ramiro, inflexible.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uego, la peluquería, a la que acudía cada quince días y donde se hacía siempre la permanente:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Lávate con agua del Canal, que verás qué bien se te queda el pelo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;entro de lo malo, Maruja comprendía la necesidad de abrocharse el cinturón. Y lo comprendía hasta tal punto, que una noche, después de cenar, le comentó la posibilidad de buscarse un empleo, siquiera por horas, mientras se normalizaba la situación. Comprendió su error demasiado tarde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-¡Vete a la mierda!, -le contestó un hombre por completo desconocido, que en nada se parecía al Ramiro que la  llevó al altar, diciendo, aparentemente convencido, sí quiero.Fue a raíz de aquélla sugerencia, cuando afloró el verdadero monstruo que había permanecido aletargado en lo más profundo de su alma. Monstruo, por otra parte, que nada tenía que ver con la maldad de los villanos del Séptimo Arte, que se las hacían pasar canutas a las heroínas de turno pero que, al final –gracias a la decisión del director o al buen corazón del guionista-, terminaban recibiendo su merecido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-2719653459719308977?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/2719653459719308977/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-9.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2719653459719308977'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2719653459719308977'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-9.html' title='Capítulo 9'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-8403119302409239165</id><published>2009-10-29T09:08:00.001+01:00</published><updated>2009-10-29T09:11:12.429+01:00</updated><title type='text'>Capítulo 8</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 8&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l primer año de matrimonio fue, sin duda, el mejor y de más grato recuerdo, a pesar de que hacían el amor de pascuas a ramos y nunca con la pasión con que lo hicieron la noche de bodas, cuando ambos terminaron de presentarse definitivamente el uno al otro, dejando todas sus vergüenzas en completa transparencia. Teniendo el piso bien amueblado y un utilitario de cinco puertas aparcado en la acera de su casa, constituían un matrimonio cuyo estrato social en aquellos dulces comienzos era superior al de muchos de sus vecinos y a pesar de vivir en un barrio obrero del sur de Madrid –aún era pronto para emigrar hacia el norte, como deseaba Ramiro en lo más profundo de su corazón-, todo el mundo les envidiaba, a juzgar por los comentarios que Maruja escuchaba en conversaciones de escalera, cuya trascendencia estaba muy lejos de afectarla.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; pesar de todo, la felicidad nunca es completa, aunque a veces se aferre uno a pensar lo contrario, creyendo ilusoriamente que la vida es perfecta. Recién llegados de Gijón –por motivos profesionales habían tenido que retrasar el viaje de luna de miel algunas semanas-, apenas tuvieron tiempo de deshacer las maletas, cuando una llamada telefónica les avisó de que don Antón había claudicado, pasando el hombre a mejor vida. Ocurrió por sorpresa y sin sufrimiento, tal y como declaró el médico que certificó la defunción. La muerte, disfrazada de infarto de miocardio, había segado su vida con tanta rapidez, que ni siquiera el sacerdote consiguió llegar a tiempo para administrarle la extrema-unción cuando aún respiraba.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or aquéllas fechas, la ternura de Ramiro se hizo patente una vez más, y Maruja se sintió consolada, mimada y protegida por el hombre al que tanto amaba. Doña Remedios, sin embargo, se llevó la peor parte. Precisamente aquella a la que la evolución no ha dotado al ser humano de una defensa sólida y homologada a las circunstancias: la soledad.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l principio, los síntomas no eran lo suficientemente claros como para pensar siquiera en la posibilidad de tomar medidas más drásticas e inevitablemente necesarias. Era lógico que después de toda una vida de casados, el cónyuge superviviente se aferrara al recuerdo del finado como un náufrago a la tabla de salvación  y hablara de él como si hubiera tenido que desplazarse fuera de Madrid por motivos estrictamente laborales. La comprensión de Maruja en tal sentido se había mantenido firme, con dogmática determinación, no exenta, en absoluto, de dulzura. Incluso Ramiro, serio por regla general, se deshacía en afectos, intentando –eso tenía que reconocérselo siempre en honor a la justicia-, que su suegra se sintiera lo más animada posible, aunque dando por sentado que no se iría a casa a vivir con ellos. En su fuero interno, semejante decisión no fue en absoluto del agrado de Maruja y a raíz de ello vinieron las primeras discusiones, disfrazadas de consanguineidad familiar. Pero como el piso de doña Remedios estaba apenas a un par de manzanas, pensó que no la supondría tanto esfuerzo llevar las riendas de las dos casas y tener a su marido y a su madre debidamente atendidos, como consideraba que era su obligación.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l principio todo fue maravillosamente bien. Ella se ocupaba de Ramiro y de doña Remedios con férrea determinación e incluso la sobraban fuerzas –y no sólo de voluntad, que también es importante-, para cumplir con sus obligaciones maritales, aunque por más que lo habían intentado, los niños se habían resistido siempre a todos sus esfuerzos. Por supuesto, había intentado comentarlo con Ramiro, pero todos sus intentos resultaron por completo infructuosos y las contestaciones de éste cada vez más desconcertantes y soeces:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Déjame en paz!. ¡Me sobran cojones para hacer hijos!.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aruja se derramó entonces como el agua de un cántaro hecho añicos. Sobre todo cuando sus relaciones íntimas comenzaron a enfriarse, hasta el punto de llegar prácticamente a desaparecer, a pesar de que ella continuaba conservando todo su atractivo y renovaba su vestuario de ropa interior, en un intento futil por excitarle y hacer su relación mucho más placentera. Resultaba, entonces, una absoluta paradoja pensar que mientras el planeta se calentaba peligrosamente por causa del denominado efecto invernadero -también es cierto que ni siquiera los científicos terminaban de ponerse de acuerdo sobre las medidas a tomar para solucionar tan importante problema-, sus sentimientos se enfriaban cada día más hasta llegar a alcanzar los cero grados del frío absoluto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-8403119302409239165?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/8403119302409239165/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-8.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/8403119302409239165'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/8403119302409239165'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-8.html' title='Capítulo 8'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-7311872917911279934</id><published>2009-10-28T10:18:00.001+01:00</published><updated>2009-10-28T10:21:10.786+01:00</updated><title type='text'>Capítulo 7</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 7&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l día de su boda nevó copiosamente y Maruja apenas terminaba de decidirse sobre qué estaba más blanco, su vestido de novia o el suelo cubierto de nieve, que daba a las calles el aspecto entrañable de una típica postal de navidad. La basílica de Nuestra Señora de Atocha la pareció, sencillamente, sublime: con sus ojivas, sus arcos, sus inconmensurables bóvedas, así como también por los cuadros y las figuras cuyas alegorías constituían todo un poema a los aspectos más místicos y espirituales del ser humano. Al menos, así se lo pareció cuando caminaba erguida hacia el altar cogida del brazo de su padre, mientras la gente –agolpada en los bancos, a ambos lados del pasillo-, la observaba y cuchicheaba en voz baja.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;amiro esperaba impaciente en el altar, serio y circunspecto, como se supone que debe de estar un novio en un día tan señalado. Impecablemente vestido y con la cabeza alta, daba la impresión de un grande de España que estuviera a punto de dar el paso trascendental de su vida, después de hacer sido introducido en sociedad. Maruja se estremeció. Y a través de los poros electrizados de su piel, sintió que por su cuerpo fluía un torbellino de emociones que se resumía en un único e indivisible sentimiento: amor.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l discurso del sacerdote, posiblemente más extenso de lo habitual, se le antojó semejante, en número, calidad y gratuidad, a los consejos de Perico Chicote.&lt;br /&gt;Hombre de cierta edad, las arrugas de su frente semejaban surcos recién labrados por debajo de la nieve que coronaba la montaña de su escaso cabello. Tal vez Ramiro miraba hacia abajo por el efecto sedante de su voz, monótona y triste, sin apenas timbre, que empañaba lo que ella consideraba un éxtasis de alegría semejante, comparativamente hablando, al que experimentó el día de su primera comunión, luciendo también el vestidito blanco y los zapatitos de charol, brillantes como una estrella.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando llegó a la parte trascendental del ritual, aquella en la que el sacerdote autoriza besar a la novia, Maruja recordó el beso más largo y apasionado de la historia del cine: aquél que se dieron Cary Grant e Ingrid Bergman en la película Encadenados, del genial director norteamericano Alfred Hitchcock. Por desgracia, Ramiro no era muy aficionado al cine, a juzgar por la inesperada fugacidad con que la ofreció los labios. Pero aquél detalle apenas tenía importancia, una vez encajado el anillo en su dedo anular.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;iendo marido y mujer, lo que Dios había unido no tenía por qué separarlo el hombre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-7311872917911279934?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/7311872917911279934/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-7.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7311872917911279934'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7311872917911279934'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-7.html' title='Capítulo 7'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-1226049252154043145</id><published>2009-10-26T15:03:00.001+01:00</published><updated>2009-10-26T15:06:41.684+01:00</updated><title type='text'>Capítulo 6</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 6&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l día que Ramiro se licenció, cumplidos los catorce meses reglamentarios de servicio, el sol brillaba con tanto esplendor en el cielo, que Maruja pensó que una aparición mariana la anunciaba la inminencia de su boda. Fue como una especie de presagio, en el que intervino, para no variar, la férrea determinación de don Antón cuando, con la excusa de celebrarlo como Dios manda, los invitó a tapear en Chicote.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;erico Chicote era, en opinión de Maruja, un hombre que no destacaba tanto en su faceta de barman, como en su evangelizadora labor franquista, defensor a ultranza de los valores tradicionales del Movimiento y los buenos consejos que, por supuesto, siempre resultaban gratuitos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ntiguos camaradas, don Antón y él constituían sendas reliquias de un régimen obsoleto que se estaba deshaciendo bajo los efectos del terremoto social demócrata que estaba penetrando en España a través de la apertura de fronteras, una vez fallecido el Caudillo, por quien se guardó luto en casa, como correspondía a tan ilustre personalidad. Así lo demostraba el crespón negro colocado sobre el cuadro colgado en el sitio de honor del comedor.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ejando a un lado todo tipo de ambigüedades políticas para las que ella no había sido educada ni preparada, Maruja no dejaba de reconocer que Perico Chicote era un hombre que poseía una interesante imaginación y no la sorprendería tampoco que fuera capaz de maravillar a un genio. Tuvo una sólida constancia de ello cuando observó la facilidad intrínseca con la que mezclaba los licores, hasta alcanzar el cóctel definitivo, al que bautizaba con el primer nombre que se le ocurría y después olvidaba inmediatamente. Solía hacer éste tipo de demostraciones con la gente famosa que frecuentaba su bar-museo –la colección de botellas que exhibía en las estanterías era conocida en el mundo entero por su originalidad-, y rara era la ocasión en la que no había un personaje relevante codeándose con la gente más vulgar, en una curiosa mezcolanza de escalafones sociales no apta para susceptibilidades a flor de piel.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;al vez influenciado por la gratuidad de los consejos de Chicote, don Antón tuvo la brillante inspiración de alentar a Ramiro con sugerencias de matrimonio encaminadas a hacerle comprender que la gloria del hombre se encontraba, no en los cielos, como se suele pensar, a la derecha de Dios y junto a Jesucristo, sino en la sólida cimentación de los pilares del sagrado sacramento del matrimonio, como así se reflejaba en la Ley Fundamental de Principios del Movimiento, dictada por Franco a sus ministros.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ara entonces, Maruja había enrojecido, íntimamente avergonzada. Pero aún así, se sintió incapaz de reprimir una mirada de soslayo, precisamente de ese tipo de miradas que suelen valer más que mil palabras y son tan precisas como una medalla de oro en la categoría de tiro olímpico.Bien es cierto, también, que Maruja pensó en la posibilidad de que Ramiro creyera que se le estaba tirando el lazo y frente a aquélla pésima circunstancia, experimentó una sensación de congoja que ocultó con nubes negras ese sol bienaventurado que tan buenos presagios la había transmitido desde por la mañana temprano y frente al cuál su corazón se había expandido como el espíritu santo sobre la cabeza de los desesperados israelitas que huían de la ira del faraón, si había de hacer caso a las referencias bíblicas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-1226049252154043145?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/1226049252154043145/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-6.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1226049252154043145'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1226049252154043145'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-6.html' title='Capítulo 6'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-1686148884464965275</id><published>2009-10-22T08:01:00.002+02:00</published><updated>2009-10-22T08:08:37.551+02:00</updated><title type='text'>Capítulo: 5</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 5&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Q&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ue Ramiro estuviera predestinado para oficinas era una cuestión que Maruja tenía tan asumida, que cuando la noticia se hizo oficial en su casa, el más sorprendido de todos fue su padre, que pensaba que era un chico más de la calle, destinado a convertirse en un auténtico golfo sin oficio ni beneficio. Resultó lógico, pues, que la mejor botella de vino –aquélla de cuerpo de Cristo oloroso y suave al paladar, haciendo honor a su excelente denominación de origen Rioja-, se descorchara a su salud y ambos terminaran cantando el Asturias patria querida, varonilmente confraternizados. Su madre y ella también lo probaron, pero sólo un culito, pues es de todos conocido que el vino se sube a la cabeza y se termina haciendo y diciendo tonterías que posteriormente se suelen lamentar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;oña Remedios, su madre, era muy consciente de ello y estaba encariñada de Ramiro tanto o más que su padre, aunque se empeñara constantemente en sacar posibles defectos, que a ella en nada se le antojaban objetivos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Mira, muchacho, -dijo don Antón, apurando el vaso de vino, que ya comenzaba a dejar un alegre color carmesí en sus labios, generalmente amoratados. Esta vida está hecha para trabajar. Y para trabajar, hay que ser primero hombre.&lt;br /&gt;-Por supuesto, don Antón, -contestó Ramiro, que no le iba a la zaga en cuestiones de chateo, aunque por prudencia solía reservarse siempre sus comentarios para mejor ocasión, otorgando la razón aunque no estuviera de acuerdo con ella.&lt;br /&gt;-Ni democracia ni puñetas, carajo. Que el pan no viene bajo el brazo de los bonitos ideales, sino nadando en ríos de sudor, que para eso hasta Dios tuvo que trabajar lo suyo cuando creó el mundo...&lt;br /&gt;-¡Jesús, qué hombre éste!, -se santiguó doña Remedios, mientras ella le pedía en silencio a Dios que el vino no le soltara demasiado la lengua y Ramiro se marchara espantado, pensando que su padre era un perfecto patán.&lt;br /&gt;-La cuestión está en tener cojones suficientes para situarse...&lt;br /&gt;-¡Por Dios, Antón!, -se santiguó otra vez doña Remedios, devota y piadosa como habían sido marcadas las pautas de su católica educación.&lt;br /&gt;-¡Calla, mujer!, -gritó don Antón, golpeando la mesa con el puño cerrado. Y corta más jamón, que para ganarlo me sobran huev...&lt;br /&gt;-¡Antón, por favor!.&lt;br /&gt;-Ya comprenderás que con las mujeres es imposible mantener una conversación decente. ¿Por qué te crees que antiguamente no se las permitía votar?.&lt;br /&gt;-Pues no estoy muy seguro, -dijo Ramiro, lavándose las manos como Poncio Pilatos, aunque ella por aquél entonces continuara pensando en la disculpa de que “prudencia obliga”.&lt;br /&gt;-Porque sólo piensan con el corazón, muchacho, -continuó don Antón, haciendo un feo ademán de desprecio con las manos, gesto a que tan acostumbradas las tenía a su madre y a ella. No son cerebrales para nada, porque el pensar no forma parte de su naturaleza...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;u madre y ella se miraron, sin atreverse siquiera a despegar los labios. Se conocían lo suficiente como para saber lo que doña Remedios la diría, confidencialmente, por supuesto, si estuvieran solas las dos:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Ya conoces a tu padre. Es su temperamento el que le hace decir cosas que en el fondo no siente. Es un hombre honrado y bueno, aunque terriblemente conservador. Vamos, que es como Dios manda.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;lla recuerda y titubea, dudando. Y se ve a sí misma mirando hacia otro lado para impedir que la aguda perspicacia de doña Remedios pueda leer con total impunidad en el libro abierto que son sus ojos. Ve que las mejillas de Ramiro están visiblemente sonrojadas, aunque no tanto, es evidente, como las de su padre, que parecen una supernova a punto de estallar y expandir sus pedazos incandescentes a todo lo largo y ancho del infinito universo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a tarde está declinando. Basta un simple vistazo por la ventana para darse cuenta de ello y otro, no menos simple aunque sí dolorosamente más cruel, para pensar que alguien le ha robado un tiempo, privado e insustituible, que sólo les pertenece a Ramiro y a ella, porque para eso son novios y la ilusión de encontrarse en privado es sólo suya.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;u padre continúa hablando. Por fortuna, en éste nuevo pretérito de su memoria las mujeres han pasado de momento a un segundo plano y Ramiro recibe lo que don Antón –“sabio no por demonio, sino por viejo”, como bien dice el refranero popular, que es ancho como Castilla- considera una lección magistral de política española:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-...y ahí los tienes hoy en día. En cuanto el Caudillo, cuya memoria guarde Dios muchos años, ha dejado libres las riendas de éste noble caballo que es España, salen de sus agujeros como los escarabajos de la tierra después de la tormenta. Antes eran republicanos de postín; ahora, demócratas liberales. ¡Sólo Dios sabe qué serán mañana, cuando éste país termine de irse a hacer puñetas!.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; través del ojo imaginario de la mente, Maruja recuerda que mira a su padre de reojo, con respeto contenido, no exento de educado temor. Sus sentimientos se acumulan, mezclados y en completo desorden, como las bolas de la suerte en el bombo impredecible de la Lotería Nacional, que tanto ilusiona y decepciona a los españoles. Trata de justificarlo y en su descargo piensa que vivió una guerra fratricida en la que los hermanos luchaban contra los hermanos y los padres contra los hijos. No está completamente segura, pero por las pocas referencias oídas a su madre, sabe que el Alzamiento de julio de 1936 le sorprendió en Africa siendo apenas un muchacho que, obligado como todo hijo de vecino, cambió el arado con el que a duras penas arañaba la tórrida tierra aragonesa de Los Monegros, por el fusil y la arena ardiente del desierto saharaui, cuyos yacimientos de fosfatos tantos ríos de sangre española habían vertido, y no sólo en el tristemente célebre Barranco del Lobo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ólo vio a Franco en dos ocasiones: cuando les arengó con sobrehumana determinación, horas antes de cruzar el Estrecho para comenzar la reconquista de la Península y en el Desfile de la Victoria, una vez “cautivo y desarmado el ejército rojo...”.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;iensa que tal vez fueran aquéllas dos, ocasiones más que suficientes como para suponer que en su mentalidad legionaria se formara la visión mesiánica del héroe nacional y conservador por antonomasia. Esas, o quizá aquélla otra, sin duda más desafortunada y de doloroso recuerdo, en la que una bala republicana –“¡y una leche disparada al azar!”-, le pasó a escasos centímetros del corazón, en uno de los duros combates librados en el frente de Guadalajara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Ya lo decía Serrano Súñer, -recuerda que añade don Antón, ebriamente nostálgico: “Rusia es culpable”. Sí, muchacho. ¡Qué cojones teníamos los de la División Azul!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aruja continúa recordando, y tal y como si lo estuviera viviendo por segunda vez, frente a ella aparecen los restos de la botella de vino, que se desvanecen en el paladar de su padre, mucho antes incluso de que se agoste el turbio río de los recuerdos que vadea su alma con monótona languidez, como afirman los versos de Verlaine que sirvieron de contraseña para el desembarco Aliado en Normandía:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#cc9933;"&gt;“Rusia es cuestión de un día&lt;br /&gt;para nuestra infantería,&lt;br /&gt;pero acabaremos antes,&lt;br /&gt;gracias a los antitanques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenemos que recorrer&lt;br /&gt;mil kilómetros andando,&lt;br /&gt;para luego demostrar&lt;br /&gt;lo que llevamos colgando...”.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Lo que llevamos colgando..., -continúa hablando don Antón, dejando de cantar, mientras sus ojos, lacrimosos y enrojecidos, miran con nostalgia mal contenida hacia un desierto blanco, los nombres de cuyas ciudades –Novgorod, Leningrado, Vilna, Stalingrado– aún campean alrededor de su alma como lobos hambrientos al acecho de un rebaño de ovejas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;urante un momento, infinitesimalmente pequeño pero crucial, los ojos de Ramiro se encuentran con los suyos y Maruja, acongojada, descubre una inquieta súplica en ellos: “¡haz algo, por favor!”, parecen querer decirla. Pero cuando lo intenta, doña Remedios le da una patadita en el tobillo, que a punto está de hacerla soltar un grito. Maruja comprende y calla, humillando la cabeza como los toros antes de entrar a matar, mirando avergonzada hacia el suelo, incapaz siquiera de decir ésta boca es mía.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;on Antón continúa hablando. De su boca, pastosa y caliente cuál fumarola de un volcán a punto de entrar en erupción, surge un torbellino incontrolado de anécdotas, que atraviesan los oídos de Ramiro y se posan en su cerebro como el polvo en el suelo después de sacudir una alfombra.&lt;br /&gt;Doña Remedios, cruzando las manos sobre su regazo, parece rezar, encomendándose a todos los santos, incluso a aquél que está considerado como el patrón de los imposibles y al que se suele acudir para pedir por las causas sin aparente remedio o de muy difícil solución.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué sabéis vosotros, los jóvenes de ahora, sobre el honor y el sacrificio?. El general Agustín Muñoz Grandes. Ese sí que fue un héroe de la cabeza a los pies. Ya lo era en 1925, cuando participó en la batalla de Alhucemas. Y en octubre de 1934, cuando siendo segundo oficial de Franco, reprendió como Dios manda a los mineros huelguistas asturianos. Y durante la guerra, como comandante de la IV Brigada Navarra. Y más tarde en Rusia, luchando contra los malditos bolcheviques. Esos mismos que se llevaron todo el oro del Banco de España, dejándonos sin un puto duro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;alla durante unos segundos para tomar aliento y Maruja reza porque Ramiro aproveche la ocasión, se levante, se disculpe y se marche manteniendo su orgullo a salvo y su educación lo suficientemente intacta como para dejar la puerta abierta y poder volver otro día a visitarla. Pero Ramiro titubea, concediéndole una nueva tregua y don Antón recupera otra vez su química extroversión, de la que el vino tiene toda la culpa, y vuelve otra vez a la carga con fuerzas renovadas:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Sólo conozco a otro hombre que tenía lo que hay que tener para sacar brillo de un triste y opaco pedazo de hulla: don Santiago Bernabéu. Gracias a él, el Real Madrid es lo que es hoy día: el mejor club del mundo...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;s llegados a éste punto, cuando Ramiro asiste a la presentación deportiva del espíritu de don Antón: madridista y forofo arrogante –dominguero empedernido, de los de bocadillo debajo del brazo, puro en ristre y bota de vino colgada al hombro-, que vive cada partido futbolístico con idéntica intensidad, cuando no más, a como saborea las corridas de toros, rindiendo culto a la sangre que tiñe de rojo la arena y a los despojos sanguinolentos que cuelgan del pecho de los toreros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Regueiro, Rial, Di Stéfano, Didí, Puskas..., -dice, contando con los dedos de la mano, donde un vistazo, siquiera superficial para no herir su susceptibilidad, basta para apreciar unos callos más duros que el cemento armado y unas uñas ennegrecidas y bronceadas por la nicotina de los cigarrillos sin boquilla: seis Copas de Europa, dieciséis títulos de Liga, seis Copas de España y una Copa Intercontinental...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-1686148884464965275?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/1686148884464965275/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-5.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1686148884464965275'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1686148884464965275'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-5.html' title='Capítulo: 5'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-3544214642745618901</id><published>2009-10-20T09:04:00.002+02:00</published><updated>2009-10-20T09:07:04.083+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 4</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 4&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ffcc00;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a primera vez que paseó del brazo de Ramiro, luciendo éste su impecable uniforme militar, se sintió tan orgullosa, que poco faltó para que estallaran las cenefas de su vestido de tan henchido como tenía el pecho, bastante desarrollado por obra y arte de la naturaleza. No era la primera vez que pensaba en el parecido tan increíble que tenían Ramiro y ese fantástico actor norteamericano protagonista de la película Lo que el viento se llevó, que había tenido la oportunidad de ver en el cine hacía años. ¿Cómo se llamaba?. ¿Gary Cooper?. No, algo así como Clark. ¡Eso es!. ¡Clark Gable!. Se parecían tanto, en su opinión, que si los ponían a los dos, uno junto al otro, sería muy difícil averiguar quién era quién.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ffcc33;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;unque era invierno, aquélla mañana de domingo lucía un sol tan hermoso y agradable, que invitaba a pasear aunque no se tuvieran ganas. Seguramente por eso, los aledaños del Estanque del Retiro se hallaban tan frecuentados por los madrileños. Había, también, muchos quintos como Ramiro, que se pavoneaban orgullosos, sin duda influenciados por el carisma que representaba lucir con desenvoltura un uniforme militar. Se podían ver de todas las armas y colores: el uniforme azul de los hombres de Aviación; el blanco de la Marina; el beige de los cuerpos de Tierra. Incluso el verde aperlado de los cuerpos africanos de la Legión, con su chaquetilla corta, las botas de media caña y el gorro sobre el que se balanceaba alegremente una borla de color rojo que, cuando perdía toda inercia y se quedaba quieta, le llegaba al hombre hasta la punta de la nariz, como si fuera un moscardón que sobre ella se hubiera posado. Algunos llevaban los botones superiores de la camisa desabrochados, mostrando con banal prepotencia el vello ensortijado de su pecho. Una conducta propia, en su opinión, de la fanfarria típica de los novios de la muerte, que defendían a ultranza los últimos restos de colonialismo español en Africa.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ffcc33;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;esultaba impresionante verlos, todo hay que decirlo. Pero Maruja no tenía dudas en cuanto a que no cambiaría a Ramiro por ninguno de ellos. Su Ramiro, fuera de toda especulación, era decididamente especial. Eso era algo de lo que sus jefes se habían dado cuenta a tiempo, destinándole a oficinas. Afortunadamente, aquélla circunstancia contaba además con la ventaja implícita de que estaba rebajado de guardias, si se exceptuaba el hecho de tener que realizar una cada quince días para cumplir con el protocolo.Siendo natural de Madrid, pronto le darían el pase pernocta, con el que podría comer y dormir en casa todos los días que no tuviera servicio. “Y es que Ramiro es tan especial -no se cansa de repetirse a sí misma-, que tiene suerte hasta para eso”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-3544214642745618901?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/3544214642745618901/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-4.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/3544214642745618901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/3544214642745618901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-4.html' title='Capítulo 4'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-2379906853387363847</id><published>2009-10-19T14:17:00.002+02:00</published><updated>2009-10-19T14:20:22.654+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 3</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 3&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uesta creer la buena suerte que ha tenido Ramiro al recibir el despacho con la notificación oficial de destino y Maruja casi llora de alegría al saber que lo va a tener tan cerca de casa. Junto a La Maestranza, escondido en la calle Granada y paralelo a la Avenida de la Ciudad de Barcelona, existe un pequeño acuartelamiento que recibe el nombre de Parque Central de Automóviles. Y aunque huelga especificarlo, pertenece al arma de Automovilismo del Ejército de Tierra. El primer sorprendido, no obstante, es Ramiro, que no termina de creer en su propia suerte, pues supone con acierto que tendrá opciones de sacarse el carnet de conducir –incluido el primera especial- sin tener que desprenderse de un solo duro de su bolsillo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;al circunstancia, por otra parte, le reporta interesantes perspectivas de futuro y no puede disimular su alegría cuando lo comenta con ella. Es evidente que, una vez licenciado, siempre le ha de quedar la opción de presentarse a cualquier empresa de transportes y solicitar un puesto seguro de conductor, con su sueldo a fin de mes y sus pagas correspondientes, sus vacaciones y su sacrosanta seguridad social. Eso ya es motivo más que suficiente para que en lo más profundo de su corazón, Maruja sienta que se acerca un paso más hacia ese sagrado altar con el que sueña y coqueta, como mujer que es, al fin y al cabo, se relama anticipadamente con el vestido de novia. De blanco, naturalmente, como manda la tradición y como se casó su madre y antes que ella, su abuela, y remontándose mucho más allá en el tiempo, la madre de ésta. Inmaculada e intacta, por supuesto: ¿qué hombre, en su sano juicio, se casaría con una mujer que hubiera perdido su virginidad antes de la noche de bodas?.No puede evitar estremecerse cuando piensa en ello y siente que sus mejillas se encienden como una hoguera en la noche de San Juan. Mantiene tan fresco en su memoria el sentimiento de cosquilleo que experimenta cada vez que Ramiro la abraza y besa sus labios, que se pregunta, ilusionada, qué intenso éxtasis no será aquél que habrá de venir después de la consumación carnal del matrimonio. Tentada está de preguntárselo a su madre, pero conociéndola, desiste inmediatamente, suponiendo que no sería de buena educación hablar de un tema considerado tabú. Pero piensa que, a pesar de todo, no debe de ser un pecado tan mortal cuando la gente lo hace, aunque por educación no hable demasiado de ello en público.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-2379906853387363847?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/2379906853387363847/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-3.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2379906853387363847'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2379906853387363847'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-3.html' title='Capítulo 3'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-7654732080503166790</id><published>2009-10-08T09:13:00.002+02:00</published><updated>2009-10-08T09:17:45.738+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 2</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 2&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;asi se desmaya de alegría cuando sus manos rasgan cuidadosamente el sobre que acaba de entregarle en mano el cartero y cuyo remite, escrito en letras romanas de una pulcritud esmerada, pone textualmente:&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc9933;"&gt;C.I.R. Nº3&lt;br /&gt;CAMPAMENTO DE SANTA ANA&lt;br /&gt;CACERES&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;parte de sus detalles amorosos, lo que más admira en Ramiro es su esmerada caligrafía. Perfectamente legible, proporcionada y sin una sola falta de ortografía, le define –en su opinión- como a un hombre cuidadoso y seguro de sí mismo, capaz de afrontar la vida con decisión y valentía. En contra de los comentarios de muchos quintos ultrajados, jamás ha escuchado pronunciar a Ramiro una palabra mal sonante con relación al estamento castrense, por lo que ella, acordándose de las palabras de su padre, no duda de ninguna de las maneras que el Ejército es una escuela de formación de hombres de provecho, que harán más grande, aún si cabe, a éste histórico país que tanta sangre ha costado levantar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;amiro pertenece al octavo y último reemplazo, aquél que se incorpora a filas a finales de noviembre y en su carta anuncia la posibilidad de pasar las navidades en Madrid. Asevera, también, que todos los comentarios coinciden en definir la fecha del 30 de diciembre como el día señalado para el solemne acto de la jura de bandera y anticipa el porcentaje tan elevado de posibilidades que tiene de ser destinado a cualquier acuartelamiento de la capital. Esta es, sin duda, la mejor noticia que le puede dar e imagina, en su mente, excelentes perspectivas que, a pesar del romanticismo implícito de una mujer enamorada, no descartan, en absoluto, el acto hermoso y sagrado de pasar por la vicaría y cambiar el hasta entonces rutinario rumbo de su vida.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;amiro reseña también, que en la sabana cacereña donde se encuentran las instalaciones del Centro de Instrucción de Reclutas de Santa Ana, hace un frío que traspasa el calcio de los huesos, haciendo tiritar al más pintado. Por tal motivo, en su opinión la instrucción que reciben todos días poco después del toque de diana, viene a ser como una especie de linimento natural para entrar en calor y desentumecer los músculos. Siendo recluta, todavía no sabe lo que son las guardias; pero un simple vistazo a los compañeros veteranos que se refugian en las garitas intentando confundirse con la cal que cubre los ladrillos, le basta para suponer lo poco agradable que debe resultar que le hagan a uno ser centinela en invierno.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aruja se estremece involuntariamente y continúa leyendo la carta con exhorbitada avidez. Su piedad –supone, entonces- tiene una vertiente completamente egoísta por la suerte de su amado. Siendo un muchacho tan fino, imagina, estremeciéndose, sus aristocráticas manos ulceradas por la dura instrucción con el arma y sus labios agrietados, brillantes por la barra de cacao que, espera, de todo corazón, haya tenido la oportuna precaución de comprar en alguna farmacia durante los días de visita a Cáceres capital que, según le cuenta, suelen ser, única y exclusivamente,  los fines de semana.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;scribe unas líneas más abajo, que la comida es abundante –dos platos y postre- y aunque tiene un cierto regusto a bromuro, su apetito es tan infame, que deja los platos tan inmaculados y relucientes, que se podría volver a comer en ellos sin necesidad de que pasen otra vez por el fregadero.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; media mañana todos esperan, con ansiosa glotonería, la calandraca: una barrita de pan con una o dos lonchas de chope, mortadela o jamón de york, que les hacen sentirse como en casa y les ayuda a continuar la instrucción con el ánimo más templado.&lt;br /&gt;“¡Qué exagerado es mi Ramiro!”, piensa Maruja, sonriendo con ternura, para murmurar a continuación: “pero está bien; está muy bien que no pierda el apetito. Eso es algo muy importante cuando se está lejos de casa”.Cuando llega la hora de la despedida, lee que Ramiro la envía un fuerte beso, e inmediatamente imagina que lo tiene allí mismo, a escasos centímetros de ella, estrechándola suavemente de la cintura, bebiendo de sus labios como un pajarito en un charco de lluvia recién caída.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-7654732080503166790?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/7654732080503166790/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-2.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7654732080503166790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7654732080503166790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-2.html' title='Capítulo 2'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-7227628693568613981</id><published>2009-10-07T08:28:00.002+02:00</published><updated>2009-10-07T08:35:36.888+02:00</updated><title type='text'>Cuéntame qué os pasó</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Preámbulo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;cudió a mi consulta recomendada por un viejo amigo de la Facultad, con el que me unía una estrecha amistad desde que éramos niños. Aunque no era la primera persona que me enviaba, enseguida supe, por su aspecto, que aquélla mujer no iba a ser un caso fácil de tratar. Como psicólogo de cierta experiencia comprendí, apenas comenzó a relatarme los pormenores de su historia, que tenía entre las manos un caso de difícil solución.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l aspecto físico que mostraba era, en mi opinión, el espejo que evidenciaba el infierno particular por el que atravesaba su alma. Infierno del que, por otra parte, tenía la plena seguridad de que no sería capaz de aliviar con mis consejos profesionales ni tampoco recetándole una panacea química de revolucionaria actualidad como es el prozac.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;umbada sobre el confortable diván, permanecía con las manos cruzadas sobre el pecho, y en un desliz de mi imaginación, se me antojó lo más parecido a la visión de un cadáver que hubiera contemplado jamás, si exceptuamos el de mi padre, cuyo sudario blanco apenas dejaba entrever una cara pálida y manida por el dolor de la terrible enfermedad que había acabado con su vida a una edad relativamente joven.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a mujer –respondía al nombre de Maruja-, aún tardó algunos minutos en olvidar sus reticencias iniciales frente a un desconocido, aunque se tratara de un doctor. Aún así, teniendo plena constancia de lo angustioso que la resultaba liberarse de su historia, supuse que la mejor manera de ganar su confianza consistía en utilizar las armas de la paciencia. Y de hecho, tal decisión fue la acertada, aunque todavía se tomó su tiempo, imagino que calculando los pros y los contras.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;abiendo sido convenientemente prevenido por mi amigo, cancelé todas mis citas por la mañana, de manera que disponía de tiempo más que suficiente para escuchar y sacar las pertinentes conclusiones.He aquí, fielmente reflejado, lo que se ocultaba en lo más profundo de su corazón, común –me consta-, a un porcentaje muy elevado de mujeres españolas:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;Capítulo 1&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;penas la quedan remedios para disimular los moratones que la noche anterior la ha producido el macho hispánico con el que tuvo la desventura de casarse, ¿hacía cuánto tiempo?, tal vez un siglo, justamente lo que para ella representaban aquellos catorce años de insoportable brutalidad doméstica. Bueno, para ser honestos, piensa mientras el roce de su dedo en el labio deja escapar una gotita de sangre que inmediatamente lame con la punta de la lengua, podía sustraerle el primero y apelando con nostalgia a la poca cantidad de sentimientos que aún mantiene latentes, sin saber muy bien por qué, en su destrozado corazón, buena parte del segundo. Sí, lo recordaba perfectamente. Fue a mediados de marzo, cuando la Semana Santa estaba a la vuelta de la esquina y Ramiro se quedó sin trabajo. Así por las buenas. Tal circunstancia obligaba a pensar que no era extraño, entonces, que hubiera perdido los nervios y la pusiera una mano encima por primera vez, consiguiendo que la bofetada, seca y a bocajarro, sonara en su cara con el mismo efecto que el restallido de un trueno. Por desgracia, el tiempo todavía no estaba lo suficientemente asentado y en la calle, aunque lucía el sol, granizaba con fuerza, de modo que era prácticamente imposible que alguien hubiera escuchado el grito que escapó de su boca, sin duda motivado por la sorpresa de una acción que desde luego no esperaba.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;s posible, no obstante, que algún vecino hubiera escuchado la palabra “perra” y que no le diera mucha importancia en aquél momento, porque Ramiro y ella habían formado un matrimonio ejemplar hasta entonces y aún gozaban de la estimable consideración de los vecinos, incluido el portero del inmueble, que constantemente se deshacía en elogios hacia la buena educación de su marido, al que calificaba, sin ambages, de perfecto caballero.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e hecho, Ramiro había estudiado en un colegio de curas y aunque era católico, pero no practicante –al menos, que ella supiera, desde su matrimonio no había vuelto a poner los pies en una iglesia-, se persignaba todas las noches antes de acostarse, como justificándose ante Dios de lo que venía a continuación.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ra precisamente eso, “lo que venía a continuación”, lo que había conseguido que Maruja recordara el interés que de joven había sentido por la Filosofía y aquél pequeño párrafo de Schopenhauer que aún continuaba subrayado en un pequeño libro de tapas rojas y florituras doradas, de época, grabadas a mano, que conservaba en casa de sus padres, convenientemente oculto debajo del colchón de su cama.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;unque no recordaba el párrafo original, sí tenía muy claro, desde luego, que Schopenhauer venía a decir, más o menos, que una persona desesperada es aquélla que ha perdido el miedo y también la esperanza. Y de alguna manera, debía de tener razón, porque ella ya no tenía miedo a los golpes y la esperanza hacía muchos años que había volado, alejándose más y más, como aquéllas oscuras golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer, que jamás retornaron a Sevilla, aunque al poeta poco le importara tal detalle después de muerto y enterrado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or supuesto, Ramiro volvió a encontrar trabajo –no es de extrañar que España continúe siendo por excelencia el país de los funcionarios y los representantes-, aunque tal eventualidad no había cambiado para nada el veneno que supuraba de lo más profundo de su ser. Vampiro y víctima, ella hasta entonces no se había planteado la posibilidad de una honrosa separación que pusiera fin de una vez por todas a su dramática situación.&lt;br /&gt;¡En qué cabeza cabe!.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;riada a ultranza en la España católica y tradicional del culto a Santiago Matamoros y el invicto Caudillo, hasta su propia madre no se cansaba de repetirle, una vez y otra, que el matrimonio es un constante tira y afloja, en el que hay que soportar carros y carretas por el bien de la unidad familiar, aunque siempre se quedaba corta –Maruja no sabía muy bien por qué- a la hora de añadir: “y el qué dirán”, que tenía una importancia primordial en cuanto a la vergüenza se refiere. Porque en toda sociedad siempre hay gente que tiene algo que decir, sea o no de su incumbencia; entienda o no del tema.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;esulta evidente, así mismo, que su padre era un hombre tan español y encastado como los demás y hasta alguna vez le había levantado la mano a su madre. En una ocasión, incluso, la había arrojado a la cabeza un plato de lentejas que estaban frías –según él-, y si no la alcanzó, fue tan sólo por una simple cuestión de puntería o porque un ángel que pasaba casualmente por allí se llevó la peor parte, desviando el tiro lo suficiente como para que se estrellara contra el aparador que soportaba el aparato de televisión, así como el florero más feo que había visto en toda su vida. Pero siempre hacían las paces en la intimidad del lecho marital y a la mañana siguiente el sol volvía a brillar para los dos: su padre se marchaba a trabajar, temprano, como todas la mañanas y su madre se quedaba en casa, ocupándose meritoriamente de sus labores sin jornal, hacendosa, sumisa y pulcra como la habían enseñado a ser cuando apenas era una niña y la liberación de la mujer era un tópico tan inalcanzable, como ver las huellas de las botas de un astronauta sobre la árida superficie del planeta Marte.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;amiro a veces se olvidaba de pegarla, pero Maruja temía mucho más esa circunstancia que cuando entraba por la puerta de casa, la miraba con el rostro ceñudo y sin un ápice de sentimiento, la abofeteaba brutalmente hasta partirle el labio y ver la sangre brotar. Era entonces, a juzgar por el brillo homicida de sus ojos, cuando algo decididamente extraño cruzaba por el interior de su mente, excitándole hasta tal punto, que retorciéndola el brazo sin pasar por poco el punto crítico de dislocarle el hombro, la arrastraba hacia el dormitorio y consumaba “lo que solía venir a continuación” cuando se persignaba por las noches y apagaba la luz de la habitación, como si en el fondo deseara que la oscuridad sirviera de parapeto a todas sus miserias humanas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e todas formas, hacía años que Maruja sentía lo mismo que si la hubieran sometido a una operación de ablación de clítoris, como se suele hacer con las mujeres en algunos países africanos herederos de tradiciones descabelladas. Es decir, completamente nada. Su único recurso consistía en mirar al techo, inmune por completo a los jadeos entrecortados de Ramiro y rezar a Dios porque se derramara pronto y se durmiera, poniendo punto y final a la pesadilla por esa noche. Y es que, pensaba, el mundo continuaba siendo tan hipócrita, que a la gente no le importaba tildar de bárbaros a unos y callar ante los abusos crueles e injustificados de otros, hipotéticamente más civilizados y democráticos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l carnicero del mercado, sin ir más lejos, no perdía ocasión alguna de vanagloriarse ante las clientas como un pavo real, perjurando que en su casa era él, y sólo él, quien llevaba los pantalones; y para justificar que así era, en efecto, desmenuzaba las chuletas con tal fuerza, que no era la primera vez que Maruja tenía frente a sus ojos la terrorífica visión del hacha del verdugo abatiéndose sobre el noble cuello de Ana Bolena, satisfaciendo así el orgullo herido - ¡vaya usted a saber por qué y por quién!- del rey Enrique VIII. Imaginaba que si la hubiera tocado vivir en ese oscuro medievo europeo, sus días habrían terminado dolorosamente en la hoguera acusada de bruja. Precisamente esa era la otra palabra que solía dedicarle Ramiro cuando llegaba a casa con ganas de desahogar su frustración con ella, a falta de poder hacerlo con un perro, un gato o incluso un inocente canario, fácil de herir y torturar. Sin embargo, cuando entraba por la puerta sin decir nada, pasando a su lado como si ella no existiese, Maruja se sentía tan condenadamente mal, que encontraba mucho más valor en esas cosas repugnantes que en ocasiones la gente pisa por las calles y que se ven recompensadas, siquiera, con una maldición después de restregarse la suela de los zapatos contra el borde de la acera.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os silencios de Ramiro resultaban tenebrosos, profundos y desconocidos como esas aguas abismales en las que habitan extrañas criaturas, poco o nada conocidas por los biólogos marinos, tan orgullosos de sus precisos instrumentos científicos capaces de clasificar hasta lo inclasificable.&lt;br /&gt;Eran silencios cargados de desprecio, que apenas se veían perturbados por su deglutir cuando ambos se sentaban a la mesa a comer. Ella solía levantar la mirada del plato de sopa, sólo para cerciorarse de que todo estuviera perfecto y a él no le faltara nada, aunque solía encontrar siempre cualquier excusa para sacarse una falta de donde no la había y mortificarla con ella. Tanto era así, que no podía evitar, que incluso aquéllas cucharadas que lentamente se llevaba a la boca, soplando para no quemarse el paladar, tuvieran un rotundo y desagradable sabor a limosna.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués del café, cuando Ramiro se marchaba otra vez a trabajar y ella se quedaba quizás menos sola que estando él en casa, Maruja fregaba los platos. Los dejaba tan relucientes, que una vez aclarados, su rostro se reflejaba en la porcelana como si de un lustroso espejo se tratara.&lt;br /&gt;Mujer de rasgos agraciados en su juventud, el rostro de la Maruja que la mira con silenciosa imparcialidad desde ese otro universo espejiforme y onírico, bien pudiera ser, en el presente, uno de los modelos utilizados por Francisco de Goya y Mucientes en el pasado como parte de su negra visión de la España apocalíptica de esa época. O también, por qué no, el rostro de un ser perverso y desnaturalizado, digno ejemplar de la cámara de los horrores de cualquier museo de cera del mundo, incluido el de Madame Tousseau, que tanta fama adquiriera en las postrimerías del siglo XIX.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os pómulos pronunciados, que una vez habían estado ocultos por la abundante marea de la carne, parecen ahora peñones muertos por debajo de unos faros cuya luz yace enterrada para siempre en el limbo infinito del recuerdo. Los labios, antaño frescos como la fruta madura, producen la desagradable impresión de ser una delgada línea, dibujada apresuradamente por un delineante cansado de fijarse en los pequeños detalles e incapaz de utilizar otro color que no sea el negro funerario de la tinta china.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or otra parte, el carmín es un artículo prescindible, banal y prohibido, así como la peluquería y otros entrañables menesteres que rinden culto a la femineidad y que para Ramiro no representan otra cosa que la intención implícita de buscar fuera lo que él sobradamente tiene para dar en casa y con lo que cualquier mujer, excepto ella, “que es una desagradecida”, se sentiría completamente satisfecha. Tal vez por eso, las canas que se adivinan en su cabello, no signifiquen otra cosa que vetas de plata sin quilates de valor por las que ningún joyero en su sano juicio se avendría a pagar nunca una miserable peseta.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc9933;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;u mente, todavía lúcida y objetiva a pesar de los bofetones, aún recuerda secuencias aleccionadoras de tiempos mejores que, aunque en pretérito, curiosamente la hacen llegar a su nariz señales con intenso y agradable olor a nostalgia...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-7227628693568613981?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/7227628693568613981/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/cuentame-que-os-paso.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7227628693568613981'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7227628693568613981'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/cuentame-que-os-paso.html' title='Cuéntame qué os pasó'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-1108166731788011410</id><published>2009-10-06T09:56:00.002+02:00</published><updated>2009-10-06T10:09:03.569+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 11: Regreso triunfal</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;apítulo 11: &lt;span style="font-size:180%;"&gt;R&lt;/span&gt;egreso triunfal&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ada hay más extraño, desconcertante y difícil de comprender que una aventura mágica, donde las cosas suceden, sin que nunca se sepa cómo ni por qué. Por eso, cuando la pavorosa serpiente Jumara quedó completamente inmóvil, con la cabeza mortalmente herida por el afilado cuchillo de Kata Juta y éste perdió el conocimiento como consecuencia del esfuerzo realizado, además del golpe recibido en la caída, apenas se sorprendió cuando, al recobrar otra vez el conocimiento, se despertó en la cueva. Bujari, que se encontraba arrodillada junto a él, le daba palmaditas en la mejilla, intentando desesperada que abriera los ojos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Dónde estoy?. ¿Qué ha pasado?, -preguntó, incorporándose con cierta dificultad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari le explicó entonces todo cuanto había sucedido. Por lo menos, todo aquello que se refiere al enfrentamiento con Jumara, porque no era capaz de comprender cómo habían regresado a la cueva, como tampoco había comprendido cómo habían salido de ella, llegando hasta el desierto. A ese respecto, sólo recordaba un repentino resplandor anaranjado y un segundo después el desierto desapareció, encontrándose otra vez en el interior de la cueva, precisamente en el mismo lugar frente al altar donde se encontraba el Boomerang Mágico.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ata Juta, recuperado, observó a su alrededor. Aparte de los bunyips –aunque su aspecto continuaba produciéndole escalofríos, su temor hacia ellos se había mitigado-, había tres nuevos personajes, cuyas peculiares características le hizo preguntarse quiénes serían. También vestían unas curiosas túnicas, similares a las que utilizaban los bunyips, aunque de color dorado. Uno era un niño de corta edad; otro un hombre adulto, y el tercero, un anciano en cuyas manos, arrugadas y temblorosas, se podía apreciar un largo cayado confeccionado con una rama de eucalipto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;F&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ue éste último quién habló en primer lugar, con una voz ronca y débil, diciendo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Soy el Donante de Tiempo del Pasado.&lt;br /&gt;-Yo soy el Donante de Tiempo del Presente, -dijo el hombre adulto.&lt;br /&gt;-Y yo soy el Donante de Tiempo del Futuro, -se presentó a continuación el niño.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués, dijeron los tres al unísono:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-El tiempo no tiene importancia. Sólo la vida es importante. Tu deseo ha sido cumplido. El Pasado se ha corregido, modificando el Presente y ofreciendo una nueva oportunidad al Futuro. La fuerza del amor, añadida a tu valor lo han conseguido. Ahora podéis marchar en paz.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uele ocurrir que cuando se regresa de un viaje, desandando el camino ya conocido, éste, por alguna curiosa razón, parece generalmente más corto. Por lo menos así se lo pareció a Kata Juta y a Bujari, cuando un buen día, después de dejar atrás Ulurú, las Montañas Azules y el gran Desierto Rojo, se encontraron en las cercanías del poblado Anangu.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;o se hacían preguntas con respecto a la facultad que tenían los bunyips y los Donantes de Tiempo de aparecer y desaparecer a voluntad, como si fuera la cosa más natural del mundo, porque comprendían que eso era un misterio de la Magia de los Dioses, y estos guardaban celosamente sus secretos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ampoco esperaba Kata Juta ser recibido como un héroe en el poblado, ni siquiera teniendo un pensamiento vanidoso –todo el mundo lo tiene alguna vez-, pues al fin y al cabo era un ser humano. Y había aprendido que ser humano significaba aceptarse uno mismo tal  y como se es, con sus virtudes y sus defectos; con su entrega y su solidaridad.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e sentía feliz, inmensamente feliz cuando abrazó a Lungkata y comprobó que éste se hallaba completamente recuperado. Es más, ni siquiera recordaba haber sido mordido por una hormiga ungwatafungi, faltando muy poco para que durmiera el Sueño de los Dioses.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or supuesto, Bujari fue homenajeada también. En realidad, Kata Juta no dejaba de reconocer que, de no haber sido por su ayuda, posiblemente él no hubiera conseguido llevar a feliz término su misión. Pero había algo más. Algo maravilloso que había ido germinando en su corazón, con la misma intensidad a como las raíces de un árbol se agarran a la tierra.&lt;br /&gt;Pero claro, eso forma parte de otra historia, cuya pista se encuentra en los profundos lazos que a partir de entonces unieron a los pueblos Anangu y Warramungu.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt; F I N&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-1108166731788011410?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/1108166731788011410/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-11-regreso-triunfal.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1108166731788011410'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1108166731788011410'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-11-regreso-triunfal.html' title='Capítulo 11: Regreso triunfal'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-989213847971882078</id><published>2009-10-05T08:55:00.003+02:00</published><updated>2009-10-05T09:02:40.870+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 10: El Boomerang Mágico</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;l &lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;oomerang &lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;ágico&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;lgo que Kata Juta no podía siquiera imaginar, era el hecho de que los bunyips habitaran en cuevas, por mucho que le costara llegar a creer que, dada su elevada estatura, entraran por la pequeña galería que habían descubierto ellos con la ayuda de Luluba. Supuso, aún medio paralizado por el miedo, que debía de existir alguna otra entrada secreta que a ellos les había pasado inadvertida y que posiblemente se encontraba al otro lado de la montaña. Tampoco se imaginaba que pudieran ser tantos, ni que su rostro fuera tan espantoso; posiblemente mucho más espantoso de lo que los relatos de los mayores aseguraban. Permanecían todos muy unidos, aunque en grupos de tres –tal y como había visto en la pintura de la roca y como afirmaban los ancianos que solían hacer cuando abandonaban su territorio-, y todos, sin excepción, vestían unos extraños atuendos que les cubría por completo el cuerpo, desde los hombros a los pies. Estos no se les veían. Dicho atuendo era de color blanco, de manera que, vistos así, al resplandor azul verdoso que predominaba en la caverna, daban un aspecto mucho más siniestro todavía si cabe, porque los hacía parecer auténticos fantasmas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari tenía unas sensaciones parecidas, y como Kata Juta, permanecía completamente inmóvil, sin atreverse siquiera a dar un solo paso. La única que no parecía tener ningún temor, era Luluba, que daba saltitos a su alrededor, mirándoles a ellos y a los bunyips, como si esperara que cualquiera de ellos dijera o hiciera algo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n otras circunstancias, Kata Juta hubiera pensado que tales demostraciones de confianza podían dar a entender que a lo mejor, en el fondo, los bunyips no eran los seres tan terribles que todo el mundo imaginaba. Pero mirándolos de cerca, no podía dejar de sentirse atemorizado por ellos. Sobre todo porque aquellos ojos azules, sin cejas ni pestañas, les observaban con tal fijeza e intensidad, que comenzaban a sentir una repentina sensación de sueño.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;rimero fue Bujari quien se desvaneció, cayendo sobre la mullida alfombra de arena de la cueva. Luego, apenas unos segundos después, la acompañó Kata Juta, dejándose caer al lado de ella. Cuando despertaron, ninguno de los dos sabía cuánto tiempo habían estado dormidos, aunque ambos coincidían en que no habían tenido sueños. Al menos, no se acordaban de ello. Después, cuando volvieron a darse cuenta de que aún estaban en la cueva, miraron nerviosos a su alrededor. Pero a excepción de Luluba, que saltaba alegremente de uno a otro, lamiéndoles la cara cuando les vio despiertos, no había señal alguna de los bunyips.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Lo habremos soñado todo?, -comentó Kata Juta, frotándose los ojos, deseando con todas sus fuerzas que así fuera.&lt;br /&gt;-Ven, acerquémonos al altar, -dijo Bujari, cogiéndole de la mano y tirando con fuerza de él.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l agua estaba helada, de manera que cruzaron el río corriendo para escapar cuanto antes de la sensación de frío, salpicando involuntariamente a Luluba que, dando un pequeño grito de sorpresa, se quedó en la orilla observándoles con atención, aunque disgustada por un baño de agua fría que no esperaba.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e madera desgastada por el tiempo –Kata Juta esperaba que un objeto tan importante fuera algo de aspecto reluciente y maravilloso, como algunas piedras de color amarillo y muy brillantes que se encontraban en los lechos de los ríos-, el Boomerang Mágico tenía la forma inequívoca de un canguro en actitud de saltar. Aunque cubierto casi por completo de polvo y alguna que otra telaraña, aún se podían distinguir los colores originales ocres y naranjas con los que había sido pintado al principio de los tiempos, cuando los Wondjinas decidieron dárselo a su antepasado Adanee para que le sirviera de arma con la que defenderse y de herramienta de caza para alimentarse.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si no fuera por el color, -comentó Kata Juta, pensativo-, diría que es una réplica perfecta de Luluba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;o bien terminó de decir estas palabras, adelantando la mano hacia el boomerang para hacerse con él, cuando un bunyip, materializándose delante de él –apareció con la velocidad con la que una imagen se refleja en un espejo-, le sujetó fuertemente por la muñeca, impidiéndoselo. Bujari chilló asustada. Pero cuanto intentó ayudar a Kata Juta, se vio también atrapada. Ambos forcejearon, intentando liberarse sin conseguirlo. A pesar de la extrema delgadez, el bunyip tenía una fuerza descomunal, y sus manos estaban tan frías como un témpano de hielo. Cuando se cansaron de forcejear, sintiendo prácticamente dormidas las muñecas, el bunyip, sin dejar de mirarles, les liberó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Soy el custodio del Boomerang Mágico, -dijo, sin apenas mover los labios, con una voz que parecía surgida, no de su garganta –que hubiera sido lo más normal entre seres normales-, sino de lo más profundo de su estómago, pues sonaba como un eco lejano. Robar va contra la Ley.&lt;br /&gt;-No somos ladrones, -contestó Kata Juta, frotándose la muñeca, dolorido.&lt;br /&gt;-Si no sois ladrones, -continuó diciendo el bunyip-, ¿por qué pretendéis llevaros algo que no os pertenece?.&lt;br /&gt;-Lo necesitamos para salvarle la vida a un amigo que se muere, -dijo Kata Juta, explicándole a continuación todos los pormenores de la tragedia de Lungkata, así como las aventuras y los peligros que habían tenido que hacer frente durante el viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l bunyip guardó silencio durante unos instantes, mientras Kata Juta, nervioso, miraba alternativamente a Bujari y al Boomerang Mágico, pensando que aunque estaba tan cerca de él, la presencia del bunyip lo hacía prácticamente inalcanzable. Por fin, cuando estaba a punto de perder los nervios por la prolongada espera, la voz del bunyip volvió a sonar con su tono cavernoso, diciendo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Puede que vuestras intenciones sean honestas, pero aún así, no se puede utilizar el Boomerang Mágico sin haber pasado antes la Prueba del Valor.&lt;br /&gt;Kata Juta y Bujari intercambiaron una mirada, aunque no hicieron ningún comentario, porque el bunyip continuó explicándoles:&lt;br /&gt;-Es el propio Boomerang Mágico quien decide quién es digno de utilizar sus poderes y quién no. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si estáis dispuestos a afrontar la prueba, debéis arrodillaros junto al altar y extender vuestras manos, sin llegar a tocarlo.&lt;br /&gt;Ambos así lo hicieron.&lt;br /&gt;-Es muy importante que sepáis, -dijo el bunyip, que permanecía situado detrás de ellos-, que los poderes del Boomerang Mágico conocen perfectamente cuáles son vuestros miedos y temores, por mucho que intentéis ocultarlos en lo más profundo del corazón. Sabiendo esto, ¿estáis dispuestos a continuar?.&lt;br /&gt;-Sí, -respondieron Kata Juta y Bujari al unísono, sin dudarlo un segundo.&lt;br /&gt;-En ese caso, repetid conmigo: norte, sur, este y oeste; los puntos cardinales aparecen y desaparecen.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aciendo lo que el bunyip les había dicho, Kata Juta y Bujari repitieron las palabras, observando con mucha atención. Al principio no pasó nada. El Boomerang Mágico continuaba en su sitio, completamente inanimado, mientras ellos, de rodillas frente a él, comenzaban a sentir cansancio en los brazos, motivado por el tiempo que llevaban estirados. Después, cuando sintieron los primeros pinchazos en las yemas de los dedos y estaban a punto de bajarlos, el Boomerang Mágico, sin que nadie lo tocará, se movió.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;on lentitud al principio, el maravilloso objeto fue liberándose de la capa de polvo y de las telarañas que lo cubrían, ascendiendo en el aire más y más a medida que los giros iban adquiriendo velocidad. El sonido que producía –parecido al zumbido de las abejas cuando están enfurecidas-, comenzaba a ser más fuerte, también, llegando a un punto en que era lo único que Kata Juta y Bujari podían oír. Entonces, cuando pensaban que se iban a quedar sordos, pues realmente el sonido llegó a ser insoportable, algo extraordinario sucedió...&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde estamos?, -preguntó Kata Juta, completamente desorientado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;esorientada, también, aunque quizás no tanto como Kata Juta, Bujari contestó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No estoy segura, pero creo que hemos vuelto otra vez a los límites del desierto...&lt;br /&gt;-¡No puede ser!, -dijo Kata Juta, confuso. ¿Cómo hemos podido volver otra vez aquí?. ¿Y el Boomerang Mágico?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari no dijo nada. Después, encogiéndose de hombros, comentó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Los designios de los Dioses son imprevisibles...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n efecto, parecían los límites del desierto que se extendía hasta las inmediaciones de la montaña Ulurú, salvo con la diferencia de que el cielo tenía un extraño color violáceo y el sol era completamente blanco. Ningún sonido se escuchaba, ni siquiera una brisa de viento, por débil que ésta fuera. Las nubes, sin embargo, numerosas y de diferentes formas y tamaños, tenían unos tintes grisáceos que se volvían plateados cuando pasaban por debajo del sol.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Y ahora qué hacemos?, -preguntó Bujari, nerviosa, observando a Kata Juta con atención.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ste no dijo nada. En realidad, no sabía qué decir y tampoco qué hacer, salvo recorrer por segunda vez el camino hacia la montaña sagrada, por muy cansino que eso les resultara. Cuando así se lo dijo, estando a punto de iniciar la marcha, una terrible aparición se materializó frente a ellos, haciéndoles sobrecoger de espanto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;J&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;umara, la terrible serpiente, estaba delante de ellos, alzándose sobre su voluminoso vientre, preparada para atacarles. Sus ojos, profundamente negros como ciertas zonas de su escamosa piel, los miraban con perversa intensidad, mientras abría y cerraba la boca, mostrando su lengua bífida y unos colmillos tan grandes y afilados como un cuchillo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Atrás!, -dijo Kata Juta, protegiendo instintivamente a Bujari con su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;abía sacado el cuchillo de hueso, empuñándolo con determinación, decidido a vender muy cara sus vidas. Puede que Jumara no esperara esa reacción, acostumbrada como estaba a que sus víctimas se quedaran paralizadas de miedo en cuanto la veían y eso las impidiera luchar y defenderse. Cuando por fin se decidió a moverse, lo hizo volteando la cabeza hacia un lado y a otro, con rápidos movimientos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Corre, Bujari!, -dijo Kara Juta, echándose hacia atrás, mientras intentaba defenderse con el cuchillo, aunque veía, desesperado, como la enorme serpiente evitaba todas sus estocadas y éstas sólo alcanzaban al aire.&lt;br /&gt;-¡Cuidado, Kata Juta!, -chilló Bujari, aterrorizada, cuando vio que éste tropezaba, cayéndose de espaldas, quedando a merced de la bestia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari corrió en su ayuda, pero cuando quiso llegar hasta donde Kata Juta había caído, observó boquiabierta como éste saltaba en el momento en el que la pavorosa cabeza de la serpiente bajaba hacia él, con la boca muy abierta. Llevándose las manos a la boca, fue testigo, estupefacta, del prodigioso salto de Kata Juta, quien, abrazado a la pavorosa cabeza de la serpiente, le hundía una y otra vez el cuchillo. Bujara, herida de muerte, lanzaba estremecedores alaridos mientras ladeaba la cabeza con furia, intentando liberarse del abrazo de Kata Juta. Lo consiguió cuando, ya casi sin fuerzas, se derrumbó en el suelo, levantando verdaderas nubes de arena con la cola. Kata Juta cayó algunos metros más allá, rodando por la arena como un matorral arrastrado por el viento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Kata Juta!, -gritó Bujari, corriendo hacia él.&lt;br /&gt;-¿Lo hemos conseguido?, -logró articular éste, poco antes de perder el conocimiento.Sí, Kata Juta, -dijo Bujari. Lo hemos conseguido...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-989213847971882078?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/989213847971882078/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-10-el-boomerang-magico.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/989213847971882078'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/989213847971882078'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/10/capitulo-10-el-boomerang-magico.html' title='Capítulo 10: El Boomerang Mágico'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-3960338785393374827</id><published>2009-09-25T08:07:00.002+02:00</published><updated>2009-09-25T08:11:22.695+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 9: Ulurú</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;lurú&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;lurú, la Montaña Sagrada de los Dioses, situada en mitad de un llano circundante donde alternaban los arbustos espinosos con los robles del desierto y las dunas de arena, parecía, por su forma oval, el torso de un gigante cuyo cuerpo permanecía profundamente enterrado en la tierra. Verla allí, solitaria y a merced de los elementos, imponía un respeto más que sagrado. Sobre todo cuando, a medida que los rayos del sol incidían sobre ella, las paredes de la roca que la formaban iban cambiando de color, adquiriendo connotaciones a cuál de ellas más hermosa y espectacular: naranjas, rojos, amarillos, violetas y grises.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uperada con éxito la aventura vivida con los yowies,  se enfrentaban ahora a la difícil tarea de encontrar –buscando, bien en la cima de la montaña sagrada, bien en lo más profundo de sus innumerables cuevas y recovecos-, el Boomerang Mágico, cuyos poderes habrían de salvar a Lungkata de una muerte segura y volver a restaurar la tranquilidad y la armonía en el poblado de los Anangu.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l viento que soplaba, arrastraba con él remolinos de arena, que vistos sobre la cima, parecían fantasmas inquietos cuya misión fuera alejar de sus inmediaciones a todos los intrusos. Según le había explicado Bujari, en las paredes de las cuevas los Grandes Antepasados –aquellos que habían habitado el territorio muchas generaciones antes de que ellos nacieran-, habían dejado toda clase de pistas y señales, a modo de pinturas y grabados en las rocas, que explicaban todos los misterios de su vida. De manera que, según su opinión, sólo había que saber interpretar las pinturas adecuadas, para llegar hasta el lugar donde se encontraba oculto el Boomerang Mágico.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n opinión de Kata Juta, Ulurú era un lugar de lo más extraño. A excepción del viento, que soplaba más y más fuerte a medida que seguían uno de los senderos de ascenso por su ladera norte, ningún otro sonido alteraba la solitaria paz de aquella montaña que, por su incalculable antigüedad, debía de ser la madre de todas las montañas. Sentía –aunque se guardó mucho de comentárselo a Bujari, más que nada para no inquietarla-, que aquella inmensa roca despedía unas vibraciones tan especiales, que alejaba a cualquier ser vivo que en ella tuviera la intención de instalarse.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando llegaron a la primera de las cuevas que encontraron en su camino, Luluba se escondió en lo más profundo de la bolsa, sin duda amedrentada por la absoluta oscuridad que se adivinaba con solo echar un vistazo a la entrada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Será mejor que me esperéis aquí, mientras miro en el interior, -dijo Kata Juta, decidido a no seguir la marcha, sin antes asegurarse de que no dejaba atrás ninguna posible pista que le llevara hasta el Boomerang Mágico.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na vez en su interior, Kata Juta pudo comprobar que no se trataba en realidad de una cueva, sino más bien de un agujero en la roca, que no tenía absolutamente nada en su interior, a excepción de numerosos guijarros y arena. Procurando no desanimarse ante aquél primer fracaso, salió otra vez al exterior, apagando la improvisada antorcha que había encendido frotando entre sí dos pedernales.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;El&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; viento, que parecía empeñado en obstaculizar su marcha, levantaba más y más remolinos de arena según iban ascendiendo, por lo que hubo un momento en el que no tuvieron más remedio que cogerse de la mano para no extraviarse. Kata Juta marchaba delante, protegiéndose el rostro con la mano que le quedaba libre, para que la arena no le entrara en los ojos. Después, cuando pensaban que iban a ser definitivamente engullidos por los remolinos de arena, el viento cesó de repente, como por arte de magia. De todas formas, resultara extraño o no, ambos sintieron un gran alivio.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;erca de la cima, descubrieron una roca cuyos grabados, aparte de inquietantes, les ofrecieron una pista sobre el posible paradero del Boomerang Mágico. Resultaban inquietantes, porque representaban a unos extraños seres, muy altos y muy delgados, con grandes y extrañas cabezas. Había tres, muy juntos, y sus manos señalaban hacia un lugar que parecía un altar sobre el que descansaba un objeto. El problema estaba en que esa parte de la pintura, es posible que por el tiempo transcurrido a la intemperie, se había borrado y el objeto en sí, apenas se apreciaba, pudiendo ser cualquier cosa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No hay duda de que son bunyips, -dijo Bujari, estremeciéndose involuntariamente con solo mencionar su nombre.&lt;br /&gt;-Sí, eso mismo creo yo, -comentó Kata Juta, añadiendo a continuación: parece que señalan en esa dirección.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari miró hacia donde indicaba Kata Juta, pero, aparte de ciertos arbustos, solo se apreciaba una pared de roca tan lisa, que ni siquiera las mujeres Warramungu –famosas en todo el territorio por ser unas hábiles trepadoras-, se atreverían a escalar sin ayuda.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Tal vez la roca se haya movido con el tiempo y señalara en dirección a la cima, -aventuró Kata Juta, temeroso de no poder seguir la pista que habían encontrado.&lt;br /&gt;-No sé, no sé, -dijo Bujari, meditabunda, apoyando sus manos en la barbilla, intentando encontrar una solución.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;I&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ba a proponer Kata Juta que continuaran ascendiendo –aún les faltaba un buen trecho para alcanzar la cima-, cuando Luluba, saltando de la bolsa, se introdujo entre los matorrales, sin darles tiempo siquiera a intentar detenerla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Pero a dónde ha ido?, -preguntó Kata Juta, disponiéndose a seguirla, temiendo que pudiera hacerse daño con las espinas de los matorrales o, ¿por qué no?, meterse en algún lío.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a cabeza de Luluba asomó entonces de entre los matorrales para, una vez conseguida la atención de Kata Juta y Bujari, volver a desaparecer detrás de ellos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Creo que Luluba ha encontrado la entrada a otra cueva y quiere que la sigmaos, -dijo Bujari, animándose repentinamente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;V&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aliéndose de los cuchillos, Kata Juta y Bujari cortaron los arbustos descubriendo que, efectivamente, estos ocultaban la entrada a una cueva. No era una entrada muy alta, de manera que, después de encender la antorcha, tuvieron que reptar para penetrar en su interior. Cuando lo hicieron, se dieron cuenta de que afuera el viento volvía a soplar otra vez con fuerza, formando remolinos que arrastraban grandes cantidades de arena. Por un momento, se alegraron de haber podido escapar a tiempo, pues la arena, al golpear en la piel, producía arañazos y heridas muy desagradables y ambos pensaban que ya habían tenido bastante.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;asi arrastrándose, siguieron la galería durante un rato, alertados por los ruidos, parecidos a estornudos, que hacía Luluba marchando delante de ellos. Luego, cuando comenzaban a sentir cansancio, la galería daba un brusco giro a la derecha, desembocando en una caverna de dimensiones impresionantes. Apagaron la antorcha, pues la caverna estaba iluminada por una curiosa luz verde azulada, que les permitía verla en toda su extensión, a excepción del techo, por lo que consideraron que éste debía tener una altura considerable.Un pequeño río subterráneo discurría a sus pies, rodeando lo que parecía un islote de arena, donde crecían algunas plantas que ninguno de ellos había visto jamás. Allí, depositado encima de un altar de piedra, había un objeto prodigioso cuya visión les llenó de alegría. Se trataba de un boomerang, sin lugar a dudas, aunque su forma difería mucho de las tradicionales, ya que representaba, fielmente tallados, los rasgos de un canguro. Pero, cuando se disponían a cruzar el río para llegar a la isla y hacerse con él, su júbilo se transformó en miedo, al descubrir, en contra de lo que pensaban hasta entonces, que no estaban solos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-3960338785393374827?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/3960338785393374827/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-9-uluru.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/3960338785393374827'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/3960338785393374827'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-9-uluru.html' title='Capítulo 9: Ulurú'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-4929533559361113404</id><published>2009-09-23T08:50:00.002+02:00</published><updated>2009-09-23T08:54:50.364+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 8: Las Montañas Azules</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;as &lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;ontañas &lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;zules&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na neblina azulada rodeaba las cimas más altas de las Montañas Azules, procedente de los eucaliptos gigantes que crecían en los bosques aledaños, dotándolas de un aspecto majestuoso, pero también sobrecogedor. Después de la experiencia de la noche anterior con las misteriosas luces Min-Min, Kata Juta se preguntaba qué extrañas y desconocidas criaturas habitarían allí, y qué peligro supondrían para ellos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e detuvieron a descansar en un pequeño lago, alimentado por el agua limpia de una cascada que descendía de lo más alto de un impresionante desfiladero, donde aprovecharon para bañarse y quitarse el polvo del desierto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;o hicieron por turnos, extremando las precauciones, ya que, cuando estaban a punto de abandonar el desierto, descubrieron unas huellas en la arena, que indicaban claramente el paso de una serpiente de grandes dimensiones por allí. Así fue, poco más o menos de casualidad, como averiguaron que la pérfida serpiente Jumara les estaba siguiendo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No me lo explico, -comentó Bujari, preocupada. O bien Jumara perdió nuestro rastro durante la noche, o bien se nos ha adelantado para tendernos una emboscada en el momento en el que menos lo esperemos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or eso, mientras Bujari nadada en las tranquilas aguas del lago, Kata Juta permanecía de guardia, empuñando firmemente una lanza rudimentaria que se había confeccionado con una rama de eucalipto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Luluba no parecía gustarle demasiado el agua, de manera que chilló y pataleó como una loca cuando Bujari la lavó en la orilla, pues parecía una bola marrón a consecuencia del polvo del camino que había entrado por la abertura principal de la bolsa. El enfado le duró un buen rato, durante el cual no se acercó a Bujari, a pesar de que ésta la tentaba, ofreciéndola manojos de hierba fresca que seleccionaba cuidadosamente.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando nadaba en el lago, siendo reemplazado en la guardia por Bujari, un gran pez rozó los pies de Kata Juta, quien, lejos de asustarse, pensó inmediatamente en el voluminoso wanajee, y en la forma tradicional que su pueblo adoptivo, los Anangu, utilizaba para capturarlo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“¡Lo que daría por un buen filete de wanajee asado!”, -se dijo para sí mismo, mientras nadaba lentamente hacia la orilla, ya que no quería entretenerse por si Jumara decidía aprovechar el momento para atacarles.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando salió del agua, se quedó un rato de pie al sol para secarse, mientras Bujari aprovechaba –una vez que había hecho las paces con Luluba-, para recolectar raíces y frutos, aunque sin apartarse del lugar donde Kata Juta tenía la lanza dispuesta para defenderse de cualquier ataque. Contemplando las plácidas aguas del lago y la belleza de los bosques que lo rodeaban, éste no pudo evitar pensar en lo agradable que resultaría vivir en un lugar así. Se dijo que no le importaría hacerlo, quedándose allí para siempre. Pero su mente, inquieta, le mostró la imagen del pobre Lungkata, inerme y marchitándose como una flor en el desierto, y aquél pensamiento le hizo volver a la realidad de la misión que lo había llevado hasta allí.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ecordó entonces el Boomerang Mágico. ¿Y si no lograba encontrarlo?. También existía la posibilidad de que lo encontrara demasiado tarde y no pudiera hacer nada por Lungkata, aunque si era cierto lo que decían las leyendas, posiblemente los Donantes de Tiempo pudieran poner remedio también a aquélla otra situación. Los más ancianos de la tribu, decían que perder el optimismo era la forma más directa que existía de darle la bienvenida al fracaso. De manera que decidió no permitir que eso ocurriera con él, y se hizo a sí mismo la promesa de que, ocurriera lo que ocurriera en adelante, nunca más volvería a pensar en fracasar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;an ensimismado había estado pensando, que no se dio cuenta de que Bujari –a la que había estado viendo hasta aquél preciso momento-, no aparecía ahora por ninguna parte. También Luluba parecía haberse dado cuenta, pues permanecía muy quieta a su lado, con las orejas tiesas, como si escuchara con mucha atención.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n detalle que le hizo estremecer, fue precisamente ese: en un lugar repleto de vida como era aquél, no escuchar ningún sonido era motivo más que suficiente para preocuparse. Incluso el aire, que antes soplaba agitando las ramas de los árboles, parecía haberse detenido también.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Bujari!, -gritó varias veces, haciendo bocina con las manos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo no obtuvo respuesta, cogió angustiado la lanza, dirigiéndose hacia el lugar donde Bujari había estado recolectando raíces, frutos y cuantas cosas comestibles considerara que habrían de necesitar. Allí encontró la bolsa, tirada en el suelo y algunas raíces desparramadas alrededor. Entonces, no tuvo duda de que algo no marchaba bien. Pensó en Jumara y se estremeció. Empuñó la lanza aún más fuerte, si cabe, y corrió mirando en todas direcciones.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;staba a punto de dejarse caer, agotado por el esfuerzo de la carrera, cuando creyó oír un grito. Aguzó el oído durante unos instantes, pero no volvió a escucharlo. Miró en la dirección de donde había creído que procedía, y pudo comprobar que en aquélla zona el bosque se hacía más tupido e impenetrable debido a la densa vegetación. Sin dudarlo, se encaminó hacia allí, sin importarle los arañazos en brazos y piernas provocados por los arbustos y espinos que encontraba en su camino.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ncontró a Bujari en un claro del bosque, maniatada con lianas y su cinta del pelo anudada alrededor de la boca para que no pudiera gritar. Estaba completamente rodeada por media docena de yowies. Supo que eran ellos, porque tenían todo el cuerpo cubierto de pelo, incluso la cara, a excepción de la frente, los ojos, la nariz y la boca. Su aspecto era feroz, pero a juzgar por la forma que tenían de moverse –encorvados-, Kata Juta supuso que no debían de ser muy rápidos. Todos iban armados con grandes garrotes, que levantaban por encima de su cabeza, dándoles un aspecto feroz y muy agresivo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ensó que él solo, aunque estuviera armado con la lanza, no sería capaz de amedrentarlos, por lo que se le ocurrió regresar a donde había quedado tirada la bolsa de Bujari y coger el paquete maloliente que, según ella, tenía la virtud de atraer a los murciélagos. Pero no fue necesario. Sin poder dar crédito a sus ojos, observó cómo la pequeña Luluba arrastraba la bolsa con los dientes, haciendo verdaderos esfuerzos, ya que ésta era el doble de grande que ella.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ata Juta hubiera querido gritar de alegría, pero no lo hizo por temor a que los yowies pudieran descubrirlos. Dando una palmadita cariñosa en la cabeza de Luluba –lo cierto es que hubiera querido besarla-, buscó en el interior de la bolsa hasta encontrar el paquete. Aún antes de desenvolverlo, el olor le resultó tan espantoso, que a punto estuvo de vomitar. Se trataba de una masa pegajosa, de un intenso color rojizo, que le hizo dudar de que pudiera ser atractiva incluso para unos seres tan especiales como los murciélagos. Pero como confiaba en lo que le había dicho Bujari, cogió pequeños puñados con las manos, que lanzó hacia donde se encontraban los yowies.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l principio no pasó absolutamente nada. Los yowies continuaban danzando alrededor de Bujari, con las mazas levantadas por encima de sus cabezas, como si quisieran golpearla con ellas, mientras sus gargantas proferían unos sonidos guturales, que Kata Juta no podía entender. &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uego, al cabo de unos momentos que a éste se le hicieron eternos, comenzaron a olisquear el aire, sin duda preguntándose qué era aquello que olía tan mal.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;esconcertados por el olor, el grupo de yowies pareció olvidarse momentáneamente de Bujari, dándola la espalda y mirando nerviosos en todas direcciones, agitando las mazas amenazadoramente. Kata Juta los observaba divertido, esperando una oportunidad para liberar a Bujari, pero a pesar de que la atención de los yowies se centraba en averiguar de dónde procedía aquél repentino y nauseabundo olor, ninguno de ellos se alejaba lo suficiente como para que éste pudiera llegar hasta ella y ayudarla a escapar, liberándola de sus ataduras.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando parecía que todo estaba perdido y los yowies volvían a centrar su atención en la muchacha, Kata Juta escuchó un furioso aleteo por encima de su cabeza, acompañado de un estridente concierto de chillidos. Al levantar la vista hacia el cielo, pudo ver una impresionante bandada de murciélagos –los había de todos los tamaños, siendo los más grandes de una estatura aproximada a la de Luluba-, que se dirigía derecha hacia el lugar donde estaban los yowies. Cuando éstos los vieron, corrieron despavoridos, tirando las mazas en el suelo. Kata Juta sabía que no podía desaprovechar aquélla oportunidad, de manera que abandonó su improvisado escondite y corrió hacia donde estaba Bujari, que estiraba y encogía las piernas intentando liberarse.Vamos, Bujari, -dijo Kata Juta, cortando las ligaduras con el cuchillo. Hemos de marcharnos antes de que a los yowies se les pase el susto y regresen a buscarte.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-4929533559361113404?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/4929533559361113404/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-8-las-montanas-azules.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4929533559361113404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4929533559361113404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-8-las-montanas-azules.html' title='Capítulo 8: Las Montañas Azules'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-7641902663901974620</id><published>2009-09-22T08:32:00.002+02:00</published><updated>2009-09-22T08:38:48.777+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 7: El Desierto Rojo</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;l &lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;esierto &lt;span style="font-size:180%;"&gt;R&lt;/span&gt;ojo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;lamado así por el intenso color rojizo de su suelo, el Desierto Rojo era una árida región de tierra que se extendía a lo largo y a lo ancho de cientos de kilómetros cuadrados, como un mar infinito que no tuviera principio ni final. A primera vista, Kata Juta pensó que ninguna criatura estaría tan loca como para atreverse a vivir en un lugar tan inhóspito y desolado como aquél y mucho menos aventurarse a atravesarlo, aunque tuviera las mejores razones del mundo para hacerlo, como en su caso.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e vez en cuando se cruzaban con algún arbusto espinoso. Pero una simple ojeada a sus ramas, delgadas y arqueadas hacia abajo, le indicaban claramente que ni siquiera los seres más habituados para aguantar las condiciones más extremas podían sentirse a gusto viviendo en semejante lugar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“¿Por qué los Dioses habrán querido que existan lugares como éste?”, -se preguntó, mirando de reojo a Bujari, que caminaba en silencio junto a él.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;O&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;bservándola así, a hurtadillas para no herir su sensibilidad, Kata Juta no dejaba de admirar la fuerza y la valentía de la muchacha. Caminaba muy erguida, como si fuera una reina, sin que un quejido saliera de su boca. Pero eso no era todo. También cargaba con la bolsa de provisiones, en la que había preparado un pequeño habitáculo para Luluba, cuya cabecita apenas se dejaba ver, seguramente por el temor que sentía al observar la desolación por la que estaban atravesando.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n varias ocasiones se ofreció para cargar con la bolsa, pero Bujari se negó rotundamente, alegando que aquélla era una responsabilidad específica de la mujer, de modo que Kata Juta decidió no insistir más –al menos por el momento-, para no ofenderla, sabiendo que la distribución de tareas entre hombres y mujeres era un tema que todas las tribus respetaban como si se tratara de una ley.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Pronto llegaremos al Refugio, -comentó Bujari, acariciando la cabecita de Luluba, que acababa de asomar de la bolsa en cuanto la oyó hablar.&lt;br /&gt;-¿El Refugio?, -repitió Kata Juta, observándola con interés.&lt;br /&gt;-El Refugio es un oasis que descubrió mi pueblo hace mucho tiempo, cuando se dedicaba a explorar el territorio -explicó Bujari. Allí podremos pasar la noche y reponer fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;I&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;mposible de saber cuánto tiempo llevaban caminando, llegaron, por fin, a un pequeño oasis, cuya existencia parecía tan fuera de lugar, como ver a un cocodrilo subido en la rama de un árbol. Para entonces, el sol comenzaba a declinar, ocultándose a lo lejos en el horizonte, descendiendo también la temperatura.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No es ningún espejismo, -confirmó Bujari, divertida, cuando observó la cara de incredulidad de Kata Juta. Aunque no te lo creas, no es el único oasis que existe por la zona. En realidad, hay dos más, que sepamos. Pero se encuentran en otra dirección, a muchos kilómetros de distancia.&lt;br /&gt;-Es...es fantástico, -sólo acertó a decir Kata Juta, tumbándose a la sombra de una palmera.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e no haber sido por la experiencia de Bujari, él bien hubiera podido pasar de largo sin verlo, pues se trataba de un oasis tan pequeño, que apenas lo formaban una docena de palmeras rojas, a las que rodeaban varios tipos diferentes de matorrales. Aproximadamente en la mitad del oasis, había un pequeño pozo, cuyas aguas, de un intenso color amarronado, brotaban como por arte de magia de una invisible fuente subterránea.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Por desgracia, son aguas salobres, no aptas para beber, -dijo Bujari, dejando la bolsa en el suelo, desde la que saltó alegremente Luluba, revolcándose por la arena, tumbándose a continuación entre medias de Kata Juta y Bujari.&lt;br /&gt;-Aún así, -dijo éste, frotándose las castigadas plantas de los pies-, parece increíble encontrar agua en un sitio como éste.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari no dijo nada, pensando en todas las sorpresas que le quedaban aún a Kata Juta por descubrir.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omieron sin decir palabra –sobre todo Kata Juta, que estaba hambriento-, iluminados por la luz que les proporcionaba una pequeña hoguera, alimentada con arbustos que habían recogido por los alrededores. Salvo por el ocasional crepitar de las llamas y los grititos de Luluba, que no dejaba de juguetear alrededor de ellos, el silencio era tan impresionante, que Kata Juta, reprimiendo un escalofrío, comentó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Cuánto tiempo crees que tardaremos en llegar a la montaña Ulurú?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari se encongió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Está a unas horas de marcha de las Montañas Azules. Si no tenemos ningún percance, podemos alcanzar éstas mañana al mediodía.&lt;br /&gt;-¿Por qué habríamos de tener percances?, -preguntó Kata Juta, mirándola con desconfianza, pero también con interés.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari aún tardó unos segundos en contestar. Pero antes de hacerlo, miró a Kata Juta, preguntándose cómo le afectaría aquello que iba a decirle, pensando si sería capaz de continuar la marcha, una vez que lo supiera.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-El territorio que rodea la montaña sagrada de Ulurú, es uno de los más hermosos de cuantos conozco. Pero también es muy peligroso. Está habitado por toda clase de seres extraños, y no me refiero sólo a los aterradores bunyips...&lt;br /&gt;-¿Crees que existen seres más peligrosos que ellos?, -quiso saber Kata Juta, estremeciéndose involuntariamente.&lt;br /&gt;-Oh, sí, -contestó Bujari, muy seria. Allí habitan arientas y luritchas, que son unos seres espantosos, mitad humanos y mitad animales. Y también los yowies, hombres con aspecto de mono, muy combativos y crueles. Mi pueblo los conoce muy bien...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari le relató entonces las guerras que sus antepasados mantuvieron con estas criaturas, sobre todo con los yowies –cuyas incursiones eran de lo más sangriento, especialmente para las mujeres y los niños, a quienes raptaban y nunca más se les volvía a ver-, hasta que consiguieron expulsarlos de su territorio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Pero hace mucho tiempo que no se les ve…&lt;br /&gt;-Puede que se hayan marchado a otra parte, -aventuró a decir Kata Juta.&lt;br /&gt;-No, -contestó Bujari, rechazando la sugerencia con un movimiento de las manos. No lo creo. Pero por si acaso, he traído algo que los ahuyenta como las mandíbulas de un cocodrilo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;icho esto, metió la mano en la bolsa, rebuscando en su interior. Después de unos segundos de revolver el contenido, sacó un pequeño paquete, hecho de hojas de palma cuidadosamente enrolladas. Cuando lo acercó a la nariz de Kata Juta, éste echó inmediatamente la cabeza hacia atrás, diciendo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Uf, qué asco!. ¿Qué es eso, que huele tan mal?.&lt;br /&gt;-Es una papilla que se hace con las bayas machacadas de una planta que crece en los pantanos, -explicó Bujari, no pudiendo contener la risa. Nadie sabe exactamente por qué, pero su olor atrae a los murciélagos…&lt;br /&gt;-¿Y qué tiene eso que ver con los yowies?, -preguntó Kata Juta, respirando aliviado cuando Bujari volvió a guardar el hediondo paquete en la bolsa.&lt;br /&gt;-Los yowies son seres muy supersticiosos, -explicó. Creen que los murciélagos, como tienen la costumbre de dormir de día y volar de noche, son espíritus malignos.&lt;br /&gt;-¡Bah, eso son tonterías!, -dijo él, acostándose en el suelo, donde se quedó dormido al instante.&lt;br /&gt;-No lo son…, -dijo Bujari, en voz baja, acostándose también.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ientras tanto, el fuego se fue apagando poco a poco, hasta que de las brasas sólo escapó un hilillo de humo. La luz de la luna se reflejaba en el agua del pozo, como si se estuviera mirando en un espejo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;rofundamente dormidos como estaban, Kata Juta y Bujari no hubieran visto las extrañas luces que bailaban a toda velocidad por encima de las palmeras, de no ser por los gritos de terror de Luluba.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;as luces, tres en total, emitían un extraño sonido, muy parecido al que hacían las abejas al volar. Su color era intenso, aunque diferente: una era completamente blanca; otra, completamente roja, y la tercera –la más bonita de las tres-, parecía un pequeño arcoiris, pues cambiaba de color constantemente. De tal modo, que unas veces era blanca, otras azul, otras naranja y otras verde. Parecía que danzaban alrededor del oasis, bajando hasta la superficie del agua y ascendiendo a continuación a toda velocidad.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués de observarlas un largo rato, Kata Juta hizo ademán de levantarse, pero Bujari se lo impidió, sujetándole del brazo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Son Min-Min, -dijo, apenas en un susurro. Es mejor estarse quieto.&lt;br /&gt;-¿Pero qué son?, -preguntó Kata Juta, también susurrando.&lt;br /&gt;-Nadie lo sabe. Mi pueblo cree que son los mensajeros de los Dioses y que les avisan cuando alguien se acerca a su territorio. Si nos estamos quietos, no tardarán en marcharse y dejarnos en paz.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari tenía razón. Las misteriosas Min-Min no tardaron en alejarse, perdiéndose entre las estrellas, hasta que sólo fueron un puntito más en el cielo de la noche.Después de eso, Kata Juta no volvió a dormirse. Luluba, que permanecía recostada contra su pecho, tampoco. Sólo Bujari, más acostumbrada a ver aquél tipo de cosas, volvió a tumbarse, quedándose profundamente dormida otra vez, como si nada hubiera pasado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-7641902663901974620?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/7641902663901974620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-7-el-desierto-rojo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7641902663901974620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7641902663901974620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-7-el-desierto-rojo.html' title='Capítulo 7: El Desierto Rojo'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-3321717844316462863</id><published>2009-09-21T10:09:00.002+02:00</published><updated>2009-09-21T10:13:28.525+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 6: Bujari</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;ujari&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;E&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;l sol estaba alto en el horizonte, cuando Kata Juta se despertó, bostezando somnoliento, mientras estiraba los entumecidos brazos. Cuando sus ojos se acostumbraron otra vez a la luz, despejando de las retinas las nieblas de la noche anterior, una explosión de color le recibió, aturdiéndole durante unos momentos. Incrédulo ante lo que veía, pensó si no había terminado en el estómago de la monstruosa serpiente, y ahora su alma se encontraba en el Paraíso.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;quél era, sin duda, el lugar más hermoso que había visto en toda su vida. De una extensión considerable, las aguas del lago estaban tan limpias y cristalinas, que se podía ver el fondo, así como numerosas especies de peces que allí nadaban en completa libertad. Hermosos nenúfares, de coronas grandes y colores variados, flotaban suavemente en la corriente, alejándose hacia el centro del lago cuando eran alcanzados por la brisa. A su derecha, en las inmediaciones de una pequeña catarata natural, una pareja de koalas bostezaban perezosos, haciéndose carintoñas con sus peludas extremidades, mientras en las ramas de los árboles, infinidad de aves inundaban el espacio con sus alegres cantos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a cría de canguro, también se levantó de su improvisado camastro de hojas –el canguro es un animal extraordinario, que siempre se acomoda lo mejor posible para dormir, haciendo agujeros en el suelo y rellenándolos de hojas para estar más cómodo-, mirándole con expectación. &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués, cuando Kata Juta se acercó hasta la orilla del lago para beber agua y refrescarse antes de continuar la marcha, ésta le siguió, dando pequeños saltos con sus extremidades inferiores, bebiendo a continuación, tal y como le había visto hacer a él.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ata Juta sonrió divertido y, apoyando ambas manos en las caderas, dijo en voz alta:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Amiguita, si me vas a seguir a todas partes, será mejor que te ponga un nombre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo si hubiera entendido sus palabras, la pequeña cría de canguro movió graciosamente la cola, iniciando un extraño baile alrededor de él, unas veces dando pequeños saltitos y otras haciendo piruetas en la tierra.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Te llamaré Luluba, que en nuestra lengua significa saltarina.&lt;br /&gt;-Es el nombre más estúpido que he oído nunca, -dijo una voz a sus espaldas, sobresaltándoles a ambos.&lt;br /&gt;-¿Quién eres?, -preguntó intrigado Kata Juta, mirando hacia el tronco del árbol donde se ocultaba la persona que había hablado.&lt;br /&gt;-Soy Bujari, -dijo una muchacha, saliendo de su escondite-, y pertenezco a la tribu de los Warramungu.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ujari era un poco más baja que Kata Juta, pero a juzgar por su juventud, debía de tener una edad similar a la suya. Llevaba puesto un sencillo vestido de piel, de cuya cintura pendía un cinto fabricado con lianas, y entremetido entre ambos, la amenazadora forma de un cuchillo de hueso bien afilado. Su piel era tan oscura como la de Kata Juta –un rasgo común a todos los aborígenes australianos-, aunque su nariz era un poco más pequeña y no tenía el cabello tan rizado como él, sino que, por el contrario, lo llevaba muy largo y recogido alrededor de la frente con una tira, también de piel.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Qué clase de cazador eres, que no llevas armas y juegas con los animales?, -preguntó Bujari, mirándole con curiosidad de arriba abajo.&lt;br /&gt;-No soy cazador, -se apresuró a explicar Kata Juta, encogiéndose de hombros. Ni siquiera soy un guerrero. Al menos por el momento…&lt;br /&gt;-¡Oh!, -exclamó ella, llevándose una mano a la boca para ahogar una carcajada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ntonces Kata Juta le contó el motivo de que se encontrara allí, relatándole, con todo lujo de detalles, la terrible aventura que habían vivido con la serpiente pitón. Bujari puso cara de espanto, y mirando temerosa hacia todos lados, dijo en voz muy baja:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Se trata de la malvada Jumara, la Reina de las Serpientes…&lt;br /&gt;-¿Por qué hablas tan bajo?, -preguntó Kata Juta, intrigado, mirando él también en todas direcciones, temiendo ver aparecer a la serpiente de un momento a otro.&lt;br /&gt;-¡Chist!, -dijo ella, llevándose dos dedos a la boca. Es peligroso pronunciar su nombre. Tiene un oído tan fino, que es capaz de escuchar todo lo que se hable a kilómetros de distancia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;unque aquella afirmación le pareció demasiado exagerada –por muy bueno que fuera el oído de Jumara, era imposible pensar que pudiera llegar a tanto, pues ese tipo de virtudes eran exclusivamente de los Dioses-, Kata Juta  decidió que lo mejor sería no hacer ningún comentario al respecto. Sobre todo, porque tenía la impresión de que Bujari, aparte del hecho de ser mujer, parecía de ese tipo de personas a las que no gustaba que se las llevara la contraria.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;lla le explicó que había decidido pasar un tiempo en soledad, porque sus padres pretendían casarla con un guerrero por el que ella no sentía ningún afecto. Seguramente la estuvieran buscando, removiendo cielo y tierra para encontrarla, pero ella era muy hábil ocultando las huellas y no les daría esa oportunidad, hasta el momento en que por propia voluntad decidiera poner fin a aquella situación, que sería cuando el guerrero se cansara de esperarla y eligiera a otra muchacha para casarse con ella.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;se carácter obstinado, le recordó a Kata Juta el suyo propio. Quizás por ese motivo, comenzó a sentir afecto por Bujari, no poniendo impedimento alguno cuando ella le propuso acompañarle hasta Ulurú y ayudarle en su misión.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo a Luluba tampoco parecía caerle mal, dado que se acercaba a ella sin ningún temor, poniéndole incluso la cara en las manos para que la acariciara, y teniendo en cuenta la desenvoltura natural de la muchacha, Kata Juta pensó que había tenido mucha suerte de encontrarla, sobre todo cuando ella propuso compartir las provisiones.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Podemos alcanzar las Montañas Azules en dos días, -dijo Bujari, colgándose del brazo la bolsa de provisiones.&lt;br /&gt;-Ten, -añadió a continuación, entregándole un cuchillo de hueso parecido al que llevaba colgado de la cintura. Necesitarás esto, pues nunca se sabe lo que puede uno encontrarse en el Desierto Rojo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ata Juta protestó, alegando que tenía que volver al sitio donde había dejado sus provisiones y también recuperar la lanza de Lungkata, ya que era el arma preferida de su amigo y estaba seguro de que su pérdida le disgustaría. Pero cambió inmediatamente de parecer, cuando Bujari protestó, afirmando que tal acción sería una imprudencia, porque Jumara era un ser tremendamente rencoroso y estaría al acecho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Te lo creas o no, -advirtió muy seria-, Jumara nunca abandona una presa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ata Juta no dijo nada. Empuñando firmemente el cuchillo que le había regalado Bujari, inició decidido la marcha por la ribera norte del lago, espantando sin querer a una familia de cisnes negros que se había acercado en ese preciso momento hasta la orilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Seremos capaces de atravesar el Desierto Rojo?, -preguntó, volviéndose inquieto hacia Bujari.¡Nunca encontrarás un guía mejor que yo!, -dijo ésta, toda confiada, guiñándole un ojo en señal de complicidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-3321717844316462863?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/3321717844316462863/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-6-bujari.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/3321717844316462863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/3321717844316462863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-6-bujari.html' title='Capítulo 6: Bujari'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-6249959148763500048</id><published>2009-09-17T08:38:00.002+02:00</published><updated>2009-09-17T08:42:20.033+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 5: Camino a lo Desconocido</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;amino a lo &lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;esconocido&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;adie en el poblado se opuso a la decisión de Kata Juta. Ni siquiera el viejo Mani, que cuando no estaba de acuerdo en algo, tenía la costumbre de ladear la cabeza de un lado a otro, con evidentes signos de pesimismo. Mientras tanto, habían trasladado el cuerpo inerte de Lungkata a la choza de Musara, pues si en algo se habían puesto de acuerdo todos, era en la creencia de que no había nadie mejor que él para cuidarlo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ara el largo y peligroso viaje, Kata Juta se había provisto de su mazo tjuni, de la lanza preferida de Lungkata, así como de una pequeña bolsa con agua y provisiones que le había entregado la mujer de Malani, poco después de desearle todo tipo de bendiciones en su viaje.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;asaba del mediodía, cuando Kata Juta abandonó el poblado Anangu, dirigiéndose hacia el norte, tal y como Musara le había indicado que hiciera. El calor era sofocante y el sudor no tardó en aparecer en su rostro, extendiéndose rápidamente por su torso desnudo, aunque Kata Juta apenas se dio cuenta de ese detalle. Espoleado por la necesidad –en su mente no dejaba de ver el cuerpo inerte de Lungkata-, sabía que el tiempo era vital, y no podía desperdiciar ni un minuto, si quería ayudar a su amigo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;onfiando en las indicaciones que le había proporcionado Musara, calculó que el primero de los grandes obstáculos naturales que tenía que salvar en su camino hacia Ulurú, no tardaría en aparecer frente a sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Y &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;en efecto, así fue.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l Bosque de los Eucaliptos Gigantes se extendía frente a él a poca distancia de donde se encontraba, igual que si fuera un providencial oasis perdido en mitad de la desolación de la sabana. Sabía que allí encontraría lugares a la sombra, donde podría protegerse del intenso calor del sol, y encontrar, también, un sitio cómodo para pasar la noche.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l penetrante olor de los frutos de los eucaliptos llegó a su olfato de inmediato, en cuanto puso los pies en las inmediaciones del bosque. Tal y como pensó, había muchos lugares a la sombra donde cobijarse. En algunas partes, los árboles eran tan altos, que sus ramas apenas dejaban vislumbrar los rayos del sol, de tan tupidas como eran las hojas que las  cubrían. Por la posición de éste en el cielo, Kata Juta adivinó que no tardaría mucho en anochecer, de manera que debía apresurarse en encontrar un lugar seguro donde tumbarse a descansar, antes de que la noche se le echara encima.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;o encontró al pie de un eucalipto gigantesco, del que imaginó que debía de ser el patriarca de todos los árboles, dado el enorme grosor de su tronco y su presumible longevidad. Allí sentado, con la espalda apoyada en la corteza del árbol –había dejado la lanza y el mazo tjuni al alcance de la mano, pues hubiera sido una imprudencia no hacerlo de ese modo-, cogió la bolsa de provisiones, dispuesto a reponer fuerzas para la dura jornada que le esperaba al día siguiente.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; juzgar por los distintos sonidos que escuchaba, procedentes de las copas de los árboles, supuso que debían de ser muchas y variadas las especies de aves que habitaban en aquél bosque. Pero de todos los cantos, sobresalía el escandaloso y monótono crack, crack, crack de los cuervos, que en aquél lugar, por una curiosa coincidencia, se veían por bandadas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;unque las aves le parecían unos seres muy interesantes y sobre todo, muy hermosos –le gustaban por encima de todas las demás especies los loros arcoiris, con su  vistoso plumaje de llamativos y variados colores-, detestaba a los cuervos. Le parecían unas aves horrendas, que atraían la mala suerte, con su pelaje tosco y negro, así como por la afición que tenían hacia todo tipo de carroña, de la que se disputaban hasta el último pedazo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No te fíes nunca de los cuervos, Kata Juta –le dijo en una ocasión Lungkata. Son seres miserables y egoístas, que no albergan nunca buenas intenciones, y esperan siempre un descuido para intentar hacerte daño.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ungkata pensaba que con los animales ocurría algo muy parecido al comportamiento de las personas: había seres nobles y otros que, por desgracia, no lo eran tanto. Por eso había que tener siempre mucho cuidado a la hora de confiar en unos y otros. Había que saber elegir, y sobre todo, ser muy prudente en la elección.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ales eran los pensamientos de Kata Juta, cuando escuchó un extraño sonido, que procedía de un lugar cercano a donde se encontraba. Cogiendo la lanza con la rapidez del rayo –no en vano, había practicado mucho en tal sentido-, adoptó inmediatamente una postura de defensa en previsión al ataque de cualquier animal salvaje que estuviera al acecho. El sonido parecía un débil carraspeo –semejante a la tos-, y  según pudo comprobar, procedía de detrás de unos matorrales.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;igeramente encorvado, con la lanza en ristre, Kata Juta se acercó despacio hacia los matorrales. Tenía el ceño fruncido, y observaba desconfiado a su alrededor, sintiendo latir con fuerza su corazón. Entonces, asomando prudentemente la cabeza por encima de los matorrales, su sorpresa no tuvo límites cuando descubrió al causante del sonido que tanto le había perturbado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or su pequeño tamaño y el color gris  de su piel, Kata Juta supo enseguida que se trataba de una cría de canguro. El pelaje blanco de su pecho, indicaba, sin lugar a dudas, que era una hembra. Estaba sola, desamparada, y no se veía rastro de su madre por ninguna parte.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;quello, pensó, constituía un gran misterio. Todo el mundo conocía lo celosas que eran las madres canguro con sus crías, de las que no se separaban un solo instante, hasta el momento en el que podían cuidar de sí mismas. ¿Qué terrible drama había obligado al canguro adulto a abandonar a su pequeña?. Kata Juta supuso que la razón de tal actitud debía de ser muy importante, porque era cierto que ningún animal actúa así con su progenie, y mucho menos una madre.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;o tardó mucho tiempo en averiguar la respuesta. Alertado por un espantoso siseo, descubrió a una enorme serpiente pitón junto al tronco podrido de un árbol, aproximadamente a unos veinte metros de distancia. Tenía una lengua larga y bífida, que asomaba de su enorme cabeza, desde la que unos espantosos ojos, tan negros como la noche, le miraban fijamente con hipnótica malicia. Por el enorme bulto que se apreciaba en su vientre, Kata Juta no tuvo ninguna duda de cuál había sido el triste destino de la mamá canguro. Pero ahora se enfrentaba a un arduo problema. Su instinto le decía que echara a correr, porque aquél peligroso animal tenía un apetito insaciable y estaba a punto de avalanzarse sobre él. Había que ser un excelente cazador, con los nervios de acero, para osar hacer frente a una serpiente pitón de las dimensiones de aquélla, pues los poderosos músculos de sus anillos podían aplastarte en un abrir y cerrar de ojos y su boca engullirle de un bocado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or otra parte, sentía crecer en su interior un dilema moral, con respecto a la suerte de la pequeña cría de canguro: ¿debía dejarla allí, a merced del monstruo o, por el contrario, recogerla y ponerla en lugar seguro?.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;i hacía esto último, tendría que abandonar la lanza de Lungkata y echar a correr con la cría en brazos, sin detenerse siquiera a recoger el mazo tjuni y las provisiones que había dejado al pie del árbol. La serpiente pitón era un animal que se desplazaba con rapidez, arrastrándose con su vientre, y poseía un olfato muy desarrollado. ¿Cuánto podía alejarse de ella, teniendo en cuenta lo cansado que estaba?.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ientras estos pensamientos cruzaban por su mente, el monstruo había erguido aún más la cabeza, disponiéndose a comenzar la persecución, en el supuesto de que su víctima no estuviera paralizada de miedo y echara a correr. Fue en ese preciso instante, cuando Kata Juta no lo dudó ni un segundo más; cogió a la cría en brazos, soltando la lanza, y echó a correr hacia el interior del bosque, sin atreverse siquiera a mirar atrás una sola vez. Posiblemente si lo hubiera hecho, el terror  habría acabado por paralizarle y el destino de ambos hubiera quedado escrito para siempre.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a cría de canguro, al verse sorprendida, gimió desesperada, mientras intentaba liberarse del abrazo de Kata Juta. Este apenas sintió el dolor de los arañazos en su pecho, tan preocupado como estaba de escapar de la serpiente.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ra noche cerrada, aunque había una luna llena lo suficientemente grande como para poder ver con claridad a unos metros de distancia, cuando se detuvo, agotado, en la ribera de lo que parecía una gran extensión de agua. Salvo el lastimero gemido de la cría –que estaba tan asustada o más que él-, apenas se escuchaba nada, a pesar de que el bosque estaba poblado de innumerables criaturas, muchas de ellas de vida esencialmente nocturna.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Y ahora qué hacemos, amiguita?, -comentó, jadeante, depositando al animalito en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo si supiera por instinto que le acababan de salvar la vida, el pequeño canguro se quedó muy quieto en el suelo, junto a Kata Juta. Sus ojos marrones le miraban con curiosidad, ahora que parecía que se había tranquilizado. Este se había dejado caer boca arriba en el suelo, completamente agotado, mirando en silencio las estrellas. Había tantas y eran todas tan hermosas, que no pudo evitar pensar si en alguna parte habría seres como ellos contemplándolas también. Para entonces la cría se había acercado tanto a él, que Kata Juta se vio gratamente sorprendido cuando ésta le lamió la mejilla con la lengua. A pesar de ser áspera al contacto con su piel, aquélla inesperada caricia le hizo recordar, otra vez, cuál era el propósito de su misión y cómo la fidelidad y el cariño le habían arrastrado a semejante aventura.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;abiendo perdido la bolsa de provisiones, de momento sólo le quedaba el consuelo de saber que no morirían de sed y tal vez, al día siguiente, podría encontrar algún alimento que poder llevarse a la boca.&lt;br /&gt;¿Habría cocodrilos escondidos en  las cercanías del lago?, -se preguntó, sintiendo un escalofrío. Pero el terrible cansancio que tenía pudo más que él y no tardó en quedarse dormido, acurrucado en el suelo como si fuera un niño pequeño durmiendo feliz y tranquilo en su cuna de ramas y hojas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-6249959148763500048?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/6249959148763500048/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-5-camino-lo-desconocido.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/6249959148763500048'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/6249959148763500048'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-5-camino-lo-desconocido.html' title='Capítulo 5: Camino a lo Desconocido'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-6153380233382884985</id><published>2009-09-16T09:14:00.002+02:00</published><updated>2009-09-16T09:19:32.876+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 4: La Misión de Kata Juta</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;a &lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;isión de &lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;ata &lt;span style="font-size:180%;"&gt;J&lt;/span&gt;uta&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ata Juta supo que algo no iba bien, cuando escuchó el sonido de los tambores congregando a toda la tribu a una asamblea general. Al principio no se extrañó de no ver a Lungkata por ninguna parte, puesto que conocía sus intenciones de salir a cazar muy temprano, y supuso que la jornada se estaba prolongando más de lo esperado, a juzgar por su tardanza en regresar al poblado. Pero cuando observó las caras serias y los gestos de preocupación en los demás –muchos de los cuales le miraban y después cuchicheaban entre ellos-, supo que el misterio tenía que ver, sin duda, con él.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;asta entonces, Kata Juta nunca había sentido miedo. Y no es que fuera una persona excesivamente valiente; ni audaz; ni mucho menos temerario. Pero nunca había sentido su corazón latir con tanta fuerza como para pensar en la posibilidad de que quisiera salírsele del pecho.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;abía lo que era la fatiga, el cansancio después de cierto tiempo corriendo, cuando las piernas ya no aguantan más y tienes que pararte con la boca muy abierta para recuperar el aliento, aspirando grandes bocanadas de aire. Conocía también lo que era el dolor en los brazos, después de estar cierto tiempo practicando con el mazo tjuni; o haciendo prácticas con el boomerang, un arma muy sofisticada, capaz de alcanzar su objetivo a distancia, que requería una técnica y un dominio de muñecas muy especiales.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;adie sabía exactamente quién inventó el boomerang, pero si hablabas con los más ancianos de la tribu, estos siempre afirmaban que, según las leyendas, los Wondjinas –los Dioses-, le habían enseñado su uso y construcción a Adanee, el primer antepasado de los aborígenes.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a leyenda decía que al principio del mundo, los Wondjinas crearon al hombre, al que pusieron el nombre de Adanee, que significa, literalmente: el primer hombre.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;iendo muy sabios, los Wondjinas pensaron en la posibilidad de crear una compañera, pues opinaban que no era bueno que el hombre estuviera solo. Aprovechando que Adanee dormía profundamente, le quitaron un pedacito de costilla, con el cuál crearon a la mujer que sería su compañera. La llamaron Evanee, que, lógicamente, significa la primera mujer. Después crearon a las plantas y a los animales.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ero aún así, a pesar de haber dotado al hombre de inteligencia para que sobresaliera de los demás seres que poblaban el planeta, pensaron que debían de ayudarle un poco más, para garantizar su supervivencia.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; los animales les habían dotado con ciertas cualidades, que el hombre no tenía: a los pájaros les habían dado alas, que les permitían volar y ponerse fuera de su alcance; a los peces agallas y aletas, con las que podían nadar debajo del agua y eran, también, muy difíciles de alcanzar, pues incluso su piel, cubierta de escamas, era muy escurridiza; a los animales terrestres fuerza, rapidez y ferocidad, que los hacían potencialmente peligrosos y más fuertes.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e ese modo, sintiéndose apiadados por el hombre, los Wondjinas entregaron a Adanee el boomerang y le enseñaron a manejarlo. Con él podía cazar animales a distancia, sin exponerse a sus colmillos, o a sus garras, o incluso a sus cuernos; aves, aunque estuvieran en las ramas más altas de los árboles o incluso volando a baja altura. En cuanto a los peces, le enseñaron rudimentarias técnicas de pesca. Con referencia a los frutos de la tierra, le enseñaron a diferenciar entre los que eran comestibles y aquellos otros que, por sus características, eran incompatibles para él, y por lo tanto, venenosos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a leyenda afirmaba también, que a aquél primer boomerang le habían dotado de poderes mágicos. Pero sólo podía ser utilizado para hacer el bien y nunca con fines particulares y egoístas. El único problema, consistía en que nadie sabía a ciencia cierta el lugar en el que se encontraba depositado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;lgunos decían, que cuando murió Adanee, después de una vida larga en la que tuvo muchos hijos, que después crecieron y se extendieron por el mundo formando sus propias familias –de ahí las diferentes tribus y familias aborígenes-, lo depositaron en su tumba, junto con otros utensilios que le habían pertenecido.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;O&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;tros, por el contrario, decían que, dado su extraordinario poder, los Wondjinas lo habían recuperado, guardándolo en las profundidades de la montaña Ulurú cuando se retiraron a descansar, una vez concluida su labor entre los hombres. Para asegurarse de que nadie turbaba su descanso, crearon a los bunyips y también a unos extraños seres –si es que eran tal cosa, porque sólo se veían como luces que recorrían el desierto a gran velocidad-, a los que se llamaba, en el idioma aborigen, Min-Min o candiles de los Dioses.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;F&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ueran o no ciertas las leyendas, Kata Juta sintió una gran piedad cuando vio el cuerpo de Lungkata tendido en el suelo, junto a la puerta de la choza del chamán, mientras todo el poblado se arremolinaba alrededor de éste último y la severa figura de Malani, el jefe del poblado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;alani era un hombre mayor, pero de constitución recia, que ejercía su gobierno sobre los Anangu con autoridad, aunque también con justicia, sin permitir que sus consideraciones personales afectaran su buen juicio.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando era más pequeño, a Kata Juta le daba miedo acercarse a él, porque veía a un gigante de casi dos metros de estatura, completamente calvo en la cabeza, pero con una barba tan larga, que le llegaba casi hasta el ombligo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No hay que juzgar a nadie por su tamaño o aspecto, sin haberle dado antes una oportunidad de conocerle, -solía decir el bueno de Lungkata, cuando se escondía detrás de él para ocultarse de Malani.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;alani y Musara levantaron las manos sobre la multitud congregada, solicitando silencio. Una vez conseguida la atención de todos, Malani se dirigió a ellos, con las siguientes palabras:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Escuchadme todos, aquí tenemos a nuestro hermano Lungkata, cuyo cuerpo ha recibido el veneno del aguijón de una hormiga ungwatafungi.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n Oooh de espanto se levantó de las gargantas de todos, incluido Kata Juta, arrodillado junto al cuerpo de Lungkata.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Musara dice que la única posibilidad de recuperación que tiene Lungkata –continuó diciendo Malani-, es a través de los poderes del Boomerang Mágico, capaz de convocar a los Donantes de Tiempo y conseguir de estos viajar hacia atrás en el tiempo, evitando la picadura. Por eso necesitamos un voluntario…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si la leyenda es cierta, -intervino entonces Musara-, y yo así lo creo, el voluntario tendrá que buscarlo en el interior de la montaña Ulurú, ya que creemos que es allí donde duermen los Wandjinas y descansa Adanee.&lt;br /&gt;-Todos sabemos que la montaña Ulurú está en el territorio de los bunyips, -dijo un guerrero.&lt;br /&gt;-Es cierto, -dijo otro, apoyando las palabras del anterior. Aún en el caso de que el voluntario consiguiera llegar hasta allí, ¿cómo conseguiría burlar la vigilancia de los bunyips?. ¿Y de los Min-Min?.&lt;br /&gt;-Es una misión suicida, -comentó el pescador Mani, pesaroso, ladeando la cabeza hacia un lado y otro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ientras discutían, dando cada uno su opinión, sin conseguir ponerse de acuerdo –realmente nadie creía que la empresa pudiera llevarse a feliz término-, Kata Juta se puso despacio en pie. Luego, acercándose a donde estaban Malani y Musara, observando la escena en silencio, dijo, alzando la voz todo lo alto que pudo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Yo iré!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na vez captada la atención de todos, Kata Juta repitió:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Yo iré!. ¡Yo seré el voluntario!.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-6153380233382884985?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/6153380233382884985/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-4-la-mision-de-kata-juta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/6153380233382884985'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/6153380233382884985'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-4-la-mision-de-kata-juta.html' title='Capítulo 4: La Misión de Kata Juta'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-694486677247925246</id><published>2009-09-15T08:43:00.001+02:00</published><updated>2009-09-15T08:47:03.140+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 3: Lungkata es mordido por una hormiga ungwatafungi</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;ungkata es mordido por una hormiga ungwatafungi&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na mañana, de madrugada, Lungkata abandonó la pequeña cabaña que compartía con Kata Juta, encaminándose a las estribaciones del desierto. Iba armado con la lanza y con el mazo tjuni y se las prometía muy felices, pues durante la noche había oído el inconfundible ajetreo producido por una manada de emus a todo galope. Se decía a sí mismo, mientras corría perseguido por los primeros rayos del sol, que con toda seguridad los encontraría abrevando en las orillas del pantano, donde, si no eran atacados por cualquiera de los numerosos cocodrilos que allí vivían, permanecerían algún tiempo antes de partir hacia lugares más templados situados hacia el sur.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;unque no podía volar, el  emu era un animal muy veloz y tenía un oído extraordinario, de modo que Lungkata sabía que debía aproximarse a ellos con mucha precaución, si quería tener al menos una oportunidad de sorprenderlos. Debía de considerar también la dirección en la que soplaba el viento, pues de idéntica manera a como la naturaleza había dotado a los emus de un oído excelente, el olfato no lo tenían menos desarrollado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or eso, a medida que se acercaba a las inmediaciones del pantano, iba cambiando de dirección, teniendo que dar un gran rodeo para no ser descubierto antes de tenerlos a distancia de tiro de su lanza.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;nimales desconfiados, los emus miraban constantemente en todas direcciones, ya que tenían un cuello tan flexible, que les permitía girar la cabeza ciento ochenta grados. No obstante, aquélla manada no parecía estar todo lo atenta a que su naturaleza nerviosa y desconfiaba les obligaba y Lungkata pensó que tan extraña casualidad se debía, sin duda, al cansancio.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;al era su deseo de sorprender a la manada, que el valiente Lungkata olvidó una de las reglas de oro de todo cazador cuando se adentra en los pantanos: tener mucho cuidado donde se pisa y no sólo en prevención de las mortíferas arenas movedizas, capaces de engullir a un hombre entero en cuestión de segundos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;orque si no se hubiera olvidado temporalmente de la mencionada regla, jamás se le habría ocurrido cometer la imprudencia de arrastrarse cerca de un hormiguero ungwata.&lt;br /&gt;Los hormigueros ungwata solían tener una altura aproximada de dos metros y su forma era, con mayor o menor perfección, la de una pirámide escalonada. Indicaban el hábitat de una especie de hormiga del tamaño de la mano de un adulto, que era extremadamente peligrosa: la hormiga ungwatafungi.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;stas hormigas eran temidas por todos los seres vivos –incluidos los cocodrilos, que aparentemente no le tenían miedo a nada-, pues, aparte de unas mandíbulas tan fuertes como el acero, la naturaleza las había dotado de un aguijón, a través de cuya picadura inoculaban un suero que paralizaba temporalmente a su presa, dejándola completamente a su merced.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;as presas de la picadura de una hormiga ungwatafungi no morían envenenadas, pues ésta especie de hormiga no era venenosa. La víctima moría de inanición, ya que su cuerpo quedaba paralizado durante tanto tiempo, que una vez agotados todos los recursos vitales, el corazón dejaba de latir.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ungkata apenas sintió la picadura, sobre todo porque su piel estaba tan curtida como el cuero, y aún dispuso de algunos minutos de tiempo antes de sentir sus efectos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l emu que parecía ser el jefe de la manada, era un animal magnífico, no dejaba de pensar Lungkata, mientras levantaba la lanza, apuntando cuidadosamente a su pecho, mientras recordaba otra de las reglas de oro del cazador: no causar nunca un sufrimiento innecesario a su presa.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ra una diana imposible de fallar, con su plumaje redondo y completamente blanco a la altura del pecho, en contraposición con el plumaje negro que le cubría el resto del cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l viento no le había delatado y el emu, completamente confiado, miraba en otra dirección, sin percatarse de su proximidad.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ntonces, cuando se disponía a arrojar la lanza, arqueando su cuerpo hacia atrás para tomar mayor impulso, Lungkata sintió que se le doblaban las rodillas, siendo incapaz de mantenerse erguido por más tiempo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l impacto contra el suelo fue duro y seco, pero tan ruidoso, que la manada de emus salió en estampida, profiriendo estremecedores gritos de miedo, que se extendieron por el pantano, alertando a todas las criaturas que allí vivían.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ungkata quedó tendido en el suelo, boca arriba a consecuencia de la inercia de la caída, sin poder mover ni un solo músculo. Sus ojos permanecían abiertos mirando al cielo, donde el sol, cada vez más grande y más brillante, parecía haberse tragado a todas las nubes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-694486677247925246?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/694486677247925246/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-3-lungkata-es-mordido-por-una.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/694486677247925246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/694486677247925246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-3-lungkata-es-mordido-por-una.html' title='Capítulo 3: Lungkata es mordido por una hormiga ungwatafungi'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-7791710854061817464</id><published>2009-09-14T08:30:00.001+02:00</published><updated>2009-09-14T08:33:50.752+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 2: El joven Kata Juta</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;l joven &lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;ata &lt;span style="font-size:180%;"&gt;J&lt;/span&gt;uta&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na de las mejores cualidades de los aborígenes australianos con respecto a los niños, es que no los discriminan si no han nacido dentro de los límites de la tribu. Cuando se los encuentran, como en el caso de Kata Juta, no hacen preguntas, sino que, por el contrario, los acogen y los cuidan con el mismo cariño con que lo harían con sus propios hijos. Ellos creen que recoger a un niño abandonado, o perdido, o huérfano, es un acto de generosidad que atraerá el favor de los Dioses, así como la buena suerte y la prosperidad al poblado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ata Juta no tenía ninguna marca de identificación que pudiera ofrecer a los Anangu una pista sobre la tribu a la que pertenecía. Era una costumbre común a todas las tribus aborígenes, pintarse con los símbolos de su clan, y lo hacían bien en la cara, bien en el torso o bien en las extremidades.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l símbolo tradicional de los Anangu, consistía en un pequeño sol amarillo, que solían pintarse en la cara o en el pecho, aunque si era éste último el caso, debía hacerse, por tradición, a la altura del corazón. Dicho símbolo les había sido revelado hacía mucho tiempo, cuando Mita, uno de los primeros chamanes se despertó una mañana, diciendo que los dioses se lo habían confiado mientras dormía y le habían dicho que con ese símbolo la fortuna nunca les abandonaría. Cierto o no, se podía considerar que los Anangu eran un pueblo feliz, que raramente tenía que levantar un arma contra otro pueblo, sobre todo porque en su territorio disponían de todo aquello cuanto pudieran necesitar y no codiciaban nada que perteneciera a los hombres de otra tribu.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ata Juta, pues, tuvo una infancia tranquila y feliz, y aunque no era el niño más alto de la tribu, ni el más fuerte, ni tampoco el más listo, se llevaba bien con todo el mundo y todo el mundo le quería y apreciaba. No obstante todo lo anterior, tenía dos cualidades que le diferenciaban de los demás: era zurdo, o sea, que manejaba mejor la mano izquierda que la derecha y sobre todo –algo de lo que Lungkata se sentía profundamente orgulloso-, era un jovencito muy tenaz en sus decisiones.&lt;br /&gt;¿Qué quiere decir esto exactamente?.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ues quiere decir que no había trabajo, labor o problema que abandonara a la ligera, sin antes intentar solucionarlo por todos los medios a su alcance. También era un niño muy paciente, que sabía escuchar y aprovechar los consejos que le daba Lungkata y pronto sabía tantas o más cosas que él, hasta que llegó un momento en el que ambos compartían por igual sus obligaciones, tanto privadas como comunitarias.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n lo único que Lungkata y Kata Juta no conseguían nunca ponerse de acuerdo, era en una cuestión, en principio tan intranscendente, como dejarse crecer la barba.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ungkata era de la opinión de que una barba larga y enmarañada era un signo inequívoco de virilidad, mientras que Kata Juta decía que la barba era un impedimento para comer, y además atraía toda clase de bichos molestos –muchos de ellos casi inapreciables a simple vista-, con lo cuál uno tenía que pasarse todo el día y buena parte de la noche rascándose como si hubiera estado tumbado en medio de un jardín lleno de ortigas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n rasgo común a todos los aborígenes australianos, era el color oscuro de su piel y el cabello abundante y muy rizado, excepto en el caso de aquellos otros primos hermanos que habitaban en la costa, los cuales lo tenían muy largo y recogido en trenzas y eran expertos constructores de canoas, redes y artilugios de pescar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os Anangu, sin embargo, aunque eran buenos nadadores –no en vano, todos aprendían a nadar cuando eran muy pequeños-, no eran tan hábiles constructores de canoas, por lo que se limitaban a vadear los ríos, lagos y pantanos que había en su territorio, ayudados de largas pértigas. Tampoco utilizaban redes, pero sí sus lanzas y sus mazas tjuni, así como otros curiosos instrumentos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n cuestiones de pesca, el viejo Mani era el pescador más hábil de la tribu y tenía la obligación de conseguir pescado fresco para todos. El pez más voluminoso y exquisito de todos cuantos pudieran existir en los ambientes acuáticos del territorio, era el wanajee, que vivía en lo más profundo del agua y se necesitaban al menos dos personas para capturarlo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a forma de cazar al wanajee era muy sencilla, aunque se precisaba estar muy atento, pues sólo se disponía de una oportunidad, una vez que se conseguía que éste sacara la cabeza fuera del agua. Por eso era necesario que otro miembro de la tribu –por regla general solía ser algún joven aprendiz-, metiera la punta de un largo y hueco instrumento de madera en el agua y soplara ininterrumpidamente hasta ver las burbujas de aire flotando en la superficie, mientras el otro esperaba con el mazo levantado para asestar el golpe. Cuando el wanajee veía las burbujas, solía acudir rápidamente, pensando que era la invitación de una hembra que quería ser cortejada. Pero había que estar muy atento y ser muy preciso, porque cuando el enorme pez sacaba la cabeza del agua a la altura donde había detectado las burbujas y se daba cuenta del engaño, enseguida se sumergía otra vez bajo el agua, perdiéndose en las profundidades.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a primera vez que Kata Juta intentó golpear la cabeza de un wanajee con el mazo, falló tan estrepitosamente, que empapó al viejo Mani, cubriéndole de arriba abajo de agua y lodo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Concentración, Kata Juta!. ¡Concentración!, -dijo éste, enfadado por un baño que no esperaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo también falló en las otras dos oportunidades que aún le quedaban para convertirse en el pescador oficial de la tribu cuando el viejo Mani se fuera a dormir el Sueño de los Dioses, fue descartado como candidato. De manera que no tuvo más remedio que probar sus habilidades en otras artes.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;unque no era mal cazador –las enseñanzas de Lungkata habían sido muy eficaces en su aprendizaje-, tampoco destacaba en ésta disciplina. Al menos no lo suficiente como para que el Consejo de la Tribu, formado por los más ancianos, depositara en él su confianza, asignándole un lugar en el Clan de Cazadores, cuya misión consistía en proveer de carne las necesidades de la tribu y cuyos miembros eran cuidadosamente escogidos entre los mejores.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;K&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ata Juta, pues, se enfrentaba a un serio dilema. Si no podía ser pescador, ni tampoco cazador porque no tenía la habilidad suficiente para ello, ¿qué futuro le esperaba en la tribu?. ¿Qué podía hacer, que fuera de utilidad para él y el resto de la comunidad?. Ni siquiera sabía bailar, para poder aspirar a ocupar alguna vez el puesto de Maestro de Ceremonias. ¿Tendría que abandonar el poblado Anangu, porque no les podía ser de utilidad en nada?.Tales eran las tribulaciones del joven Kata Juta, cuando ocurrió un incidente con el que tendría la oportunidad de demostrar su valía, y a consecuencia del cuál vería asegurado para siempre su lugar y su futuro en la comunidad Anangu.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-7791710854061817464?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/7791710854061817464/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-2-el-joven-kata-juta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7791710854061817464'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7791710854061817464'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-2-el-joven-kata-juta.html' title='Capítulo 2: El joven Kata Juta'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-4508657551651804415</id><published>2009-09-11T11:28:00.002+02:00</published><updated>2009-09-11T11:34:11.479+02:00</updated><title type='text'>El Boomerang Mágico</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;I&lt;/span&gt;ntroducción&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a presente historia ocurrió hace mucho tiempo, en esa inmensa isla continente que hoy en día se llama Australia, durante una época mágica a la que sus primitivos habitantes, los aborígenes, recuerdan en sus leyendas y tradiciones como Tjukurrpa: el Tiempo del Sueño. Naturalmente, en la actualidad las cosas han cambiado mucho, pero si uno tiene la oportunidad alguna vez de viajar hasta allí, verá que hay otras, como la montaña Ulurú –los australianos la llaman Ayers Rock-, que siguen igual, desafiando al tiempo como sólo una roca puede hacer.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os desiertos, como es lógico, tampoco han cambiado apenas desde esa época. En realidad, es muy difícil que puedan llegar a hacerlo algún día y mucho menos en Australia, donde las temperaturas suelen ser más altas que en otros lugares.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n cuanto a los aborígenes, que fueron los primeros pobladores, constituyen hoy en día una minoría y aunque algunos conservan sus antiguas tradiciones, la mayoría a adquirido los hábitos de los europeos que llegaron allí muchos siglos después.&lt;br /&gt;Pero después de todo, y con referencia a nuestro héroe, Kata Juta, su valor se vio ampliamente recompensado. La zona subyacente a la montaña sagrada Ulurú se convirtió con el tiempo en un lugar protegido, pasando a llamarse Parque Nacional Ulurú-Kata Juta. Y hay quien dice –sobre todo la gente aborigen, que entiende más de esas cosas-, que a veces, al atardecer, cuando los últimos rayos del sol inciden sobre la roca, se pueden ver los rasgos de su cara, así como los inconfundibles rizos de su cabello.&lt;br /&gt;¿Sólo son leyendas?. ¡Quién sabe!.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;apítulo &lt;span style="font-size:180%;"&gt;I&lt;/span&gt;: &lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;l pueblo de los &lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;nangu&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;erca de un pantano situado en el interior de una de las zonas más desérticas de Australia, vivía hace mucho tiempo una tribu aborigen, que respondía al nombre de Anangu. Los Anangu eran un pueblo feliz y pacífico, aunque no tanto por su deseo de avanzar más hacia el interior, como por la considerable distancia que los separaba de otras tribus vecinas, como los Liru, los Kuniya o los Warramungu.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;V&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ivían en un periodo de tiempo que ellos denominaban Tjukurrpa, lo que traducido libremente de su lengua ancestral, viene a significar algo así como el Tiempo de los Sueños.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;as casas del poblado Anangu estaban construidas, generalmente, a base de wanagri, que era un arbusto de grandes dimensiones y cuya madera, durísima, era capaz de resistir hasta la más fuerte de las tormentas de arena que provenían del interior del desierto, que era un lugar misterioso y desconocido, donde habitaban toda clase de seres poderosos, que rara vez se dejaban ver fuera de los límites que consideraban como territorio de su exclusiva propiedad.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os peores de todos ellos, aquellos que por su aspecto inspiraban un terror inmediato entre los aborígenes, eran los legendarios bunyips. Estos constituían una raza aparte, antigua y muy diferente de cualquiera de los seres humanos que formaban los numerosos pueblos aborígenes. Gigantes por su elevada estatura –hacían falta tres hombres subidos unos encima de los otros para poder igualarse a ellos-, eran, sin embargo, tan delgados, que cuando se ponían al lado de un árbol, solamente se les distinguía por la forma monstruosa de sus cabezas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;as cabezas de los bunyips tenían una forma parecida a la de una gota de agua cayendo de la rama de un árbol, aunque vista del revés: redonda por arriba y tan estrecha a la altura de la barbilla, que semejaban el agudo filo de un cuchillo de caza. Sus orejas eran grandes, también, y tenían una forma similar a las alas desplegadas de los murciélagos.&lt;br /&gt;Por otra parte, los ojos eran completamente redondos, sin párpados y de un color azul tan intenso, que cuando alguien los miraba directamente, enseguida se veía atrapado en un profundo sueño que lo dejaba a su merced.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or ese motivo, y algunos otros, una de las primeras cosas que aprendían los niños aborígenes de cualquier tribu y poblado, era a no mirar nunca a los ojos de un bunyip si en alguna ocasión se encontraban con uno.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ampoco tenían cejas, ni bigote, ni pelo, ni barba como los hombres, y su boca era tan fina, que daban la impresión de no tenerla. Los más ancianos decían que cuando un bunyip abría la boca, se le podían ver dos hileras de dientes tan afilados como las mandíbulas de los tiburones que infestan las aguas de las lejanas costas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or fortuna, los bunyips eran unos seres tan solitarios, que rara vez se les veía fuera de su territorio, aunque cuando lo abandonaban, siempre lo hacían en pequeños grupos de tres o cuatro individuos y generalmente no atacaban a nadie.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;parte de los bunyips, había otros seres peligrosos deambulando por aquellas tierras y a los que era preciso conocer para prevenir a tiempo sus ataques, como las serpientes –muchas de ellas venenosas-; los cocodrilos, siempre esperando un descuido para avalanzarse sobre su víctima y devorarla y los traicioneros dingos, animales salvajes parecidos a los perros, que atacaban siempre en manadas, acorralando a su desafortunada víctima sin que ésta tuviera posibilidad alguna de escapar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ambién había otra clase de animales, no tan agresivos como los anteriores, aunque no por ello menos peligrosos, entre los que destacaban los canguros.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e igual manera a como sucedía con los aborígenes, entre los canguros existían ciertas diferencias que hacían que se consideraran de familias diferentes y habitaran zonas distintas, cuyas fronteras procuraban no traspasar si no eran previamente invitados por algún miembro de otra familia.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e todas las familias de canguros, las más importantes –por el número de sus miembros y sus características de adaptación al medio-, eran la de los canguros rojos y la de los canguros grises.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os canguros grises constituían la familia más numerosa y tenían un apetito tan voraz, que habitaban las zonas más templadas de la sabana, donde abundaban los pastos, las pequeñas charcas de agua y los lagos y pantanos repletos de vida de toda clase y condición. Por el contrario, sus primos, los canguros de la familia roja, no eran tan numerosos como ellos y habitaban las zonas áridas del interior de los grandes desiertos. Es posible que debido a ello, y teniendo en cuenta las duras condiciones en las que tenían que vivir, fueran más altos y fuertes, aunque también más reservados y poco comunicativos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;odos, tanto los canguros de la familia gris como los canguros de la familia roja, se impulsaban  con sus extremidades inferiores, que les permitían dar grandes saltos y recorrer enormes distancias en mucho menos tiempo del que emplearía un hombre, aunque pudiera correr sin descansar. Su arma más poderosa, y por supuesto, temida por todos sus enemigos, eran sus garras, muy afiladas y duras, capaces de desgarrar cualquier cosa en un abrir y cerrar de ojos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo en cualquier otro tipo de sociedad de aquella época, las hembras canguro eran las encargadas de vigilar a las crías. Siendo animales muy viajeros, tenían una especie de bolsa a la altura del abdomen que les permitía desplazarse a cualquier lugar, con sus crías en el interior, protegiéndolas, además, de cualquier peligro que pudiera acecharles, hasta una edad en la que ya podían corretear solas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;osiblemente los animales más pacíficos e inofensivos de todo el continente austral y del mundo, fueran los koalas. Se trataba de unos simpáticos ositos que vivían en parejas  y se pasaban prácticamente todo el día durmiendo en cualquier sitio, aunque preferían hacerlo en las ramas de los árboles –sus favoritos eran los eucaliptos-, pues así tenían un lugar seguro y fresco para descansar y hojas en abundancia para comer.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;parte de estos animales, los Anangu estaban acostumbrados a convivir con emus, aves muy parecidas a los avestruces y de abundante y sabrosa carne; con ornitorrincos, curiosos animalitos que tenían el cuerpo de una nutria y el pico y los pies de un pato, así como con las liebres del desierto, que en el idioma de los aborígenes respondían al nombre de hare wallaby.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;F&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ue precisamente siguiendo el rastro de una de ellas, como el guerrero Lungkata encontró al pequeño Kata Juta abandonado a orillas de la laguna, cuando estaba a punto de ser devorado por un cocodrilo de dimensiones tan grandes, que durante un momento –el tiempo justo de saltar y golpearle en la base del cráneo con su tjuni o mazo de madera-, tuvo miedo de no poder salvarlo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na vez muerto el cocodrilo –la base del cráneo es su punto más débil, pues el resto del cuerpo está poco menos que acorazado-, y con el pequeño Kata Juta en brazos, el valiente Lungkata se dirigió corriendo al poblado, deseoso de mostrarles a todos al que desde aquél día consideraba como su hijo y al que enseñaría todas las artes de un guerrero.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-4508657551651804415?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/4508657551651804415/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/el-boomerang-magico.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4508657551651804415'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4508657551651804415'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/el-boomerang-magico.html' title='El Boomerang Mágico'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-5009154857808239457</id><published>2009-09-10T10:46:00.004+02:00</published><updated>2009-09-10T10:54:33.503+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 5 y Final: El corazón del Señor Hate</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;l &lt;span style="font-size:180%;"&gt;c&lt;/span&gt;orazón &lt;span style="font-size:180%;"&gt;d&lt;/span&gt;el &lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;eñor &lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;ate&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;1&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aracortada Jackson no acostumbraba a hacer preguntas, ni siquiera cuando le encargaban la clase de trabajo más sucia y detestable que se pueda imaginar. Pero cuando observó al Señor Hate corriendo entusiasmado de un monitor de televisión a otro, riendo sin parar mientras se frotaba sus gruesas y nervudas manos, temió que se hubiera vuelto loco de remate. Esa posibilidad no le agradaba en absoluto, puesto que si Hate perdía la cordura, él no cobraría la recompensa prometida por la captura de Santa Claus. De manera que, espoleado por el miedo a quedarse sin su dinero, se acercó a él, preguntándole:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Señor Hate, ¿se encuentra bien?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l principio Hate no contestó, por lo que Caracortada pensó que no le había oído. Pero cuando hizo ademán de tocarle el hombro, extendiendo una de sus enormes manazas, éste se giró con inesperada brusquedad –tan inesperada, en efecto, que Caracortada dio un respingo, retrocediendo varios pasos hacia atrás-, diciendo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Encontrarme bien?. ¡Me encuentro genial!. ¡Eufórico!. Nunca me había reído tanto. Me encuentro tan bien…tan bien…¡como un pavo en su salsa!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aracortada no contestó, aunque frunció el ceño preocupado. A fin de cuentas, ¿qué podía decir?. En su opinión, todo aquél que demuestra en público cualquier signo de felicidad, por pequeño que éste sea, merece el apelativo inmediato de majareta.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n realidad, en el pequeño universo filosófico de Caracortada no existían, en absoluto, los términos medios; porque, por el contrario, la persona que deja entrever a los demás signos de melancolía, ensoñamiento o incluso dolor, es un ser decididamente enfermizo y débil. Así pues, en su opinión –exceptuando algunas personas, entre las que se encontraba él, por supuesto, como no podía ser de otra manera-, en el mundo sólo existen dos clases de personas: los locos y los débiles.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;hora bien, ¿en cuál de los dos grupos encajaba ahora el Señor Hate?. Resultaba evidente que con respecto a Santa Claus, no tenía duda alguna acerca del grupo al que pertenecía. Sólo había que verle, sonriendo a la cámara como un estúpido, ora saludando con una mano, otrora con la otra; ahora guiñando un ojo, luego el otro; haciendo extraños juegos con las manos, el efecto de cuya sombra producía curiosas formas en la pared que parecían tener vida propia…¡Ridículo!.&lt;br /&gt;Sin embargo, el Señor Hate parecía increíblemente entusiasmado, riendo a carcajadas como si fuera un niño chico al que le estuvieran haciendo cosquillas debajo de los sobacos.&lt;br /&gt;“¿Acaso Santa Claus está intentando hechizarlo?”, -pensó para sus adentros, pues comenzaba a observar en el Señor Hate gestos y sentimientos desconocidos hasta entonces. Incluso en sus ojos, por regla general tan fríos como los de un tiburón –no en vano había adoptado esa clase de animales como sus mascotas favoritas-, parecía comenzar a aflorar, a consecuencia de la risa, cierta clase de felicidad que no indicaba nada bueno.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ecordó que durante sus numerosas aventuras por el mundo, había sido testigo de cosas enigmáticas e increíbles, cuya explicación escapaba a toda lógica. Algunos brujos africanos utilizaban la llamada magia simpática para cambiar el carácter de las personas. ¿Sería éste, el tipo de magia que Santa Claus estaba intentando aplicar en la persona del Señor Hate?.&lt;br /&gt;“Si lo es, no tardaré mucho en averiguarlo”, -se dijo.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;2&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l trineo se posó suavemente en el helipuerto de la Torre Negra, junto al helicóptero particular del Señor Hate. En la cabina, el piloto dormitaba plácidamente, ajeno por completo a la fantástica escena que se estaba desarrollando junto a él. En efecto, los duendes, siguiendo las instrucciones de Belsnickle, se desplegaron por la azotea como si fueran comandos especiales rodeando el objetivo de su misión.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ara mayor seguridad, Christnickle, sacando una bolsita de cuero del interior de su chaqueta, esparció con un soplido un brillante polvo de color dorado en la cara del piloto. Se trataba del famoso polvo del sueño que fabricaba el Colectivo de Hadas de los Bosques de Noruega –era el más efectivo de todos y los pormenores de su fabricación constituían un secreto muy bien guardado-, cuyos efectos conseguían que cualquier ser vivo que lo aspirara, permaneciera dormido por un espacio de tiempo no inferior a dos horas ni superior a cinco. Con ello, Christnickle se aseguraba de que el pobre piloto no se enterara absolutamente de nada, y lo más importante de todo, que no los descubriera dando la voz de alarma, pues allí había más guardias que hormigas en un hormiguero.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo grandes expertos en todos los oficios, en el grupo había duendes cerrajeros que no tardaron en dar cuenta de las cerraduras, permitiendo el libre acceso al bastión inexpugnable del Señor Hate.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;tilizando el poder de hacerse invisibles –la invisibilidad era otra de sus numerosas facultades, de la que se valían cuando lo requería la ocasión-, consiguieron pasar delante de Caracortada y sus compinches sin que estos se dieran cuenta de su presencia, accediendo al despacho del Señor Hate con absoluta libertad. Fue así como se enteraron del lugar donde mantenían prisionero a Santa Claus, al que vieron haciendo toda clase de gestos y muecas a través de los numerosos monitores de televisión, como si fuera un payaso ejecutando un número circense ante un auditorio invisible.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;3&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l eremita le había enseñado a Santa algunos trucos sencillos, pero eficaces, para invertir en las personas los efectos permisivos de las malas artes de los ángeles negros, aunque también le previno que no era fácil derrotarlos. Sabía que Hate estaría observándole, vigilando todos sus movimientos como un sabueso custodiando su plato de comida.&lt;br /&gt;Por otra parte, los niños, que poco a poco se iban acostumbrando a su presencia, le miraban de otra manera, acercándose a él en la medida en que se lo permitían las cadenas que unían sus tobillos a los bancos de trabajo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;e todos ellos, destacaba, por su corta estatura y su extremada delgadez, la jovencita que permanecía encadenada junto a él. Santa tardó algún tiempo en averiguar que no hablaba. Según le confiaron los otros niños, nunca la habían oído pronunciar una sola palabra; ni siquiera dejaba escapar un gemido de dolor cuando su cuerpecito era castigado por las duras porras de los guardias. Tampoco sabían su nombre, si es que lo tenía, y de qué internado procedía. Su cabello era rubio, pero de un rubio albino que parecía blanco, y sus ojos eran tan verdes como las esmeraldas que los gnomos extraen de las profundidades de la tierra y luego guardan celosamente en lo más profundo de las cuevas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;penas se inmutó cuando la enorme mano de Santa le acarició la cabecita con suavidad. Sin embargo, éste sí se percató de un débil signo de emoción, cuando en sus pálidas mejillas aparecieron dos pequeños círculos rosados.&lt;br /&gt;“Si se sonroja, es que todavía no está todo perdido con ella”, -pensó Santa, levantándose inesperadamente. Subiéndose a la mesa de trabajo –parecía un gigante-, consiguió que los ojos de todos los niños se posaran en él. Luego, colocando la palma de una mano sobre la oreja, permaneció inmóvil durante un minuto, simulando escuchar atentamente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Ho, ho, ho!, -dijo poco después, mientras en su cara se dibujaba una sonrisa de oreja a oreja-. Alguien me ha dicho que la ayuda está en camino.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ero como los niños no reaccionaban, preguntó:&lt;br /&gt;-¿Queréis que os cuente un secreto?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;unque ninguno dijo nada, todos se miraron los unos a los otros, ligeramente desconcertados y sin saber exactamente qué hacer.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Sabíais que cuando un niño sonríe, un ángel de la guarda recibe en el Cielo la felicitación de Dios?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo todavía los pequeños no decían nada, Santa les alentó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Queréis que vuestros ángeles de la guarda sean felicitados por Dios?. Decidme, ¿lo queréis?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;penas habían comenzado a hacer ademán de despegar los labios, cuando Santa volvió a la carga, preguntando:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Lo queréis?.&lt;br /&gt;-¡Sí….!, -gritaron todos, entusiasmados, excepto la pequeña, cuyas cuerdas vocales, por alguna razón, se negaban a dejar salir en libertad el grito de su corazón.&lt;br /&gt;-¡Sí!. ¡Sí!. ¡Lo queremos!, -volvieron a gritar los niños, animándose poco a poco, mientras algunos imitaban a Santa, subiéndose también a los bancos de trabajo.&lt;br /&gt;-¡Pues sonreír, pequeños!. ¡Sonreír!. ¡Nunca dejéis de sonreír!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ebido al alboroto que se levantó –la risa de los niños era música en los oídos de Santa Claus-, no tardaron en acudir los guardias. Pero no bien hicieron intención de llevar las manos a los cintos de donde pendían las porras, cuando comenzaron a caer pesadamente al suelo, donde todos, desde el primero al último, se fueron quedando profundamente dormidos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os niños saltaban en el sitio con alegría desbordada, mientras sentían como unas manos invisibles –los duendes habían llegado, por fin-, les liberaban de las cadenas, permitiéndoles moverse en completa libertad.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;anta no se había olvidado de la pequeña, a la que recogió suavemente, y sentándola sobre sus hombros, la dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Ho, ho, ho!. ¡Mi pequeña amiga!. ¡Tú serás mi grumete!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;egundos después, con la niña bien asegurada sobre los hombros, se dirigió hacia los demás niños y señalando hacia la puerta, dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Adelante mis pequeños marineros!. ¡Busquemos la luz del sol más allá de los puertos de ésta infecta nave!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;pílogo&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;eletipo de última hora&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a noticia se había extendido por el mundo como un reguero de pólvora. No había periódico ni cadena de televisión que no anunciara que el Señor Hate, el mayor fabricante de juguetes, así como el hombre más rico del mundo, había sufrido un ataque repentino de locura, que había obligado a los médicos a internarle para siempre en un manicomio. Al parecer, la policía, alertada por los rumores –cuya comprobación resultó bien fundada- que aseguraban que en las instalaciones subterráneas de la Torre Negra se mantenía a cientos de niños trabajando en condiciones infrahumanas, había procedido a realizar una inspección.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n la inspección detuvieron a un conocido criminal –Caracortada Jackson-, al que habían sorprendido con las manos en la masa, robando la caja fuerte del Señor Hate, quien permanecía tirado en el suelo, desternillándose de risa. Lo único que los policías consiguieron sacar del pobre hombre, cuyos signos de locura eran más que evidentes, fue una extraña y enigmática frase, que trae de cabeza a los investigadores:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Ha sido el ángel negro!. ¡Toda la culpa la tiene el ángel negro!...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ambién han sido detenidos los directores de varios centros de acogida de menores, una vez comprobada su participación en actividades ilegales. Todos los niños han sido acogidos por familias de probada integridad, capaces de ofrecerles la educación y el amor que se les ha negado desde hace tanto tiempo y que tanta falta les estaba haciendo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na de las niñas, rubia y de ojos verdes que con dificultad dijo llamarse Esperanza, pidió ser llevada a Noruega, a los bosques de las hadas, y ya han sido muchas las peticiones de acogida de familias de aquél país deseosas de ver sus deseos hechos realidad.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ambién desde el Polo Norte, se ha recibido un mensaje tranquilizador de Santa Claus quien, dirigiéndose a todos los niños del mundo, quiere que sepan que este año los juguetes van a ser fabulosos y ninguno se va a quedar sin ellos. Igualmente, nuestro querido Santa Claus lanza un mensaje especial, que quiere que todo el mundo conozca –especialmente las personas mayores-, añadiendo que en el Cielo los ángeles están de fiesta, porque hay muchos más niños felices.&lt;br /&gt;¡Feliz Navidad!&lt;br /&gt;¡Ho, ho, ho!.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;F I N&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-5009154857808239457?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/5009154857808239457/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-5-y-final-el-corazon-del-senor.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/5009154857808239457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/5009154857808239457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-5-y-final-el-corazon-del-senor.html' title='Capítulo 5 y Final: El corazón del Señor Hate'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-7161295230214943022</id><published>2009-09-07T20:42:00.002+02:00</published><updated>2009-09-07T20:49:27.419+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 4: Santa Claus prisionero</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;anta &lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;laus &lt;span style="font-size:180%;"&gt;p&lt;/span&gt;risionero&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;1&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;epuestos de la impresión recibida al ver la habitación de Santa Claus puesta patas arriba, los duendes, suponiendo lo que había sucedido, se agruparon alrededor de Belsnickle, que era el responsable de todo en ausencia de aquél. A la reunión también asistieron Rodolfo y los renos voladores, que estaban dispuestos a prestar su colaboración a los duendes para cualquier cosa que estos necesitasen en su misión de encontrar y liberar a Santa Claus. Dadas sus extraordinarias facultades mágicas, que les permitían volar a velocidades supersónicas sin cansarse, no había lugar, por muy lejano que se encontrara, al que no pudieran llegar en lo que los duendes denominaban un “pis-pás”. En efecto, eran tan rápidos cuando lo requería la ocasión, que antes de que alguien pudiera terminar de decir “pis-pás” ya habían dado una vuelta completa al mundo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ero de nada servía tan maravillosa rapidez, si no se tenía una idea lo más precisa posible de hacia dónde dirigirse. Por supuesto, Belsnickle era consciente de ello, y no en vano se había estado devanando los sesos intentando resolver el enigma, cuando repentinamente una luz brilló con fuerza en el interior de su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo los duendes se despistan con facilidad si se les da rienda suelta, Belsnickle tuvo que elevar la voz para que todo el mundo le oyera y le prestaran atención:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Escuchadme todos, -dijo, dando una sonoras palmadas con las manos-. Cuando vio que había conseguido llamar la atención de todos, continuó diciendo: parece que todos estamos de acuerdo en que Santa Claus ha sido secuestrado…&lt;br /&gt;-Sí…Sí…, -gritaron los duendes, todos a una, haciendo bocina con las manos.&lt;br /&gt;-Ahora bien, -añadió Belsnickle- no sabemos por quién y tampoco a dónde lo han llevado…&lt;br /&gt;-¿Por quién?. ¿A dónde?, -repitieron los duendes, mirándose los unos a los otros con gesto interrogante.&lt;br /&gt;-Pensemos, que para eso tenemos una cabeza encima de los hombros -dijo Belsnickle, recabando de nuevo la atención de todos-. ¿Quién puede estar interesado en secuestrar a Santa?. ¿A quién le puede beneficiar mantenerle prisionero, ahora que está tan cerca la Navidad y los niños sólo sueñan con los juguetes?.&lt;br /&gt;-¿A quién?. ¡Sí!. ¿A quién?, -repitieron todos, como un eco, mirándose entre sí.&lt;br /&gt;Belsnickle les observó con severidad durante unos segundos. Después, levantando un dedo acusador, añadió:&lt;br /&gt;-¿Quién es el mayor productor de juguetes del mundo?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n ésta ocasión, mientras los duendes mantenían una actitud pensativa –algunos se frotaban las puntiagudas orejas; otros se tiraban de las barbas y aún había otros que jugueteaban nerviosamente con los cascabeles de su gorros-, Christnickle, adelantándose, exclamó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Hate!.&lt;br /&gt;-¡Eso es!. ¡Hate!, -dijo Belsnickle, aplaudiendo-. ¿Y dónde se encuentra Hate?.&lt;br /&gt;-¡En la Torre Negra de Nueva York!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;2&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;odas las alarmas saltaron al unísono en los Estados Unidos de América, el país más poderoso del mundo, cuando el enorme trineo volador atravesó el país de costa a costa a velocidad de vértigo. Los primeros en detectarlo, naturalmente, fueron los radares militares, que enseguida dieron la voz de alarma ante lo que parecía un caso claro de objeto volador no identificado que había entrado sin permiso en su espacio aéreo. Como es natural, enseguida despegaron los reactores de las Fuerzas Aéreas. Pero ni siquiera el reactor más rápido puede superar a unos renos voladores cuando parten en misión, de manera que no tardaron en dejar atrás a los aviones, haciéndoles perder su rastro, al menos el tiempo suficiente como para no ser molestados.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;elsnickle manejaba las riendas con presteza, aunque el verdadero capitán era Rodolfo, que volaba en primer lugar dirigiendo con gran habilidad a los demás. Sentado junto a Belsnickle, Christnickle no dejaba de observar el horizonte, preparado para dar la voz de aviso en el momento en que divisara la Torre Negra.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or otra parte, ésta no tardó en hacerse visible cuando Rodolfo varió el rumbo hacia el norte, atravesando un espeso cúmulo de nubes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;-¡Ya la veo!. ¡Ya la veo!, -gritó Christnickle entusiasmado, dando una palmada en la espalda de Belsnickle, que a punto estuvo de hacerle perder el gorro-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;3&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;os niños miraban con temor a Santa Claus, puesto que apenas habían oído hablar de él, debido a que desde muy temprana edad habían caído en las garras del Señor Hate y lo único que habían aprendido con él era a trabajar duramente en la cadena de montaje del sótano número 5, lugar del que no habían vuelto a salir, y donde no habían vuelto a ver otra luz que no fuera artificial. Los más pequeños, sin embargo, le observaban con mucha curiosidad, preguntándose, nerviosos, quién sería aquél personaje tan peculiar, con su enorme corpachón, su larga barba blanca que casi le llegaba hasta el ombligo, que llevaba puesto un llamativo traje de color rojo con ribetes blancos, hebilla y cinturón, y que calzaba unas botas negras tan grandes, que seguramente cada vez que diera un paso con ellas, debía de recorrer varios metros de distancia.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués de un buen rato de permanecer encadenado junto a ellos, los que estaban sentados más cerca de él se atrevieron a tocarle, seguramente movidos por el instinto, o quizás para asegurarse de que era un ser de carne y hueso y no un fantasma. Pero enseguida retiraban la mano, temerosos de que pudiera tratarse de una trampa y terminaran siendo severamente castigados por los guardias, que seguían al pie de la letra las severas órdenes del Señor Hate, en cuanto al trabajo y la disciplina se refiere.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ntretanto, Santa Claus, con el corazón profundamente herido por la visión de aquellos pobres niños a los que la maldad de Hate había robado la ilusión de la infancia, no dejaba de mostrarse sonriente en todo momento, mirándoles con dulzura, dejándose llevar por la idea de ir ganándose poco a poco su confianza. Estaba seguro de que sus amigos, los duendes, le estarían buscando y que pronto, muy pronto, darían con él, ayudándole a poner remedio a aquélla terrible situación.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ientras esperaba, aprovechó, también, para observar la cadena de montaje en la que se hallaba prisionero. Resultaba, a su modo de ver, un lugar tétrico y frío, repleto de sofisticadas máquinas que desarrollaban un trabajo mecánico, rápido y calculado. No pudo por menos que ladear la cabeza suspirando con pesar, pensando que todos aquellos juguetes –montones y montones de cajas, que se deslizaban por unas enormes cintas ambulantes que los depositaban directamente en los almacenes de los pisos superiores-, no podrían hacer nunca completamente feliz a un niño. No existía ni una pizca de amor en su fabricación, y por lo tanto, bajo su punto de vista, se podía decir que eran juguetes sin alma, carentes de vida y creados sin ilusión. Igual de fríos e inermes como la piedra que un ángel negro había cambiado por el corazón del Señor Hate, aprovechando un descuido del ángel de la guarda.Pensando en él, estaba seguro de que le estaría observando a través del ojo de cristal de las numerosas cámaras instaladas por todos los rincones, seguramente disfrutando frente a la idea de que él, a semejanza de los niños que mantenía esclavizados, nunca más volvería a ver la luz del sol. Dicha certeza hizo, no obstante, que en su cara se dibujara una sonrisa todavía más amplia y generosa si cabe, pensando que muy pronto éste se daría cuenta del sentido real de la Navidad, aprendiendo, de paso, una lección vital que nunca olvidaría.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-7161295230214943022?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/7161295230214943022/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-4-santa-claus-prisionero.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7161295230214943022'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/7161295230214943022'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-4-santa-claus-prisionero.html' title='Capítulo 4: Santa Claus prisionero'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-4457855811991412850</id><published>2009-09-06T19:23:00.002+02:00</published><updated>2009-09-06T19:30:50.347+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 3: la maldad de Señor Hate</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;a &lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;aldad del &lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;eñor &lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;ate&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;1&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n su despacho, situado en lo más alto de la Torre Negra, el Señor Hate se frotaba las manos satisfecho, contemplando la ciudad de Nueva York a vista de pájaro, sintiéndose el hombre más poderoso del mundo. En su fuero interno, pensaba que ese era el lugar que realmente le correspondía: estar en la cima del mundo, tan cerca de las nubes, que podía llegar a tocarlas con el mínimo esfuerzo de estirar un poco el brazo. ¿Acaso no era un ganador?. Y siendo un ganador, ¿no merecía, también, estar muy por encima del resto de los seres humanos, tan vulgares y cenicientos, tan poca cosa comparados con él?. Enfrente suyo, fuertemente amordazado y vigilado de cerca por Caracortada Jackson y sus compinches, Santa Claus le contemplaba con curiosidad, aunque sin perder ni un momento la sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués de unos minutos de confusión al despertar, Santa se percató inmediatamente de la situación en la que se encontraba. En realidad, no era la primera vez que alguna persona malvada –había conocido a muchas durante su longeva existencia, aunque en el fondo sentía una grandísima pena por ellas y hasta llegaba a disculparlas pensando que eran personas que no habían tenido una infancia fácil porque el mundo, por desgracia, tampoco era perfecto, no siendo igual de justo para todos-, pretendía perjudicarle a él, intentando hacer, de paso, también daño a sus queridos niños. Pero afortunadamente, siempre había salido airoso de semejantes avatares, que con el paso del tiempo se iban convirtiendo en simples anécdotas, que algunas veces recordaba sentado confortablemente junto al fuego del hogar en compañía de sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ambién era cierto que en numerosas ocasiones, Belsnickle y Christnickle le habían aconsejado tomar medidas contra aquélla clase de individuos, pero Santa era un ser incapaz de perjudicar a nadie, por muy mala que fuera la persona en cuestión, diciendo convencido que no había encontrado nunca a una persona mala en la que no se pudiera encontrar algo bueno, por muy oculto que estuviera en lo más profundo de su corazón.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ero su sexto sentido –ese que todavía no se conoce muy bien, pero existe y que te avisa puntualmente cuando algo no marcha como debe- le decía que aquél iba a ser un hueso muy duro de roer. Tenía la desoladora sensación de que el Señor Hate había nacido sin corazón, y ese detalle le producía una pena infinita.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;R&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ecordó una ocasión, cuando era obispo en el pequeño pueblecito de Myra –Santa Claus escuchó a muy temprana edad la llamada del Señor, e inmediatamente se puso en camino sin hacer preguntas-, en que conversando con un viejo eremita –los eremitas son hombres santos, que buscan a Dios aislados del mundo y en completa soledad-, éste le confió que había personas a las que un ángel negro y malvado había robado el corazón al nacer, sustituyéndolo por una piedra. Era muy raro que pasara algo así, pero desde luego no imposible.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l eremita también le  dijo que la única manera de hacerles recuperar el corazón robado, era con mucho amor y paciencia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Bien, Señor Santa Claus –dijo el Señor Hate, encarándose con él-. Mi nombre es Hate, que en inglés significa odio, e iré directamente al grano: ¡es usted mi prisionero!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;anta no dijo nada, esperando a que Hate dijera todo cuanto tuviera que decir, aunque desde luego, éste no se hizo de rogar, añadiendo a continuación:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Soy el rey de los juguetes y no estoy dispuesto a compartir la gloria absolutamente con nadie, ¿me entiende?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo Santa no respondía –pensaba que para hablar había que saber primero escuchar-, el Señor Hate, inflando el pecho para darse aún más importancia, continuó diciendo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Le expondré la situación de una manera tan clara, que estoy seguro de que hasta un personaje tan ridículo como usted, la comprenderá perfectamente. Usted presume de tener una longevidad extraordinaria. Bien, en ese caso, sabrá que a lo largo de la Historia, los hombres han inventado numerosas formas de tortura -a cuál más sofisticada y dolorosa, si me permite decirlo-, para obtener algo de los demás. Pero no se preocupe, yo no soy tan bárbaro. De hecho, puedo asegurarle que mis métodos son de lo más civilizado. Por eso, y aún a pesar de la competencia tan desleal que me hace, engatusando a los niños, no le causaré ningún daño físico. Simplemente me limitaré a mantenerle incomunicado…¡eternamente!.&lt;br /&gt;-Aunque no lo crea, Señor Hate –dijo Santa, tranquilamente, sin dar muestras de nerviosismo o enfado en la voz-, le conozco desde hace mucho tiempo. Sé que es usted un hombre egoísta y terriblemente avaricioso. También sé que sus empleados son infelices y están amargados, porque les obliga a trabajar mucho y les paga un sueldo miserable. Pero aún así, resulta hermoso ver como la Navidad les inspira optimismo, amor, deseos de paz y felicidad…&lt;br /&gt;-¡Oh, vamos, Santa Claus!, -dijo el Señor Hate, airado-. No me venga con cuentos…En el mundo jamás podrá haber igualdad ni felicidad para todos…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;anta le miró pensativo. Luego, al cabo de unos segundos que a Hate le parecieron tan largos como un día sin hacer alguna maldad, preguntó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Ha cantado alguna vez un villancico, Señor Hate?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l Señor Hate, sorprendido por una pregunta que no esperaba y que además consideraba estúpida, le contestó enojado:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Detesto la Navidad y odio los villancicos!.&lt;br /&gt;-¡Pues créame que es una verdadera lástima!. ¡No sabe usted lo que se pierde!.&lt;br /&gt;-¡Tonterías!. ¡Abajo con él!, -ordenó el Señor Hate, dirigiéndose a Caracortada Jackson.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;2&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;lgún tiempo después de evaporarse el humo, los duendes fueron despertando poco a poco, incorporándose con lentitud, aunque todavía ligeramente mareados. Apenas recordaban nada de cuanto había sucedido –ocurrió todo demasiado rápido-, a excepción de una repentina humareda que se había extendido por toda la planta y algunos gritos angustiados que alertaban de un posible incendio. Christnickle fue el último en despertar. Instintivamente, había adoptado la postura de un bebé, encogido sobre sí mismo y con el dedo pulgar en la boca, detalle que consiguió que los demás duendes se burlaran de él, a excepción de Belsnickle, cuyo carácter, más serio –no en vano era el duende de más edad y posiblemente por eso se tomaba las cosas con más tranquilidad que los demás-, le impedía burlarse de un compañero, aunque la intención fuera buena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Qué…?, -gimió Christnickle desorientado, llevándose instantáneamente las manos a la cabeza, donde sentía un fuerte dolor-. ¿Qué ha pasado?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;adie sabía qué contestar, precisamente porque nadie estaba seguro de nada. Pero después de un rato, en el que todos daban su opinión –a cuál más terrorífica, fantástica y disparatada, pues los duendes nacen con una fantasía muy desarrollada y por eso son unos grandes inventores-, Belsnickle, mandando callar a todos, dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Chissst!. ¡Escuchad!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo era el duende más viejo, cuando Belsnickle decía alguna cosa, todos los demás obedecían sin rechistar. De manera que, aguzando el oído, todos ellos, desde el primero hasta el último, se pusieron a escuchar con atención.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No se oye nada, -comentó Christnickle al cabo de un rato-.&lt;br /&gt;-¡Esa es la cuestión!, -dijo Belsnickle, añadiendo a continuación: ¿No os parece extraño que ni siquiera se escuchen los ronquidos de Santa?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ada más terminar de decir Belsnickle estas palabras, y como movidos por un único e invisible resorte, todos los duendes corrieron en dirección a las habitaciones de Santa Claus. Cuando llegaron, el espectáculo que se ofrecía a sus ojos era completamente desolador. Parecía que por la habitación había pasado el más terrorífico de los huracanes, arrasándolo todo a su paso: las sillas, rotas y amontonadas en el suelo como las hojas perennes de algunos árboles en otoño; los cajones de los armarios tirados por los rincones y la ropa de Santa esparcida por toda la habitación; la cama, con su precioso baldaquino de época, desmantelada,  con el colchón rasgado en varios sitios y las plumas de ganso cubriéndolo todo como un manto de nieve.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;3&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ncadenado como los presos de una cárcel de máxima seguridad,  a Santa Claus le introdujeron a empujones en el ascensor. Todos, incluidos el Señor Hate y Caracortada Jackson, le miraban sonrientes, enseñándole los dientes como si fueran una manada de lobos hambrientos a punto de abalanzarse sobre él y devorarle a dentelladas. A velocidad vertiginosa, fueron bajando los ciento setenta y cinco pisos de la Torre Negra, hasta llegar al sótano número cinco, donde el ascensor se detuvo con tanta suavidad, que apenas se dieron cuenta de haber llegado a destino.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;anta Claus había visto muchas cosas a lo largo de su vida, pero no estaba preparado para lo que vino a continuación, cuando se abrieron las puertas del ascensor, de donde lo sacaron brutalmente a empujones –en realidad, había recibido tantas empujones desde su captura y secuestro en el Polo Norte que no era raro que tuviera algún cardenal en su cuerpo- y se encontró con cientos de caritas inocentes que le miraban con expresión asustada.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;istribuidos a lo largo y ancho de una enorme cadena de montaje, los niños –de toda edad, raza y condición-, trabajaban afanosamente en el montaje y ensamblaje de juguetes. La mayoría permanecían silenciosos, con sus cabezas muy bajas, seguramente intentando que los sicarios de Hate, así como los numerosos guardias que paseaban por los corredores con las porras en la mano y ojo avizor, no se fijaran en ellos. Otros, sin embargo, bien porque llevaran poco tiempo o quizás porque a pesar de todo nunca se habían acostumbrado a la terrible situación que estaban viviendo, sollozaban con amargura, gimiendo entrecortadamente como animales heridos. Era de estos últimos de quiénes más se burlaban los guardias –a Santa le molestaba mucho que los más débiles siempre recibieran las burlas y el maltrato de los más fuertes-, y con los que se ensañaban a golpes cada vez que pasaban por su lado. Pero todos ellos, desde el primero hasta el último, tenían algo que les hacía tristemente iguales: todos tenían una gruesa argolla de acero en los tobillos, que les encadenaba a su banco de trabajo y apenas les permitía moverse.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Bueno, bueno, Santa Claus, -dijo el Señor Hate con malicia-: ¡espero que dé un buen ejemplo a los niños y les anime a aumentar la producción!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués, dando media vuelta para entrar otra vez en el ascensor, se volvió y dijo, riéndose a carcajadas:Si necesita algo de mí…¡por favor, no me llame!.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-4457855811991412850?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/4457855811991412850/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-3-la-maldad-de-senor-hate.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4457855811991412850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4457855811991412850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-3-la-maldad-de-senor-hate.html' title='Capítulo 3: la maldad de Señor Hate'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-9150655664679044283</id><published>2009-09-04T11:01:00.002+02:00</published><updated>2009-09-04T11:31:44.915+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 2: La siesta de Santa Claus</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;a &lt;span style="font-size:180%;"&gt;s&lt;/span&gt;iesta de &lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;anta &lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;laus&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;oco antes de echarse su habitual siesta después de comer, Santa Claus tenía la costumbre de dar una vuelta por los talleres, asegurándose de que sus duendes artesanos estaban haciendo bien su trabajo para que todos los niños del mundo pudieran ver realizados sus deseos en Navidad. No se trataba de desconfianza. En su naturaleza, de carácter extrovertida y bonachona como pocas, no había sitio para la desconfianza, ni tampoco para los pensamientos negativos. En realidad, el auténtico secreto de Santa Claus radicaba en su eterno optimismo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;acía muchos años –tantos, que en ocasiones sus recuerdos se enredaban como los hilos de una madeja y sus duendes ayudantes, Belsnickle y Christnickle, tenían que refrescarle oportunamente la memoria-, que había aprendido que la única fuerza capaz de proporcionar la felicidad a las personas, era el optimismo. Ahí, precisamente, se encontraba la verdadera magia, esa que Dios deposita amorosamente en los corazones de todos en el mismo momento de nacer.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or supuesto, no era necesario realizar ningún tipo de excéntrico ritual; ni utilizar complicadas fórmulas mágicas, impronunciables y totalmente carentes de sentido. Tampoco servían de nada las varitas mágicas, ni las escobas voladoras, ni los gatos negros y los sapos que, según creían algunos, ayudaban a los magos en sus oscuros y siniestros encantamientos. El optimismo era la magia que nacía con cada persona y conseguía hacer realidad el milagro de que todos los días –incluidos los lunes, que suelen gustar muy poco a las personas- fueran tan especiales e intensos como un día festivo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or eso, cuando decidió explorar el misterioso Polo Norte, buscando un lugar donde instalarse y trabajar tranquilo al servicio de los niños, el optimismo no permitió que la desolación de aquél inhóspito sitio le desanimara. Ni tampoco permitió que sus condiciones ambientales extremas –hacía tanto frío que incluso los pingüinos se pasaban todo el tiempo chocando sus curiosas alas palmeadas para entrar en calor-, le obligaran a dar media vuelta y regresar lo más deprisa posible por donde había venido, antes de quedarse igual de congelado que un muñeco de nieve.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;F&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ue el optimismo lo que acrecentó su fe –y no en vano, porque todo el mundo sabe que la fe es capaz de mover montañas-, y gracias a ello, pudo descubrir, cuando sus fuerzas comenzaban a flaquear, algo tan inesperado y fantástico, que a primera vista parecía un espejismo: frente a él, a pocos kilómetros de distancia, se divisaba un valle templado, repleto de vegetación y libre completamente de hielo. Aquello, sin ninguna duda, era un milagro. Pero Santa también era consciente de que los milagros no sirven de nada si no se aprovechan.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n su largo viaje le acompañaban dos buenos amigos. Se trataba de los duendes Belsnickle y Christnickle, dos simpáticos personajes a los que había ayudado en numerosas ocasiones –tenían una habilidad especial para meterse siempre en líos-, los cuales se hicieron sus amigos inseparables, acompañándole a todas partes.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;i qué decir tiene, que los duendes son unos seres especiales y fantásticos, a los que la naturaleza ha dotado con muchas y variadas cualidades, y están en el mundo desde mucho tiempo antes que los hombres. Entre esas cualidades, destaca –aparte de la invisibilidad, que les hace pasar inadvertidos y por eso mucha gente no cree en ellos-, la facultad extraordinaria de poder comunicarse con el pensamiento, sin que importe la distancia a la que se encuentren los unos de los otros.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l poco tiempo de que pusieran en práctica ésta cualidad, y conociendo el deseo de Santa de velar por la ilusión de todos los niños del mundo, el lugar comenzó a llenarse de duendes. Venían de muchos países de Europa –Dinamarca, Noruega, Suecia, Alemania, Francia e incluso de España-, y también de algunas regiones poco conocidas del lejano Oriente, situadas en lugares tan exóticos y lejanos como la China, el Tíbet y el Japón. A ésta última clase de duendes se les reconocía inmediatamente por su rostro barbilampiño, sus pequeños ojos rasgados, semejantes a almendras y la larga coleta trenzada que lucían en la base de la nuca.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ambién los animales quisieron participar, y haciendo caso de la llamada de Rodolfo –el reno volador que les había acompañado en la expedición, soportando la pesada carga de las herramientas y las provisiones-, seis fornidos renos voladores se presentaron sin tardanza en el lugar. Sus nombres, ordenados alfabéticamente, eran los siguientes: Alegre, Bailarín, Bromista, Saltador, Veloz y Zalamero.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na vez construida la fábrica de juguetes –había sido decisión democrática que se llamara el Reino de los Juguetes-, estos renos, liderados por Rodolfo, se encargaban de remolcar el trineo de Santa Claus todas las Navidades, haciendo tintinear alegremente las campanillas cada vez que Santa entraba y salía de las chimeneas de los hogares –como era tradición-, dejando su cargamento de juguetes al pie del árbol de Navidad.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando Santa comprobó que todo estaba en orden –los duendes eran buena gente, pero su carácter excesivamente alegre les hacía ser también muy bromistas, inconstantes y olvidadizos de sus responsabilidades-, se tumbó en el enorme camastro de madera, no tardando mucho tiempo en quedarse profundamente dormido. Tan profundo era su sueño, que no se enteraba absolutamente de nada. Por eso, no terminaba de creer a sus duendes cuando le decían, al despertar, que sus ronquidos se oían a kilómetros de distancia.&lt;br /&gt;¡Y era verdad!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;2&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os vehículos oruga, especiales para desplazarse por el hielo, se deslizaban  ruidosamente por las heladas estepas, dirigiéndose hacia el norte misterioso y prácticamente inexplorado, siguiendo unas coordenadas de latitud y longitud que les habían sido entregadas de antemano. Caracortada Jackson conducía el primero de ellos, y a juzgar por la expresión de su rostro, estaba –para no variar-, con un humor de perros. Los dientes del compinche que estaba sentado a su lado castañeteaban de tal manera, que en la cabeza de Caracortada Jackson se fue haciendo, más y más fuerte a medida que los escuchaba, la idea de expulsarle de una patada al exterior y librarse así de ese molesto tormento.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;divinando sus pensamientos, y temiendo por su propia seguridad, el compinche, que respondía al nombre de Comadreja, dijo a modo de disculpa:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento, Caracortada. Tengo tanto frío, que no puedo evitar que los dientes me castañeteen como si fuera un conejo masticando una zanahoria.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aracortada no contestó. Tan sólo se limitó a emitir un gruñido, cuyo tono e intensidad se asemejaba más al aullido de un lobo, fijando a continuación la vista en el parabrisas del tractor. Los remolinos de nieve, arrastrados por los fuertes vientos polares que soplaban en el exterior, hacían que ésta se amontonara persistentemente en los cristales, dificultando, y mucho, la visión.&lt;br /&gt;Hubo un momento, sin embargo, en que era tanta la cantidad de nieve acumulada en los cristales, que los limpiaparabrisas se veían incapaces de despejarla; al menos, con la rapidez suficiente para que pudieran ver por dónde circulaban.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or fortuna para ellos, el Señor Hate no había reparado en gastos –tan grande era su deseo de capturar a Santa Claus, que se había olvidado de su propia avaricia-y había mandado instalar en los dos enormes tractores un sofisticado y caro aparato, capaz de detectar cualquier obstáculo que se encontrara a quinientos metros de distancia, por lo que evitaba, al menos esa era la idea, que chocaran contra cualquier cosa imprevista en su camino.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;V&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;arias horas después, cuando pensaban que quedarían enterrados en la nieve para siempre, el viento cesó inexplicablemente. Cuando los limpiaparabrisas despejaron los cristales, pudieron ver, no muy lejos de donde se encontraban, un hermoso arcoiris de colores que se levantaba por detrás de una extensa zona verde, libre por completo de hielo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Caray!, -exclamó, Comadreja, sin dar crédito a lo que sus ojos veían-. ¿Será un espejismo?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aracortada Jackson apenas se inmutó. No podía hacerlo puesto que su naturaleza era más fría, si cabe, que los helados témpanos de hielo que se veían alrededor, que habían permanecido así durante millones de años, cuando sobre el mundo se abatió de improviso aquello que los científicos denominan como la Era Glacial. Sin embargo, sus dientes –tan afilados o más que los de un tiburón-, emitieron un brillo especial cuando, una vez en el exterior, escucharon con total claridad lo que parecían ser toda una procesión de ensordecedores ronquidos.&lt;br /&gt;“Luego Hate tenía razón”, pensó Caracortada para sus adentros. “Es verdad que los ronquidos de Santa Claus se oyen a kilómetros de distancia. Bien, habrá que poner manos a la obra”.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;B&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;elsnickle y Christnickle permanecían de guardia mientras Santa dormía, sabiendo que sus siestas podían llegar a ser tan largas como un invierno polar. Mientras caminaban por la enorme sala donde los duendes se afanaban en la fabricación de juguetes de diversa índole y material –había numerosos duendes artesanos que trabajaban la madera con maestría sin igual-, comprobaban personalmente que todos los juguetes cumplieran la Norma de Seguridad aconsejada por Santa: ningún juguete podía dañar nunca a un niño.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;o obstante, a medida que observaban que el trabajo se realizaba con seguridad y precisión –una suave música de Mozart ayudaba en su concentración-, mantenían una discusión acerca de sus trajes. Dado que Belsnickle era el duende de más edad –el día 24 de diciembre cumpliría la nada despreciable cantidad de quinientos cincuenta y cinco años-, resultaba, también, más conservador, y por lo tanto, poco amigo de los cambios.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n su opinión, el color verde de sus uniformes resultaba mucho más adecuado que ningún otro, porque representaba la libertad y la belleza intrínseca de los bosques, donde, por regla general, solían vivir desde el alba de los tiempos, y donde la Naturaleza les proveía de todo aquello cuanto necesitaban.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or el contrario, Christnickle, bastante más joven y de pensamientos innovadores, argumentaba que, dado que incluso Santa se había hecho confeccionar un traje a medida –la idea había sido de Thomas Nast, un caricaturista norteamericano de origen alemán, muy amigo suyo, que pensó que alguien dedicado por completo a los niños debía mostrar un aspecto alegre y desenfadado, de ahí el color rojo de su traje-, ellos deberían también renovar su vestuario, cambiando el color.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Podríamos hacer una combinación de colores, utilizando las gotas de rocío como fijador natural, -decía Christnickle, entusiasmado con la idea, mientras Belsnickle ladeaba la cabeza pensativo, sin que la sugerencia terminara de convencerle.&lt;br /&gt;-No digo que tenga que ser rojo, como el de Santa, -continuaba diciendo Christnickle-, pero deberíamos tener también nosotros un color alegre en nuestros trajes. Por ejemplo, naranja. O amarillo. Sí, creo que el color amarillo en nuestros trajes nos haría resaltar…Además, por la noche brillaríamos como luciérnagas.&lt;br /&gt;-¿Para qué querríamos brillar como luciérnagas?, -preguntó Belsnickle, confuso, pensando que su amigo y compañero se había vuelto definitivamente majareta.&lt;br /&gt;-¿No crees que eso les gustaría mucho a los niños?.&lt;br /&gt;-¡Oh, vamos!, -protestó Belsnickle. Sabes que los niños no pueden vernos. Si nos vieran, perderían la ilusión en la magia de la Navidad y Santa se enfadaría mucho.&lt;br /&gt;En esos términos discutían los dos, cuando el taller comenzó a llenarse de humo. Antes de que pudieran reaccionar, escucharon el grito angustiado de los duendes artesanos:&lt;br /&gt;-¡Fuego!. ¡Fuego!.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ero apenas pudieron darse cuenta de nada más, porque a medida que el humo iba extendiéndose por los talleres, todos comenzaron a perder el conocimiento, cayendo al suelo como sacos de patatas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or eso no pudieron ver cómo Caracortada Jackson, Comadreja y los demás secuaces, irrumpían violentamente en las habitaciones privadas de Santa Claus, derribando todo aquello cuanto se encontraban en su camino.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-9150655664679044283?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/9150655664679044283/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-2-la-siesta-de-santa-claus.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/9150655664679044283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/9150655664679044283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-2-la-siesta-de-santa-claus.html' title='Capítulo 2: La siesta de Santa Claus'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-1819350334161027890</id><published>2009-09-03T09:15:00.002+02:00</published><updated>2009-09-03T09:24:40.946+02:00</updated><title type='text'>El secuestro de Santa Claus</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;apítulo &lt;span style="font-size:180%;"&gt;I&lt;/span&gt;: &lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;as &lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;orres &lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;egras&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;onstruidas en el centro de las principales ciudades del mundo, las Torres Hate parecían enormes misiles de cemento y hormigón, apuntando directamente al cielo. Todas tenían una altura equivalente a ciento veinticinco pisos, excepto la torre que se ubicaba en el centro de la ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos de América, cuya altura equivalía a ciento setenta y cinco pisos. Era una torre tan alta, que no se podían ver los últimos pisos, aunque el cielo estuviera despejado de nubes. En ella tenía su Cuartel General el Sr. Hate, presidente, único accionista, dueño y señor de Juguetes Hate.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l Sr. Hate era un hombre inmensamente rico y poderoso. Pero también irascible –tenía tan mal carácter, que incluso a los pájaros se les ponía un nudo en las bolsas vocales que les impedía cantar en su presencia-, prepotente, egocéntrico, y por encima de todos sus defectos –que no eran pocos-, tremendamente egoísta.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;abía sido decisión suya que las fachadas de todas sus torres, desde el suelo hasta el último piso, estuvieran revestidas con bloques de mármol negro para que destacaran por encima de los demás edificios. Por ese motivo, y por algunos otros que adelantaremos más adelante, todo el mundo las conocía como las Torres Negras.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ambién, en el último piso, todas las torres tenían un inmenso cartel luminoso que se podía ver a kilómetros de distancia, cuya iluminación costaba mensualmente una verdadera fortuna, en el que podía leerse lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;“Juguetes Hate, la perfección al alcance de los niños”.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l ser tan alta, la torre donde el Sr. Hate tenía su Cuartel General –le gustaba denominarlo así porque imponía a todos sus empleados una disciplina cien por cien militar-, disponía de una antena especial que detectaba el rumbo de los aviones a distancia y les enviaba una señal de alerta cuando estos se aproximaban demasiado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ara los pilotos que habían sufrido el desagradable aviso generado por el aparato –las ondas electromagnéticas que emitía les atravesaba la cabeza de parte a parte, provocándoles un espantoso dolor-, volar cerca de aquélla torre significaba  un peligro mucho mayor que si se les colaba accidentalmente un ave en cualquiera de los reactores de su avión. Hasta tal punto estaban cansados de ésta situación, que habían rellenado infinidad de formularios denunciando una situación que consideraban muy arriesgada para su seguridad y la seguridad de sus pasajeros. Pero el Sr. Hate disponía de los mejores abogados que el dinero puede comprar, y todas las denuncias habían terminado en el cesto de la basura.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a estructura de todas las torres Hate era exclusivamente empresarial. Disponían de cinco niveles subterráneos, donde estaban instaladas las cadenas de producción, así como los almacenes. Junto a estos, se habilitaban los muelles de carga, con una capacidad más que suficiente para que una flota de aproximadamente doscientos camiones pudiera abastecer con toneladas de juguetes a los principales puntos de venta del país.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n la planta baja, un enorme recibidor daba la bienvenida a los visitantes. Debajo de un desproporcionado mural que representaba los rasgos del Sr. Hate, serio, vigilante y orgulloso –ningún fotógrafo había sido capaz de sonsacarle nunca una sonrisa-, un equipo formado por veinte guardias de seguridad, armados hasta los dientes, informaba y vigilaba al público desde los monitores de televisión instalados en el mostrador. Este, como no podía ser menos, era de mármol negro. El color de los uniformes de los guardias, también.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;an obsesionado estaba el Sr. Hate con la seguridad –en realidad sentía verdadero pánico a que le robaran cualquier cosa, por pequeña y nimia que fuera-, que había ordenado instalar infinidad de cámaras en todos y cada uno de los rincones de su impresionante edificio. Naturalmente, en su despacho tenía instaladas, como era de suponer, varias terminales con docenas de pantallas de televisión, desde las que podía observar cualquier lugar que se le antojara, incluido hasta el último rincón, ese que por regla general nadie visita nunca y suele estar siempre lleno de telarañas. Era tan fácil como apretar un simple botón.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;in embargo, el Sr. Hate sentía una predilección especial por controlar a los trabajadores de la cadena de montaje instalada en el sótano número cinco.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;odos los trabajadores, desde el primero al último, eran niños que los agentes de Hate sacaban a la fuerza de los orfanatos, previo pago a los directores de una interesante cantidad de dinero, que conseguía el milagro de callarles la boca para siempre. Cuando algún director daba muestras de sacar a relucir el más mínimo signo de escrúpulos –hecho, por otra parte, que ocurría en poquísimas ocasiones-, los agentes de Hate le aleccionaban, asegurándole que a cada niño se le abriría una cuenta de ahorro con su salario, cuyo total percibiría cuando cumpliera los dieciocho años de edad, momento en el que podría elegir continuar trabajando en la empresa o marcharse a buscar fortuna a otro sitio.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or supuesto, todo era mentira. Hate no pagaba absolutamente nada a los niños, sino que, por el contrario, les obligaba a trabajar de sol a sol, beneficiándose impunemente del esfuerzo de su trabajo. No obstante, la mayor desgracia que les esperaba a los pobres niños –aparte de trabajar como auténticos esclavos, que no era poca desgracia-, es que nunca más volvían a ver la luz del sol.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;as siguientes plantas contenían, en el orden que se indica –Hate era también muy puntilloso en este aspecto-, los siguientes departamentos: tiendas repletas de juguetes, clasificadas por características y edad; oficinas, donde cientos –por no decir miles- de administrativos se ocupaban del papeleo y la contabilidad, cuyos registros controlaba personalmente el Sr. Hate todos los días, y pobre del contable que errara un solo apunte; departamentos de marketing, donde los mejores especialistas del mercado se encargaban de publicitar y promocionar los juguetes antes de que salieran a la venta; equipos de investigación y desarrollo, el trabajo de cuyo personal consistía en diseñar y probar nuevos juguetes antes de ponerlos a la venta, en cuya plantilla figuraban los mejores inventores del mundo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;as últimas plantas eran de uso exclusivo del Sr. Hate y estaban restringidas a todo el mundo, excepto a su personal de confianza, entre los que se encontraba el Sr. Slut. Slut era un personaje de corta estatura, rastrero como un zorro, que tenía un cuello tan delgado y largo, que todo el personal se refería a él a sus espaldas con el apelativo de Cuellopato. En las plantas inmediatamente inferiores a su despacho, el Sr. Hate había instalado un zoo con animales exclusivos, entre los que cabía destacar las especies más raras y peligrosas de arañas, serpientes e insectos venenosos; un acuario con toda clase de animales marinos, incluidos un buen número de tiburones de diferentes especies y agresividad, a los que idolatraba por considerarlos tan ávidos y poderosos como él; un gimnasio, con sauna, jacuzzi y piscina, así como un pequeño observatorio astronómico, donde solía pasar muchas horas por la noche observando las estrellas, soñando que algún día sus juguetes conquistarían el Universo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or último, en lo más alto del edificio, es decir, en la azotea, el Sr. Hate había mandado construir un helipuerto de uso exclusivo, naturalmente, que utilizaba todos los días para desplazarse en helicóptero de casa al trabajo y del trabajo a casa, porque detestaba el tráfico rodado, y sobre todo mezclarse con la gente, a la que consideraba patéticamente inferior, y por supuesto, indigna de su compañía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;2&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;quélla mañana, el Sr. Hate estaba de peor humor que de costumbre, lo cuál, por otra parte, no era un hecho inhabitual en él. En el buzón de su casa había aparecido un curioso periódico, hecho que se podía considerar poco menos que prodigioso, si se tiene en cuenta que la rejilla del buzón estaba situada en la pared de la garita de los guardias y estos juraban y perjuraban que no habían abandonado su puesto ni un minuto, ni tampoco se habían dormido. El periódico estaba doblado por la mitad, precintado con una cinta roja de la que colgaba un pedazo de muérdago y una campanilla dorada.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n la primera página podía leerse el nombre del periódico -“La Voz de la Navidad”-, y en portada aparecía una foto de cuerpo entero y a todo color de Santa Claus.&lt;br /&gt;Resultaba un hecho indiscutible que el Sr. Hate sentía verdadero odio hacia aquél simpático personaje, al que consideraba como su más directo y peligroso competidor. De manera que no era raro que su cara fuera adquiriendo, al verlo, todas las tonalidades posibles del color rojo, desde el pálido al bermellón.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ebajo de la fotografía, un titular en grandes letras negras decía:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;“AVISO ESPECIAL A TODOS LOS NIÑOS”&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; continuación, y en cuidadas letras de estilo gótico –un tipo de letra muy trabajada que se utilizaba mucho antiguamente-, se podía leer un pequeño texto, que el Sr. Hate consideró, despectivamente, como la perorata sin sentido –al menos desde el punto de vista comercial- de un viejo loco y pasado de moda:&lt;br /&gt;“Queridos niños, mis mejores deseos desde el Polo Norte. Con la Navidad a la vuelta de la esquina, os recuerdo que habéis de ser buenos, obedecer a vuestros padres y estudiar mucho. También quiero deciros que éste año mis duendes ayudantes se han esmerado tanto, que va a ser difícil que ningún niño se quede sin sus juguetes. De manera que ánimo, a ser buenos chicos y yo personalmente me encargaré de que todos vuestros deseos se hagan realidad muy pronto”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué desfachatez!, –exclamó el Sr. Hate rojo de ira, tirando el periódico al cubo de la basura. ¡Enviarme esto a mí, al mayor fabricante de juguetes del mundo!. ¡Qué digo, de la galaxia, y aún así me quedo corto!. ¡Si ese vejete quiere guerra, guerra tendrá!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;amino de su despacho, su humor era tan ácido, que el piloto del helicóptero no se atrevía a abrir la boca por temor a que saltaran chispas que provocaran un incendio y estallaran en el aire. Conocía lo suficiente al Sr. Hate como para saber que en momentos así cualquier cosa era posible.&lt;br /&gt;Mientras tanto éste, que ni siquiera se había abrochado el cinturón, despreciando con su actitud una norma básica de seguridad, no dejaba de darle vueltas al asunto del periódico, estrujándose el cerebro, una y otra vez, buscando la manera más adecuada de desembarazarse para siempre de Santa Claus.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ara él, cuyo poder le hacía sentirse poco más o menos igual a Dios, cualquier cosa era válida para conseguir sus objetivos: desde desviar el rumbo de un satélite militar y hacer que bombardeara el Polo Norte, hasta acelerar el efecto invernadero y esperar a que Santa se ahogara cuando se derritiera el hielo de los casquetes polares.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ero no. Ninguna de esas acciones le terminaba de convencer, más que nada por los inconvenientes que presentaban.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;na explosión en el Polo Norte sería inmediatamente detectada por los Gobiernos de todo el mundo, que mandarían investigar tan inusual acontecimiento. Los investigadores descubrirían el origen de la explosión, y tarde o temprano terminarían encontrando pruebas que le inculparan.&lt;br /&gt;Por otra parte, acelerar el efecto invernadero, podía traer inundaciones capaces de cambiar el aspecto del planeta, corriendo también el riesgo de que las aguas se tragaran todas sus empresas, dejándole en la más horrorosa de las miserias.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or lo tanto, descartó aquéllas dos alternativas, maldiciéndose a sí mismo porque no era capaz de encontrar una solución que le satisficiera. Hasta tal punto la ira y la frustración se evidenciaban en los rasgos de su cara –las mandíbulas apretadas y los ojos fijos, semejantes a los ojos de los toros cuando están a punto de envestir el capote del torero-, que el piloto no se atrevió a decirle que ya habían aterrizado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;rovidencialmente, la suerte estuvo de parte del pobre piloto, pues cuando estaba a punto de tomar una determinación –llevaban varios minutos parados, y le gustara o no, tendría que decírselo tarde o temprano-, la puerta del helicóptero se abrió repentinamente:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Buenos días, Sr. Hate. ¿Ha descansado bien?.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; pesar de la repulsión que sentía hacia la persona de Cuellopato Slut, el piloto no pudo por menos que estarle agradecido en ésta ocasión. Hate, como de costumbre, le trataba con un absoluto desprecio a pesar de las palabras de afecto y las reverencias con que éste le obsequiaba durante todo el tiempo que permanecía a su lado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Déjate de zarandajas y localízame inmediatamente a Caracortada Jackson!.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;3&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Caracortada Jackson le disgustaban muchísimas cosas, pero por encima de todas, le ponía verdaderamente furioso que le distrajeran cuando estaba jugando una partida de billar. La llamada telefónica, inoportuna como pocas, le sobresaltó cuando se disponía a golpear la bola, haciéndole fallar el tiro y rasgar la delicada tela verde del tapete. Furioso, lanzó el teléfono móvil contra la pared, observando impertérrito cómo éste se desintegraba en mil pedazos que quedaron esparcidos por el suelo sin orden y concierto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l dueño del local –un gigante de piel negra, dos metros de estatura y unos músculos de acero, templados durante muchos años en la recolección de la caña de azúcar-, le miró con cara de pocos amigos, agarrando una cachiporra que tenía guardada debajo del mostrador para casos de emergencia. No era la primera vez que tenía que emplearla en la cabeza de Caracortada y sus compinches, aunque esperaba no tener que hacerlo en ésta ocasión.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;as peleas no eran buenas para el negocio, porque la gente salía herida, la policía cerraba el local y los ingresos se evaporaban tan rápido como el humo del tabaco al abrirse una ventana.&lt;br /&gt;Además, Caracortada Jackson no era un hombre de fiar. Los que le conocían, aseguraban –algunos hasta lo juraban solemnemente sobre la Biblia-, que había vendido su alma al Diablo y que por eso éste se había quedado para siempre con su corazón.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;artín –así se llamaba el dueño del local, y era originario de Puerto Rico-, era un buen cristiano, aunque sobre su conciencia pesaban algunos pecadillos por los que algún día tendría que echar cuentas con Dios, y creía a pies juntillas todo lo que se decía.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;I&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ncluso aquéllas historias donde se contaba que había sido mercenario en Africa, lugar donde había cometido tantas maldades, que numerosos brujos tribales le habían maldecido para siempre con terroríficos sortilegios. También se decía que había ganado una auténtica fortuna durante su vida de aventuras en el Mar de China, donde todavía se le recordaba como un pirata feroz y despiadado. Cierto o no, de lo que sí estaba seguro Martín, era que Caracortada Jackson siempre llevaba dinero en los bolsillos, y que en ocasiones –sólo en ocasiones, pues la generosidad no formaba parte de sus escasas cualidades-, se permitía invitar a los clientes a una ronda.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando sonó el teléfono del establecimiento –estaba situado en un rincón, al principio de la barra-, Martín lo cogió, sin soltar la cachiporra; y por supuesto, sin dejar de vigilar a Caracortada, de cuya boca abierta salían todo tipo de exabruptos y palabrotas, que habrían hecho palidecer de vergüenza a un santo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Sí, está aquí, -contestó, cuando al otro lado de la línea le preguntaron por Caracortada Jackson.&lt;br /&gt;-Caracortada, es para ti, -dijo, un segundo después, ofreciéndole el auricular.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aracortada Jackson lo cogió de mala manera, como era su costumbre, y con voz fuerte y desagradable, se le oyó decir:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Caracortada al aparato.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n minuto después colgó el auricular, depositándolo con un golpe seco que hizo moverse los vasos que había encima de la barra, haciendo caer algunos. En su feo rostro, lleno de cicatrices de múltiples tamaños y color –por eso le llamaban Caracortada-, apareció lo que parecía una sonrisa. Luego, dirigiéndose a sus hombres, que le miraban expectantes, dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; Muchachos, ¡tenemos trabajo!.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-1819350334161027890?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/1819350334161027890/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/el-secuestro-de-santa-claus.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1819350334161027890'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1819350334161027890'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/el-secuestro-de-santa-claus.html' title='El secuestro de Santa Claus'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-2405247410749687209</id><published>2009-09-02T10:34:00.000+02:00</published><updated>2009-09-02T10:36:27.529+02:00</updated><title type='text'>Aroa y el Genio de los Libros: Final</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;F&lt;/span&gt;inal&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Supongo, señorita Aroa, que habrá puesto la suficiente atención como para explicar a todas sus compañeras de clase, cuál es la función de la Literatura y cuáles son sus causas y efectos, -dijo la señorita Gutiérrez, mientras sus ojos grises la observaban con suspicacia detrás del grueso cristal de sus horribles gafas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;penas tardó Aroa unas décimas de segundo en contestar, poniéndose tan rápido de pie, que parecía que había sido catapultada por un resorte:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La función más generalizada de la Literatura, en mi modesta opinión, -dijo, sin apenas sorprenderse por la fluidez con que las palabras surgían de su garganta-, radica en una simple y hermosa cuestión de comunicación. Aunque no sabemos en qué fecha exacta de la Historia el hombre sintió la necesidad de comunicarse con los demás, teniendo conciencia de ello, sí sabemos, sin embargo, que a partir de símbolos, señales y pinturas, hizo realidad el lenguaje, adquiriendo la capacidad de expresarse que, dicho sea de paso, lo diferenciaba de los animales, haciéndole acceder a un nivel superior. Expresar sus deseos, sus sentimientos y su vida, pasó a ser parte esencial de su ser. Por eso, pienso también que el descubrimiento más importante de la Humanidad –aparte del fuego y la rueda-, fue el lenguaje. Y a partir de ahí, la escritura...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;penas terminó de exponer sus opiniones a la pregunta formulada, Aroa fue testigo de algo que a partir de entonces consideró como un milagro escolar: la señorita Gutiérrez estaba sonriendo. Y en el fondo de sus ojos grises, gélidos como un pedazo de hielo hasta entonces, advirtió algo tan hermoso y tierno, que la trajo a la mente extraños recuerdos que apenas conseguía situar correctamente en aquellos precisos momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por un momento temí que te hubieras quedado dormida otra vez, -dijo la señorita Gutiérrez, aunque no había severidad en su voz ni acusación alguna tampoco. Te felicito. Ha sido una exposición excelente. Creo que ni yo misma lo hubiera expresado mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or una vez, también, Matildita no sonreía, ni alzaba la cabeza con aires de manifiesta superioridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando la clase terminó –se le había pasado volando, sin apenas enterarse-, murmuró para sus adentros, mientras caminaba por la calle acompañada de su abuelo:&lt;br /&gt;- Hoy es mi cumpleaños. Tal vez alguien tenga la feliz idea de regalarme un bonito libro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-2405247410749687209?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/2405247410749687209/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/aroa-y-el-genio-de-los-libros-final.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2405247410749687209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2405247410749687209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/aroa-y-el-genio-de-los-libros-final.html' title='Aroa y el Genio de los Libros: Final'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-3566023923560545874</id><published>2009-09-01T08:21:00.002+02:00</published><updated>2009-09-01T08:34:34.196+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 5: El Gran Concurso de Literatura</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;l &lt;span style="font-size:180%;"&gt;G&lt;/span&gt;ran &lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;oncurso de &lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;iteratura&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l anuncio de la apertura del Gran Concurso de Literatura había causado tal expectación entre los numerosos invitados a participar, que incluso Aroa se encontraba presa de una gran excitación, deseando ponerse enseguida manos a la obra y escribir un bonito cuento con el que ganar el premio, aunque no supiera todavía en qué podía consistir éste y si efectivamente existía dicho premio. Nunca hasta entonces había participado en acontecimientos de similares características –si exceptuamos las aburridas redacciones y los trabajos obligatorios que la mandaban en el colegio, un día sí y otro también-, y aquélla inesperada novedad le pareció, en principio, algo decididamente inusual, pero que podía llegar a ser muy divertido. Aunque la Reina Inspiración se había retirado prudentemente a sus aposentos después de la apertura del Gran Concurso –no era en modo alguno recomendable que permaneciera entre los concursantes y pudiera dejar escapar alguna sugerencia que supusiera una ventaja para unos y una desventaja para otros-, la providencia había querido que el Genio de los Libros estuviera cerca y de vez en cuando pudiera hacer alguna puntualización con respecto a algunas cuestiones que ella no tenía lo suficientemente claras. Como nunca en su vida había participado en un concurso, fuera éste de la índole que fuera, era natural que tuviera algunas dudas puntuales, aunque, quizás, la que más la mortificaba en un principio fuera la espinosa cuestión de adivinar por dónde comenzar a escribir. Y en tal sentido, tenía la sensación de que las ideas parecían haber hecho las maletas y haberse marchado de vacaciones al último rincón del planeta, donde ella no pudiera encontrarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;recisamente iba a comentárselo al Genio de los Libros cuando éste, seguramente motivado por la carita de aflicción que puso Aroa cuando le miró, la susurró al oído:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A lo mejor te ayudaría bastante comenzar buscando un título. De esa manera, puedes continuar inventándote lo demás, utilizándolo como punto de referencia para el desarrollo de la historia que desees escribir.&lt;br /&gt;-Gracias, parece una buena idea, -contestó Aroa, devanándose los sesos, literalmente hablando, buscando un título apropiado que la sugiriese una historia interesante, capaz de sobresalir de todas las demás y hacerse con el premio que, suponía, habría de entregarle al ganador la Reina Inspiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ientras pensaba, miró con curiosidad a su alrededor. Algunos concursantes estaban tan concentrados escribiendo sobre el papel, que Aroa tuvo la impresión de estar viendo estatuas similares a las que había visto a lo largo de las diferentes plantas del palacio-zigurat de la Reina Inspiración. Otros, sin embargo, conversaban tranquilamente entre ellos, intercambiando ideas y opiniones. Tan concentrada estaba pensando sobre el particular, que no se dio cuenta de que Peter Pan aterrizaba por segunda vez a su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sigo sin encontrar a Wendy, -dijo, sobresaltándola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués, adoptando una expresión ceñuda y meditabunda, añadió antes de alejarse volando otra vez:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tendrá el maldito capitán Garfio algo que ver con su inexplicable desaparición?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;roa no conocía la historia de Peter Pan ni sabía, en consecuencia, quiénes eran Wendy, los Niños Perdidos y el capitán Garfio. Pero como el Genio de los Libros parecía tener todavía el poder de leerla el pensamiento, no tardó mucho en enterarse de toda la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todo se debe a la maravillosa imaginación del escritor escocés James W.Barrie, nacido en 1860. La acción se desarrolla en el fantástico País de Nunca Jamás y Peter Pan representa, en mi modesta opinión, al niño que todos llevamos dentro y que prácticamente olvidamos cuando crecemos, aunque de vez en cuando se despierte en nuestro interior y nos pregunte: “¿acaso te has olvidado ya de lo divertido que es jugar a las canicas?”.&lt;br /&gt;-¡Oh!, -exclamó Aroa, simplemente, preocupada porque todavía no había encontrado un título que la agradara lo suficiente como para ponerse a escribir y aquél imprevisto la ponía nerviosa.&lt;br /&gt;-La vida de Barrie –continuó explicando el Genio de los Libros-, no fue tan original y divertida como las aventuras de sus entrañables personajes. Siempre le afectó mucho la muerte de su hermano cuando apenas tenía seis años de edad. En 1894 se casó con la actriz Mary Ansell, pero no tuvieron hijos y hay quien asegura por ahí que el matrimonio no fue muy afortunado. Unos años más tarde, en 1897, conoció a Sylvia Llewellyn y a sus hijos. Fue basándose en las historias que les contaba a estos, como nació el personaje de Peter Pan, el niño que se negó a crecer. De hecho, en Psicología, existe un síndrome que lleva su nombre: síndrome de Peter Pan. Como te decía, por aquélla época, Barrie tenía cuarenta y cuatro años y el libro se publicó en 1906. Fíjate que la historia resultó tan popular, que hubo una primera adaptación cinematográfica en el año 1924. Me refiero, por supuesto, a la versión rodada por H.Brenon, aunque he de reconocer que la más popular es la versión animada de Disney de 1953.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;roa asintió con la cabeza, pensativa. Cerca de la mesa donde ella se encontraba sentada, observó cómo Julio Verne le comentaba en alto al capitán Nemo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Albricias, Nemo!. Apenas fallé una treintena de kilómetros cuando realicé los cálculos para situar el lugar de aterrizaje de mi módulo lunar.&lt;br /&gt;-Bueno, maestro. Un fallo lo tiene cualquiera, -contestó éste, cambiándose la escafandra de mano.&lt;br /&gt;-Si, pero es un fallo imperdonable para un miembro del Club de la Prensa Científica al que me honro de pertenecer. ¿Qué pensarán mis colegas de mí?.&lt;br /&gt;-No lo sé, -contestó el capitán Nemo, intentando en vano consolarlo. Pero sí que me consta que los hombres del siglo XX le consideran un genio.&lt;br /&gt;-¡Tonterías, Nemo!, -denegó Julio Verne. ¡El estudio, hombre!. ¡El estudio y la experiencia!. ¡Esa es la clave de todo!. Aunque he de reconocer, por más que esté feo el decirlo, que acerté plenamente cuando elegí Florida como lugar de lanzamiento y el océano Pacífico como lugar de regreso y amerizaje.&lt;br /&gt;-Siempre fue un hombre excesivamente escrupuloso, -apuntó el Genio de los Libros, sentándose junto a Aroa.&lt;br /&gt;-¿Todos los escritores son tan escrupulosos como él?, -preguntó Aroa, que todavía no acababa de encontrar un título adecuado para su historia, por más y más vueltas que le daba al asunto en el interior de su cabeza y su ánimo comenzaba a balancearse peligrosamente en el columpio de la desesperación.&lt;br /&gt;-Si partimos de la base de que cada persona es un mundo, -contestó el Genio de los Libros-, no estaría de más suponer que en cada mundo uno se comporte de manera diferente. Es una sencilla cuestión de método: cada persona tiene que amoldarse a sus propias capacidades. Si Julio Verne no hubiera sido tan escrupuloso para consigo mismo y sus novelas, posiblemente no hubiera sido leído y recordado por astronautas de la talla de Yuri Gagarin, tripulante del módulo lunar Lunik III y héroe de la Unión Soviética, ni se hubiera bautizado un accidente geográfico con su nombre.&lt;br /&gt;-¿Una parte de la Luna lleva su nombre?, -preguntó Aroa, impresionada.&lt;br /&gt;-Sí, -contestó el Genio de los Libros. Es un accidente geográfico que se encuentra en la cara oculta de la Luna y se conoce como Montaña Verne.&lt;br /&gt;-¡Claro!, -exclamó Aroa, repentinamente, mientras una sonrisa iluminaba su cara. ¡Ya lo tengo!.&lt;br /&gt;-¿Qué es lo que tienes?, -preguntó, sorprendido aunque contento, el Genio de los Libros.&lt;br /&gt;-¡Pues qué va a ser!, -dijo ella, cogiendo el bolígrafo con la velocidad del rayo. Tengo una ligera idea de lo que quiero escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l Genio de los Libros no dijo nada, conocedor de lo delicado que puede llegar a ser molestar a una persona cuando las escurridizas Musas han decidido acompañarla en su pensamiento y se dedicó, en completo silencio, a observarla trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;lgunas de las reacciones le llamaron poderosamente la atención. Como por ejemplo frotarse despacio la cara con la yema del dedo anular o dar pequeños golpecitos sobre la mesa con la punta del bolígrafo, murmurando para sí cuando una palabra se la olvidaba. Le resultaba divertido, también, ese rebelde mechón de cabello que la caía sobre la ceja derecha cada vez que agachaba la cabeza y cómo soplaba hacia arriba con los labios para devolverlo a su lugar original. Mantenía las piernas cruzadas, como si estuviera sentada sobre la silla de un columpio y a veces se rascaba la pantorrilla, mirando nerviosa a su alrededor. No hacía falta ser un adivino –aunque él tenía la capacidad de poder leer los pensamientos, pues al fin y al cabo era un genio-, de saber lo que estaba discurriendo por la mente de su joven amiga en aquellos precisos e importantes momentos. Se había tomado el concurso con tanta ilusión, había que reconocerlo, que su único deseo era ganar el premio y demostrarse a sí misma que si se lo proponía, era capaz de cualquier cosa. Y para que no se le olvidara, repetía constantemente una frase que su madre la recordaba a menudo, sobre todo cuando tenía que estudiar: ¡querer es poder!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os demás concursantes, veteranos escritores que habían cosechado toda clase de éxitos y fracasos a lo largo de su vida –no dejaba de ser irónico que muchos de ellos obtuvieran la fama y el reconocimiento de los demás después de muertos-, permanecían atentos a sus asuntos, comportándose de muy diversas maneras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;J&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ulio Verne, mesándose nervioso la blanca y poblada barba, continuaba discutiendo con el capitán Nemo, mortificado por su error de cálculo en el aterrizaje de su módulo lunar. Lewis Carroll, solitario en un rincón, pensaba en la posibilidad de escribir una tercera parte –la segunda se titulaba A través del espejo y había sido un gran éxito- donde la pequeña Alicia continuara sus maravillosas aventuras, encandilando con su gracia a todo aquél que tuviera el enorme placer de conocerla. Por supuesto, si quería que la obra fuera inédita y original, debería inventar unos personajes completamente diferentes a los anteriores y hasta es posible que un mundo nuevo por descubrir, siguiendo las pautas marcadas por el nonsense o humor absurdo del que había sido inventor. Al menor era eso lo que Aroa le escuchaba comentar, hablando consigo mismo sin que nada ni nadie le perturbara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;W&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;illiam Shakespeare, que apenas levantaba la cabeza de la mesa donde estaba sentado, escribía con tanta rapidez y seguridad, que Aroa tuvo la certera convicción de que por la mente del inmortal dramaturgo bullía una fuente inagotable de ideas, que ya quisiera ella para sí misma. Cerca de él, Hamlet paseaba de un lado para otro –si el suelo hubiera sido arena de playa, Aroa estaba segura de que a esas alturas sus pies habrían labrado un profundo surco-, sin dejar de susurrarle a la calavera, cuyas mandíbulas, ligeramente abiertas, parecían querer protestar ante los continuos monólogos a los que la sometía el inquieto joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;aniel Defoe, bastante más apartado de los demás concursantes, escuchaba pacientemente las recriminaciones de Robinson Crusoe relacionadas con su larga permanencia en la isla desierta, mientras Jonathan Swift interrogaba a Gulliver, ofreciéndole la posibilidad de hacerle vivir nuevas e interesantes aventuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ntre unos y otros, le fueron sugiriendo montones de ideas, muchas de ellas novedosas, aunque ella ya tuviera claro el tema sobre el que quería escribir: narraría, con todo tipo de detalles, las impresiones que había tenido durante su visita al Mundo de Literaria, teniendo buen cuidado de ser lo más objetiva posible y no herir la susceptibilidad de nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;anos a la obra, no se percató, en absoluto, de cómo el Genio de los Libros curioseaba, mirando por encima del hombro lo que escribían los demás escritores ni tampoco la cara de satisfacción que puso cuando se acercó otra vez hasta donde estaba ella, observando con profundo interés su manera de crear; viendo como, palabra tras palabra, se iban formando oraciones consecuentes que comenzaban a darle un sentido determinado a la historia que deseaba contar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;iendo el Genio de los Libros, se sentía como un padre asistiendo al nacimiento de un nuevo hijo. En este caso, un hijo muy especial, como se enteraría Aroa posteriormente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;or otra parte, el tiempo, algo tan confusamente relativo y difícil de medir, había pasado tan rápido, que apenas Aroa puso la palabra fin como colofón a su historia, escuchó la voz dulce y agradable de la Reina Inspiración, que decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Damas y caballeros, cumplido el plazo establecido por la normativa del Gran Concurso Literario, les ruego entreguen los originales a los ujieres, que pasarán inmediatamente por sus mesas a recogerlos.&lt;br /&gt;-¡Caray, cómo pasa el tiempo!, -murmuró Aroa, al tiempo que le entregaba su manuscrito al hujier en cuestión, quien lo recogió, adoptando una pose tan seria y tiesa, que por un momento Aroa tuvo la sensación de encontrarse frente a un poste telegráfico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;no a uno, los ujieres reales –serios y circunspectos en sus vistosos uniformes de época-, fueron recogiendo los manuscritos, depositándolos acto seguido en una mesa presidida por la Reina Inspiración. Junto a la mesa, entre ésta y el Genio de los Libros, que también formaba parte del jurado, había un curioso artefacto, desconocido por completo para Aroa. Tenía la forma, en su opinión, de una incubadora muy similar a las que se utilizan con los recién nacidos en sus primeras horas de vida, con la única diferencia aparente de que el material con el que estaba fabricado no permitía ver lo que había en el interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;isponía de una abertura en la parte frontal que permitía la introducción de los manuscritos. Esta labor la llevaba a cabo con extremada prudencia el que, a juzgar por los galones dorados de la bocamanga de su chaqueta, parecía ser el jefe de todos los ujieres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;uando el último de los manuscritos hubo desaparecido en el interior de la máquina, el heraldo real, dando un sonoro golpe en el suelo con su bastón, se dirigió a todos los presentes, diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estimados amigos y concursantes, tengo el grato placer de anunciar, en nombre de nuestra ilustre Reina Inspiración, que en breves momentos La Madre fallará el nombre del ganador del Gran Concurso Literario en el que todos ustedes han tenido el privilegio y el deseo explícito de participar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ichas estas palabras, el murmullo general que había sido la nota determinante hasta entonces, se transfiguró en un silencio total, solo roto, ocasionalmente, por la voz grave del capitán Nemo, que le susurraba al oído a Julio Verne:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tranquilo, maestro. La Madre siempre ha sido justa e imparcial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo era la primera vez que visitaba el Mundo de Literaria y participaba en el Gran Concurso, Aroa no sabía muy bien quién era exactamente La Madre. Imaginaba –de eso hasta un tonto se hubiera dado cuenta, sin necesidad de pensar mucho- que se referían al artefacto en el que se habían depositado todos los manuscritos. Pero cuando más pensativa estaba meditando sobre el tema, una voz en su cabeza –la voz de la Reina Inspiración-, la dijo, a modo de explicación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La Madre, lógicamente, es la Señora Literatura, una criatura excepcional, tan amante de todo lo escrito como una madre de carne y hueso con sus hijos. Es por eso que toda obra que ve la luz en la imprenta, nace y se desarrolla para el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;roa se entusiasmó. Pensó, ilusionada, que si su obra resultaba ganadora y era impresa, sería todo un orgullo para ella, que había sido su creadora y por lo tanto, su madre. Por supuesto, la encantaría saber que tendría vida propia; que su obra descansaría, soñando dulcemente, en las acogedoras baldas de multitud de librerías; que viajaría en tren, en barco o en avión, acompañando a la gente, haciéndoles su desplazamiento más ameno y agradable; que vería el sol en las playas, tostándose feliz junto a su propietario y que recibiría entre sus hojas la visita de alguna flor, de algún trébol de cuatro hojas, símbolo de la buena suerte o de cualquier otro recuerdo entrañable, capaz de dejar huella en los corazones de las personas a las que habría de acompañar toda la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, -se dijo para sí misma, apenas con un hilo de voz: ¡qué bonito es escribir!. Que todo el mundo se ría con tus ocurrencias o llore con tus penas. Dar vida a personajes, que a su vez vivan una existencia propia, siendo capaces de hacérsela vivir también al lector...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;U&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n nuevo golpe en el suelo producido por el heraldo real, la sacó momentáneamente de su ensoñación. Puesta en pie, la Reina Inspiración miró con expresión neutra a todos los presentes. A su lado, de pie también, el Genio de los Libros sostenía un pequeño papel de pergamino en las manos que, a una indicación de ésta, le entregó solícitamente. El papel, una vez en las manos de la Reina Inspiración, pareció brillar con una luz propia e independiente, como si se hubiera visto envuelto, de repente, en una especie de fantástica combustión espontánea. Al trasluz, Aroa comprobó que había un nombre escrito en letras negras y rezó con fervor para que fuera el suyo. Pensó que pocas veces en su vida se había encontrado tan nerviosa esperando algo –ni siquiera había conseguido este efecto la espera de los resultados de los exámenes finales del colegio-, y cruzó, supersticiosa, los dedos de una mano, que mantenía oculta detrás de la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; su lado alguien tosió, como hacía ella en ocasiones cuando quería llamar la atención de otra persona y al darse la vuelta, se encontró con el rostro sonriente de James M.Barrie, que la dedicó un animoso guiño, tal y como solía hacer muchas veces el Genio de los Libros cuando deseaba darla ánimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mis queridos y apreciados amigos, -dijo la Reina Inspiración, llegados a este punto: tengo el grato placer de anunciar que el ganador del Gran Concurso Literario, en su convocatoria correspondiente al año 2001, es...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l silencio ahora era total. Tan espeso, en opinión de Aroa, como un tazón de chocolate al que todavía no se le ha mojado ningún bizcocho. De alguna manera, le recordó la ceremonia de entrega de los Oscars cinematográficos en los Estados Unidos, cuando el presentador o la presentadora llegan a la fase final en la que pronuncian la frase mágica and the winner is...&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7087085304055230840#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;, mientras todos los invitados, engalanados con sus mejores trajes, contienen la respiración durante unos segundos interminables, soñando con ser los elegidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...la señorita...&lt;br /&gt;-¡Ay, Dios mío!, -exclamó Aroa, que comenzaba a sentir un repentino y extraño temblor en las piernas, como si de repente se hubiera quedado sin fuerzas para mantenerse de pie.&lt;br /&gt;-...Aroa, -terminó de decir la Reina Inspiración, mostrando una sonrisa de sincera satisfacción en su cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; punto de desmayarse de la emoción, Aroa sintió que sus mejillas se encendían como hogueras en la noche de San Juan, mientras la lengua se le pegaba al paladar, tal y como un sello lo hace con el sobre que ha de depositarse en el buzón de correos para ser clasificado y posteriormente enviado a destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incapaz, siquiera, de moverse del sitio, recibió, sin terminar de creérselo, las manifestaciones de congratulación de todo el mundo, incluida la del propio Hamlet que, por una vez en su vida, varió el monólogo, diciéndola con cortés solidaridad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Recuerda que cuando se es, es que se es.&lt;br /&gt;-Felicitations, ma cherie &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7087085304055230840#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;, -dijo Julio Verne en francés, su idioma natal, estrechándola la mano, con un apretón tan fuerte, que por poco le rompe los huesos de la suya.&lt;br /&gt;-Supongo que aún hay esperanza para la Humanidad, -adujo el capitán Nemo, inclinando respetuosamente la cabeza, aunque sin perder por un momento su extremada severidad.&lt;br /&gt;-El zar se sentirá orgulloso cuando le haga llegar la noticia, -fue el comentario de Miguel Strogoff, que se cuadró militarmente ante ella, haciendo chocar sonoramente los tacones de sus lustrosas botas de montar.&lt;br /&gt;-Congratulations, my charming girl &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7087085304055230840#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;, -saludó William Shakespeare, haciendo una graciosa reverencia, al estilo de la época de la reina María Tudor de Inglaterra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Y&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; así, uno después de otro, fueron todos acercándose hasta ella, felicitándola efusiva y deportivamente por su triunfo. Cuando el último de ellos lo hizo –la casualidad quiso que fuera Gulliver, quien la aseguró que todo el mundo en Lilliputh conocería también la noticia-, se encontró con que era escoltada y prácticamente llevada en volandas por dos ujieres, los cuales la dejaron a escasos centímetros de la mesa donde se encontraban la Reina Inspiración y el Genio de los Libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;l abrazo que recibió por parte de la Reina Inspiración fue tan personal y entrañable, que por un momento Aroa pensó que estaba en casa y era su madre quien la colmaba de afectos y atenciones, como havía siempre, siendo, como era, hija única.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una gran verdad que en el Mundo de Literaria el dinero no tiene importancia, así como ninguna razón de ser, -dijo, entonces, la Reina Inspiración, mirándola fijamente a los ojos-, por lo tanto, no puedo ofrecerte ningún premio en metálico...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo no era una persona egoísta, Aroa apenas le concedió importancia a aquella cuestión que nunca la había preocupado, si exceptuamos el hecho –merecido, según ella-, de pedir su pequeña asignación todos los domingos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...pero sí es de justicia, sin embargo, -continuó diciendo la Reina Inspiración-, que como justa ganadora del concurso, recibas un premio a tu esfuerzo y labor. No obstante, antes de que nuestro común amigo, el Genio de los Libros, te haga entrega de dicho premio, sería una cortesía por tu parte que dijeras unas palabras, explicando en qué consiste tu obra y cuál es el mensaje que deseas transmitir.&lt;br /&gt;-Pues mi obra..., -titubeó Aroa, enrojeciendo, enfrentándose temerosa a la multitud, que la observaba con curiosidad, esperando que pronunciara un pequeño discurso, como era tradición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;unca hasta entonces se había sentido tan pequeña como en aquélla ocasión. Bien es verdad que se sentía orgullosa de haber ganado el concurso y agradecida por el reconocimiento final a su labor. Pero una cosa era escribir tranquilamente, amparada por el anonimato, y otra muy diferente tener que hablar en público, sobre todo si eres una persona vergonzosa y poco experimentada en pronunciar discursos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tarde o temprano tendrás que enfrentarte a la realidad de la vida, -la dijo al oído la Reina Inspiración-, y eso significa, necesaria y evolutivamente hablando, tener que romper moldes. Y el hacerlo requiere tener confianza en uno mismo y ser muy, muy valiente...&lt;br /&gt;-¡Qué fácil es decirlo!, -pensó Aroa.&lt;br /&gt;-Animo, -dijo entonces el Genio de los Libros. Ya verás como lo vas a hacer muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo sabía que tenía que tomar una decisión y debía darse prisa en hacerlo, optó por tirarse al ruedo, como solía decir muchas veces su abuelo. De manera que, respirando profundamente –como hacía en las clases de natación antes de sumergirse bajo el agua-, miró a todos y dijo, intentando controlar en lo posible el tono de su voz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues en mi obra hablo un poco de aventuras. De lo bonito que es viajar y conocer mundo, y también de lo difícil que puede resultar salir de tu ambiente si no tienes un amigo cerca, que te asesore y te eche una mano cuando lo necesites. Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;F&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ueron unas palabras pronunciadas con tal claridad y en absoluto premeditadas, que incluso ella se sorprendió cuando se escuchó hablar a sí misma. Pero como la gente permanecía quieta en el sitio, sin parpadear ni decir absolutamente nada, pensó, preocupada, que quizá había hecho algo mal. Sin embargo, cuando miró a la Reina Inspiración en busca de consuelo, se encontró con una sonrisa tan deslumbrante, que supo inmediatamente, por instinto, que no tenía por qué preocuparse. Ella fue la primera en aplaudir. Y apenas una milésima de segundo después de hacerlo, se unió un espectacular coro de aplausos, cuya intensidad fue creciendo gradualmente, hasta hacerse ensordecedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;roa, emocionada, no sabía qué decir, excepto muchas gracias cuando alguien se acercaba a ella y volvía a estrechar su mano por segunda vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Atención!, -dijo el heraldo real, golpeando con fuerza en el suelo con su bastón, para reclamar la atención de todos. La Reina Inspiración va a proceder, como de costumbre, a hacer entrega del premio.&lt;br /&gt;-Excelente.&lt;br /&gt;-Bravo.&lt;br /&gt;-Muy bien, -dijeron al unísono, cada uno en su lengua vernácula, Julio Verne, Jonathan Swith y William Shakespeare.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;roa, emocionada como pocas veces en su vida, esperaba, intrigada, saber cuál sería su premio. Algo interesante, sin duda, pensó, observando la expectación con que todos habían acogido las palabras del heraldo real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tu nombre, así como el nombre de tu obra, -dijo entonces la Reina Inspiración, enseñándola un grueso volumen con tapas de oro-, quedarán para siempre grabados en el Libro de Honor de Literaria y serán una eterna referencia para todo el mundo, que podrá acceder a él y saber cosas de la persona que lo escribió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Y&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; en efecto, abierto el libro por la página en cuestión, Aroa pudo ver su nombre grabado en hermosas letras de oro, así como el título de su obra, cuya forma y tamaño cambiaban constantemente por causa y efecto de una sorprendente animación:&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Aroa B.G.&lt;br /&gt;Aroa y el Genio de los Libros&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Finalista 2001&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7087085304055230840#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Inglés: y el ganador es...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7087085304055230840#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Francés: Felicidades, querida.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7087085304055230840#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  Inglés: Felicitaciones, mi encantadora señorita.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-3566023923560545874?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/3566023923560545874/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-5-el-gran-concurso-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/3566023923560545874'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/3566023923560545874'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/09/capitulo-5-el-gran-concurso-de.html' title='Capítulo 5: El Gran Concurso de Literatura'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-4276843764560915111</id><published>2009-08-30T22:08:00.003+02:00</published><updated>2009-09-01T08:21:22.509+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 4: Aroa y la Reina Inspiración</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;roa y la &lt;span style="font-size:180%;"&gt;R&lt;/span&gt;eina &lt;span style="font-size:180%;"&gt;I&lt;/span&gt;nspiración&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n contra de lo que Aroa esperaba, el medio de transporte utilizado en ésta ocasión para viajar hasta el Palacio de la Reina Inspiración, situado no demasiado lejos, aunque tampoco demasiado cerca del Centro Gutemberg de Impresión, Elaboración y Publicación de Pensamientos, no fueron las burbujas que la habían llevado hasta aquél fantástico mundo, sino unos formidables caballos alados, parientes –según las oportunas explicaciones del Genio de los Libros-, de aquél otro soberbio caballo mitológico de nombre Pegaso, que fuera compañero de aventuras del héroe Perseo, aquél que, si hemos de hacer caso a los cronistas de la Grecia clásica, rescatara a la encantadora princesa Andrómeda de las garras de Kraken, el más terrorífico y monstruoso de los Titanes, confinado por Zeus –el Padre de los Dioses-, en una monumental prisión submarina.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Te había dicho alguna vez que en el Mundo de Literaria cualquier cosa es posible?, -gritó el Genio de los Libros, mientras volaban contra el viento por debajo de las nubes y Aroa se aferraba con fuerza a las bridas de su caballo, literalmente muerta de miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n contra de lo que mucha gente piensa acerca de las ventajas y el placer que suponen los viajes aéreos, Aroa era una persona que siempre había sentido auténtico pánico a volar. Es muy posible que aquella aversión a las alturas la hubiera heredado, entre otras muchas cosas –según decía la gente, aunque también es verdad que pensaba que muchas veces la gente habla solo porque tienen lengua- de su madre, que prefería cualquier medio de transporte antes que el avión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;unque el viento le daba en la cara, alborotándole el cabello que tan cuidadosamente su madre peinaba todos los días por la mañana temprano, Aroa no sentía ni la más ligera sensación de frío en el cuerpo. De vez en cuando se atrevía a abrir los ojos y mirar lo que había debajo de donde ellos volaban. Pero lo hacían tan alto, en su opinión –también es cierto que subirse en una silla y mirar hacia abajo la parecía ya de por sí demasiado alto-, que inmediatamente los volvía a cerrar, aferrándose con más fuerza aún, si cabe, a las bridas del caballo, rezando con fervor para no caerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una verdadera lástima que no mires hacia abajo y puedas apreciar el maravilloso paisaje que se extiende ante nosotros, -oyó comentar al Genio de los Libros. Pero como comprendo que el miedo es libre y no hay por qué avergonzarse de ello, te voy a describir, lo más detalladamente posible, los lugares por los que estamos pasando. “De pequeños principios resultan grandes fines”, solía decir mi buen amigo Alejandro Magno, que fue alumno de Aristóteles, uno de los filósofos más grandes de la Antigüedad. De manera que, aunque no puedas verlo con los ojos, sí puedes abrir las puertas de tu imaginación y pensar en un mundo donde los ríos son de tinta de múltiples y hermosos colores; en un mundo donde no hay montañas escarpadas con aterradores e insuperables precipicios cubiertos eternamente de hielo y nieve, sino colinas de suave pendiente y agradable césped donde retozar, meditar, leer y escribir bajo un sol esplendoroso cuya temperatura se mantiene siempre constante porque no existe otra estación aparte de la primavera; un mundo cuyo corazón –en la Tierra es el núcleo, la parte central del planeta-, es la Cultura y donde todos los sueños tienen unas artesanas guardas con titulares de oro; un mundo donde impera el orden, pero no la injusticia; un mundo donde todos los ciudadanos son importantes por el sencillo hecho de serlo y donde no existen diferencias ni rivalidades ni imposiciones ni violencias; un mundo, en definitiva, mi querida amiga, con ciudades impolutas y gente feliz.&lt;br /&gt;-¿Feliz incluso si tienen que volar?, -preguntó Aroa, sin atreverse a abrir los ojos, siquiera después de todo lo descrito por el Genio de los Libros.&lt;br /&gt;-El que no te guste algo, no quiere decir que tengas que sentirte necesariamente diferente o desdichada, -dijo el Genio de los Libros, añadiendo acto seguido: mira, ya estamos llegando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;roa abrió entonces los ojos, en un acto reflejo, dándose cuenta de que los caballos hacía rato que no volaban –lo supo sobre todo porque desde hacía unos minutos no sentía el viento en la cara-, sino que andaban al trote por un camino empedrado cuyas baldosas, repletas de letras de diferentes tamaños y colores, formaban frases que iban cambiando a medida que ellos avanzaban. Así, por ejemplo, Aroa pudo leer, entre otras, las siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que tenemos que aprender lo aprendemos haciéndolo.&lt;br /&gt;-La esperanza es el sueño de un hombre despierto.&lt;br /&gt;-Vivir sin amigos no es vivir.&lt;br /&gt;-Aquél que todo lo aplaza no dejará nada concluido ni perfecto.&lt;br /&gt;-Son frases que dijeron hace milenios hombres sabios como Aristóteles, Cicerón y Demócrates, -explicó el Genio de los Libros, mientras Aroa descubría al frente las excelencias del Palacio de la Reina Inspiración –que tenía una forma bastante extraña, en su opinión-, y también los impresionantes jardines aledaños, donde se podían admirar muchas flores de variados tamaños, formas y colores.&lt;br /&gt;-Son flores de papel, -especificó el Genio de los Libros-, hechas a mano siguiendo los métodos tradicionales de la papiroflexia.&lt;br /&gt;-¿Papiro qué?, -exclamó Aroa, a quien aquélla palabra, sin saber muy bien por qué, se le antojaba poco menos que impronunciable.&lt;br /&gt;-Papiroflexia, -repitió el Genio de los Libros, explicando acto seguido: se puede definir con ésta palabra la acción o efecto de doblar el papiro o papel y darle forma a nuestro gusto o conveniencia.&lt;br /&gt;-¡Ah, bueno!, -dijo Aroa, mirando con cierto temor las enormes puertas del castillo, donde dos fornidos soldados con alabardas de madera en la mano y espadas del mismo material colgadas al cinto, montaban guardia.&lt;br /&gt;-Es una invitada personal de la Reina Inspiración, -dijo el Genio de los Libros, a modo de explicación.&lt;br /&gt;-¡Está bien!. ¡Que pase!, -dijo uno de los soldados, apartándose a un lado.&lt;br /&gt;-¡Alto ahí!, -dijo el otro, poniéndose en medio una vez que Aroa y el Genio de los Libros comenzaron a dar los primeros pasos hacia el interior.&lt;br /&gt;-¿Qué ocurre ahora?, -cuchicheó Aroa.&lt;br /&gt;-No está bien entrar sin presentarse adecuadamente, -dijo el mismo soldado, sin moverse del sitio.&lt;br /&gt;-Caballeros, tengo el enorme placer de presentarles a la señorita Aroa, -dijo el Genio de los Libros, señalándola y haciendo una graciosa reverencia.&lt;br /&gt;-Bien, bien, -dijeron ambos soldados al unísono, cantando a continuación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Somos los Guardianes de Palacio,&lt;br /&gt;Entra por tu voluntad y camina despacio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Es el ritual de rigor, -explicó uno de los soldados cuando pasaron por su lado.&lt;br /&gt;-Te habrás dado cuenta de que éste no es un palacio corriente, -comentó el Genio de los Libros mientras atravesaban una larga galería, en cuyas paredes cuadros de variada temática ofrecían al visitante una deliciosa visión del Arte.&lt;br /&gt;-Pues ahora que lo dices..., -dijo Aroa, mirando los cuadros con interés, recordando una ocasión en la que la dirección del colegio donde estudiaba las llevó a todas a visitar el Museo del Prado.&lt;br /&gt;-Es una réplica perfecta, -continuó explicando el Genio de los Libros-, de los zigurats que se levantaban en la antigua Babilonia. Los zigurats eran torres con forma de pirámide escalonada que formaban parte de los templos caldeos, asirios y babilónicos. Su nombre proviene de la palabra asiriobabilonia zaqasu, que significa, mas o menos, estar elevado. Los cuadros, como podrás suponer, son también réplicas exactas de las obras de los grandes maestros de la pintura, de todas las épocas y lugares y sus temáticas obedecen a diferentes estilos y corrientes artísticas. Los que ves a tu derecha, corresponden al estilo denominado expresionista, que es aquél que no considera el objeto a pintar como fuente de imitación, propiamente hablando, sino que pretende ir más allá de lo que se ve a simple vista. Todos estos fueron pintados por Kandinsky, Paul Klee, Kokoschka y Beckman. Estos otros, los de la izquierda, son de carácter impresionista; es decir, del tipo de escuela que reproduce la naturaleza basándose sobre todo en la impresión interior que nos produce en realidad. Estos cuadros fueron realizados por Monet, Renoir, Sisley, Pissarro, Cézanne e incluso allí, al fondo, tienes uno que corresponde a la etapa joven de Pablo Picasso.&lt;br /&gt;-Qué interesante, -dijo Aroa, escuchando con atención las explicaciones del Genio de los Libros, deteniéndose frente a un cuadro en particular, en cuyo pie una chapita dorada decía:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vincent van Gogh&lt;br /&gt;Groot Zundert, 1853-Auvers sur Oise, 1890)&lt;br /&gt;“Autorretrato”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Parece muy serio, ¿no crees?, -comentó Aroa.&lt;br /&gt;-En cierto modo, supongo que tenía motivos más que suficientes para estarlo, -contestó el Genio de los Libros. Hacia el final de su vida, sufrió un ataque de locura que le llevó al suicidio. Fíjate que sus cuadros valen hoy una auténtica fortuna y sin embargo, cuando estaba vivo, no consiguió vender ninguno. Solía decir que cuando tenía ganas de rezar se asomaba a la ventana y miraba las estrellas. Entre sus obras más importantes, destacan Los Girasoles, El puente de l’Anglois, La Arlesiana, Alrededores de Auvers y Terraza del café de Arlés.&lt;br /&gt;-¿De quién son aquéllas estatuas tan impresionantes?, -preguntó Aroa, impresionada, cuando entraron en una sala circular donde docenas de estatuas de mármol, de tamaño natural, parecían custodiar los aledaños de cuatro tramos de escaleras que ascendían hacia lo alto.&lt;br /&gt;-Pertenecen a hombres muy inteligentes, cuyos descubrimientos en Física y Matemáticas marcaron un hito en la historia de la Humanidad, -dijo el Genio de los Libros. Este de aquí es Arquímedes, matemático y físico griego, nacido en Siracusa, que descubrió el principio que lleva su nombre. Precisamente aquél que dice que “todo cuerpo sumergido en un líquido pierde parte de su peso, igual al del volumen de agua desalojado”.&lt;br /&gt;-Sí, creo que he oído hablar de él en las clases de Física, -dijo Aroa. ¿Quién es aquél otro?, -preguntó a continuación, señalando hacia una estatua que representaba a un hombre con peluca, chaqueta larga con grandes bolsillos a los lados y una especie de medias o polainas, muy parecidas a las que usan los toreros, que le llegaban prácticamente hasta las rodillas.&lt;br /&gt;-Oh, se trata nada más y nada menos que del bueno de sir Isaac Newton, que fue un matemático, físico, astrónomo y filósofo inglés nacido en 1642 en Woolsthorpe, Inglaterra.&lt;br /&gt;-Sí, también he oído hablar de él, -comentó Aroa, quien haciendo memoria, dijo: ¿no fue el que formuló las tres leyes fundamentales de la dinámica?.&lt;br /&gt;-En efecto, mi querida amiga, así es -dijo el Genio de los Libros, sonriendo satisfecho.&lt;br /&gt;-¿Sabes?. Lo recuerdo muy bien porque me costó mucho trabajo aprenderme los tres enunciados, que luego tuve que describir en una pregunta de examen. ¡Y vaya examen!.&lt;br /&gt;-¿Has oído hablar de Pitágoras?, -preguntó entonces el Genio de los Libros, poniendo a prueba sus conocimientos.&lt;br /&gt;-Pues claro, -respondió Aroa, divertida. ¿Acaso crees que no estudio?.&lt;br /&gt;-Entonces supongo que sabrás que fue precisamente él quien demostró que “en un triángulo rectángulo...&lt;br /&gt;-...la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa”, -completó Aroa el enunciado del teorema, cantándolo alegremente.&lt;br /&gt;-Sobresaliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n la planta siguiente –la segunda, si guardamos un conveniente orden-, también descubrieron numerosas estaturas que, a tamaño natural y rasgos físicos perfectamente cincelados en la inmortalidad del mármol, representaban a hombres que habían dedicado su vida a la exploración y cuyo recuerdo había quedado grabado para siempre en la memoria histórica de la Humanidad, por la importancia que para ésta tuvieron sus descubrimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Este de aquí es Cristóbal Colón, -explicó el Genio de los Libros-, cuyos orígenes aún continúan siendo un enigma para los historiadores. Descubrió el Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492 y demostró la esfericidad de la Tierra, echando a pique multitud de teorías falsas. Ese otro, de poblada barba y gesto sombrío debajo del sombrero de ala ancha, es Juan Sebastián Elcano, natural de Guetaria, Guipúzcoa, y la primera persona en dar la vuelta al mundo. Lo hizo capitaneando la nao Victoria y tardó aproximadamente tres años en ir a las islas Molucas, a través del Pacífico, volviendo por el Indico y el Atlántico. Corría el año de 1522 y cuando regresó a España fue recibido por el rey Carlos V en Valladolid. Fue precisamente éste quien le hizo entrega del escudo que puedes ver a sus pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;roa dirigió la mirada hacia los pies de la estatua, donde pudo observar con todo detalle un escudo en el que se representaba un globo terráqueo y una curiosa leyenda en latín:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Primum circundedisti me..., -leyó Aroa.&lt;br /&gt;-Que quiere decir “fuiste el primero que me rodeaste”, -tradujo el Genio de los Libros. Aquél de allí, ese que tiene el rostro fiero y lleva un caco con plumas en la cabeza y un peto de metal en el pecho, es Vasco Núñez de Balboa, a quien se atribuye el descubrimiento del océano Pacífico en la fecha aproximada del 29 de septiembre de 1513, así como también el descubrimiento del istmo de Panamá.&lt;br /&gt;-¿Qué es un istmo?, -preguntó Aroa, que aunque la palabra no le era en absoluto desconocida, no lograba rescatarla satisfactoriamente del interior de sus recuerdos.&lt;br /&gt;-El istmo se puede definir como aquella porción de tierra que une dos continentes o una península con un continente, -explicó el Genio de los Libros.&lt;br /&gt;-¿Quién es ese otro?, -preguntó Aroa, señalando hacia un personaje, de rostro menos severo que el anterior, el cuál portaba un mapa en una mano y un compás en la otra.&lt;br /&gt;-Se trata de Juan de la Cosa, -contestó el Genio de los Libros-, y fue la persona que hizo el primer mapa del Nuevo Mundo, allá por el año de 1500. Los caballeros que están a su lado son Francisco de Orellana, que navegó el río Amazonas en busca de Eldorado –según la leyenda Eldorado era una ciudad perdida en la jungla donde había oro a raudales, que avivó la codicia de los conquistadores, perdiendo muchos de ellos la vida buscándola-, y Rodrigo de Triana, el marinero que alertó a Colón, y de hecho, el primero en divisar tierra, encaramado como estaba en el mástil de vigía de la Pinta, una de las tres carabelas que llevó Colón en su viaje a América. Las otras dos fueron la Niña y la Santa María.&lt;br /&gt;-¿Y aquél otro?, -preguntó Aroa, señalando a un no menos adusto personaje que se hallaba situado al lado de uno de los tramos de escalera. Precisamente en el tramo de escalera hacia el que se dirigían para continuar su excursión hacia arriba.&lt;br /&gt;-Es Ponce de León. Descubrió la Florida mientras buscaba la Fuente de la Eterna Juventud, guiada su imaginación por una leyenda que le había sido referida por una indígena. Estos de aquí –continuó con las presentaciones el Genio de los Libros-, son también exploradores, aunque de épocas más recientes. Déjame hablarte de James Cook, Roald Amundsen, Richard E.Byrd y David Livingstone. El capitán James Cook fue un navegante inglés, nacido en Marton in Cleveland en 1728. Descubrió las costas de Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia, así como varios grupos de islas del océano Pacífico. Fue autor del libro Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo. Murió asesinado en las islas Sándwich en 1779, por un grupo de indígenas furiosos.&lt;br /&gt;-¡Caray!, -exclamó Aroa asustada, preguntándose qué haría para enfurecer tanto a los nativos.&lt;br /&gt;-El que está a su lado, es el doctor David Livingstone, explorador y misionero inglés, nacido en Blantyre en 1813. Sus exploraciones se refieren al ámbito del continente africano, donde exploró la región de Kalahari, descubriendo el lago de Ngami. Entre 1851 y 1853 descubrió y exploró el río Zambeze, descubriendo las cataratas Victoria en 1855. Diez años más tarde trató de encontrar, aunque sin éxito, los orígenes del río Nilo.&lt;br /&gt;-¿Quiénes son estos, que parecen esquimales?, -preguntó Aroa, señalando a dos personajes –uno de ellos en el estribo de un trineo de perros-, que vestían gruesas ropas de abrigo.&lt;br /&gt;-Son Roald Amundsen y el almirante Richard E.Byrd, -dijo el Genio de los Libros, comentando segundos después: Roald Amundsen fue un explorador noruego nacido en Borge en 1872. Fue el primer hombre en alcanzar el Polo Sur, en el año 1911. Desapareció en el Polo Norte en 1928, cuando a bordo de un hidroavión buscaba el dirigible Italia de Nobile. El almirante Richard E.Byrd fue un marino y explorador estadounidense nacido en Winchester en 1888. Se le encuadra dentro de la categoría de grandes exploradores por sus expediciones al Antártico.&lt;br /&gt;-Desde luego, -dijo Aroa, estremeciéndose repentinamente como si hubiera sido alcanzada de lleno por una corriente de aire helado-, no me gustaría nada viajar a sitios tan fríos e inhóspitos.&lt;br /&gt;-Mira siempre el lado positivo del asunto, -argumentó el Genio de los Libros: gracias a ellos, la humanidad sabe algo más del planeta en el que vive.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués, echando a andar hacia las escaleras de mármol que ascendían a las siguientes plantas, añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ven, sígueme. Todavía tengo que presentarte a mucha gente, antes de que conozcas personalmente a la Reina Inspiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a tercera planta, dedicada a los grandes genios de la Música, apenas se diferenciaba de las anteriores, salvo por el detalle, quizás, de que las estatuas de los músicos se encontraban situadas en el centro de la estancia, formando, por su posición –en opinión de Aroa-, algo semejante a una fantástica orquesta de mármol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;al vez de todas ellas, destacaba la figura menuda de un hombre joven sentado al piano:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo el honor de presentarte a Wolfgang Amadeus Mozart, al que considero el mayor genio musical de todos los tiempos, -dijo el Genio de los Libros, cuando se acercaron a escasos centímetros de la estatua del pianista.&lt;br /&gt;-¿Por qué llevaban peluca?, -preguntó Aroa, tremendamente curiosa.&lt;br /&gt;-Bueno, -contestó el Genio de los Libros-, supongo que porque las modas no son exclusivas de una época o nación en particular. Si mal no recuerdo, los egipcios solían utilizar también pelucas y maquillaje desde hace la nada despreciable cantidad de 3000 años. En Francia, por ejemplo, la peluca de rizos que llegaba hasta la cintura fue introducida por el Rey Sol, es decir, Luis XIV, y se convirtió en un signo de autoridad.&lt;br /&gt;-Qué curioso, -exclamó Aroa, volviendo a centrar su atención otra vez sobre la figura del pianista.&lt;br /&gt;-Como te iba diciendo, Mozart era de nacionalidad austríaca. Nació en Salzburgo en 1756 y con apenas cuatro años de edad, ya demostró unas actitudes innatas para la música, por lo que fue enseguida considerado un niño prodigio. Leopold, su padre, también era músico y posiblemente gracias a él, el joven Wolfgang Amadeus se dio a conocer como concertista de piano y violín, viajando por toda Europa. Aunque sólo tenía treinta y cinco años cuando murió, su creatividad musical fue tan intensa, que de todo aquello cuanto compuso, destacan, a fe mía, numerosas óperas como Las bodas de Fígaro, Don Giovanni o La flauta mágica; 41 sinfonías y 27 conciertos para piano; numerosas cantatas religiosas, misas, el ofertorio Ave Verum –la parte de la misa donde el sacerdote ofrece a Dios la hostia y el vino del cáliz antes de consagrarlo-, así como el inolvidable Réquiem.&lt;br /&gt;-Se puede decir que no perdió el tiempo, -dijo Aroa, sinceramente maravillada ante tanta actividad creativa, aunque continuaba pensando que aquél tipo de música jamás estaría entre sus preferidas ni haría que desplazara a Enrique Iglesias de su corazón.&lt;br /&gt;-Ya sé lo que estás pensando, -dijo el Genio de los Libros, sonriendo. Te aseguro que cualquiera de ellos fue en su época lo que tus cantantes favoritos representan en la actualidad en la tuya. Fíjate, si no, en aquél de allí.&lt;br /&gt;-¿Aquél que tiene el pelo tan largo y alborotado, que parece la pelambrera de un león?, -preguntó Aroa, mirando hacia donde le había indicado previamente el Genio de los Libros.&lt;br /&gt;-Sí, en efecto, -contestó éste, divertido por semejante comparación. Es, nada más y nada menos, que Ludwig van Beethoven, compositor alemán nacido en Bonn en 1770. No se puede decir que tuviera una vida cómoda y fácil. Padeció siempre muchos problemas; problemas de índole económica, amorosa y física. Ludwig era sordo...&lt;br /&gt;-¿Cómo pudo entonces componer música siendo sordo?, -preguntó Aroa, bastante desconcertada.&lt;br /&gt;-¿Por qué las personas invidentes, por ponerte un ejemplo, desarrollan hasta límites insospechados otros sentidos, como el tacto?, -exclamó el Genio de los Libros. Yo pienso que era tal su afán de superar la adversidad, que la música nacía en su mente y fluía a través de las yemas de sus dedos. Y lo hacía de manera magistral. A las pruebas me remito, con sus 9 sinfonías; las 32 sonatas para piano; los 17 cuartetos; los 5 conciertos para piano; un concierto para violín; la ópera Fidelio; la Misa Solemnis o el oratorio Cristo en el Monte de los Olivos.&lt;br /&gt;-¡Caray!, -exclamó Aroa, sacudiendo las manos como si se hubiera quemado los dedos frente a tan febril actividad.&lt;br /&gt;-A su lado está otro genial compositor alemán, -continuó explicando el Genio de los Libros: Johann Sebastián Bach, nacido en Eisenach en 1685. Abarcó todos los géneros musicales y dio una forma definitiva a la fuga.&lt;br /&gt;-¿La fuga?, -preguntó Aroa, pensando por un momento que quizás Johann Sebastián Bach se había escapado de prisión.&lt;br /&gt;-La fuga consiste en una composición musical o en parte de ella, que gira alrededor de un tema y su contrapunto, repetidos por diferentes tonos, -explicó el Genio de los Libros. Su obra, como la de los demás, es también bastante extensa: 190 cantatas religiosas; las llamadas Pasiones, una según San Mateo, otra según San Juan y otra según San Lucas; la monumental misa en sí menor; los oratorios, Navidad y Pascua o los 6 conciertos de Brandeburgo. A su lado, aunque posteriores a él, se encuentran Piotr Ilich Tchaikovski, compositor ruso nacido en Votkins en 1840 y el compositor francés Claude Debussy, nacido en Saint-Germain-en-Laye en 1884. Del primero son de destacar sus óperas, como Eugenio Oneguin o La dama del pique; sus 6 sinfonías, incluida la llamada Patética, compuesta poco antes de morir; los tres conciertos para piano, así como los ballets El lago de los cisnes, La bella durmiente del bosque y Cascanueces. A Claude Debussy, compositor de ritmos imprevistos y de orquestación expresiva, llena de matices, se le puede engrosar en las filas de los impresionistas. ¿Te acuerdas de lo que hablamos acerca de los cuadros de algunos pintores y el género al que pertenecían?.&lt;br /&gt;-Pues claro, -dijo Aroa, pensando que era una niña pero no por ello olvidadiza.&lt;br /&gt;-Bien, -continuó el Genio de los Libros. De sus obras destacan los Nocturnos para orquesta; los poemas sinfónicos, como Preludio a la siesta de un fauno o El mar; la música de escena para El martirio de San Sebastián y la ópera Pelleas y Melisandra. Contemporáneos de éste, más o menos, fueron también aquellos tres geniales músicos españoles que ves allí, al fondo: Enrique Granados, Isaac Albéniz y Manuel de Falla. Enrique Granados, pianista y compositor nacido en Lérida en 1876. Está considerado, junto con Isaac Albéniz, el creador de la música contemporánea española. Entre su legado a la posteridad, destacan: las obras para piano, como Goyescas, Danzas españolas; música de cámara y las óperas María del Carmen y Goyescas. Esta ópera, Goyescas, se estrenó en 1916 en el Metropolitan Opera de Nueva York. Enrique Granados murió en el viaje de regreso, cuando el barco en el que viajaba –el vapor inglés Sussex-, fue torpedeado en el Canal de la Mancha por un submarino alemán. De Isaac Albéniz, puedo decirte que nació en Camprodón en 1860 y entre sus magníficas composiciones, destacan la zarzuela San Antonio de la Florida; la ópera Pepita Jiménez y su obra pianística: Cantos de España, Recuerdos de viaje e Iberia, una suite de doce piezas.&lt;br /&gt;-¿Qué es una suite?, -preguntó Aroa, animándose cada vez más a medida que se desarrollaban las explicaciones del Genio de los Libros; explicaciones, por otra parte, que la parecían cada vez más interesantes.&lt;br /&gt;-Una suite es una obra musical que se compone de una serie de piezas parecidas, las cuales forman entre sí un conjunto, -explicó encantado el Genio de los Libros, añadiendo acto seguido: por último tenemos a Manuel de Falla, compositor nacido en Cádiz en 1876. De joven estudió en Cádiz y en Madrid, ganando, en 1905, el concurso de la Academia de San Fernando con la ópera La vida breve. Más tarde, en 1907, se trasladó a París, donde permaneció hasta 1914, fecha en la que comenzó la primera de las grandes guerras mundiales del siglo XX. Allí conoció a otros autores, de los que ya hemos hablado, como Isaac Albéniz y Claude Debussy, así como también a Paul Lukas y Maurice Ravel. A esa época pertenecen Cuatro piezas españolas, Tres canciones y Siete canciones populares españolas. Cuando regresó a Madrid, compuso El amor brujo, El sombrero de tres picos y Noches en los jardines de España. Conoció a Federico García Lorca, un gran poeta español, con el que organizó en Granada, en 1922, el Festival de cante jondo. En 1939, fecha en la que comenzó la segunda de las guerras mundiales, se trasladó a Argentina. Allí comenzó La Atlántida, obra que no pudo terminar y que fue concluida por su discípulo Ernesto Halffter y estrenada en 1961.&lt;br /&gt;-¿Por qué no la pudo terminar él?, -preguntó Aroa.&lt;br /&gt;-Porque murió antes de poder hacerlo, -contestó el Genio de los Libros. De ahí la importancia que tiene aprovechar bien el tiempo. De vivir cada día con intensidad, como si fuera el último. Y sobre todo, de vivir aprendiendo y poniendo en práctica todo aquella cuanto hemos aprendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;os personajes de la cuarta planta estaban representados por las estatuas de algunos inventores, cuya contribución al progreso de la Humanidad les había otorgado un sitio de honor en la memoria colectiva del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Alessandro Volta, -dijo, refiriéndose a uno cuya vestimenta le resultaba familiar a Aroa, por haberla observado previamente en otros personajes, como Isaac Newton. Fue un físico italiano nacido en Como en 1745. Se le deben varios inventos, entre los cuales destaca, sin duda, la pila eléctrica. Junto a él se encuentra Thomas Alva Edison, físico e inventor norteamericano nacido en Ohio en 1847. Entre sus descubrimientos, podemos citar la lámpara de incandescencia, el perfeccionamiento del gramófono y el micrófono, así como la construcción del primer ferrocarril eléctrico. También se le atribuye el descubrimiento del denominado “efecto Edison” o termoiónico.&lt;br /&gt;-¿El “efecto Edison”?, -exclamó Aroa, esperando la oportuna explicación del Genio de los Libros.&lt;br /&gt;-Oh, sí, -no tardó éste en explicar: se trata de un fenómeno de conducción eléctrica, que se produce cuando se transportan electrones desde un filamento incandescente a un electrodo. Este de aquí –continuó con la presentación de los demás personajes-, es Enrico Fermi, físico italiano nacido en Roma en 1901. Dirigió la construcción del primer reactor nuclear y obtuvo la primera reacción en cadena. Fue Premio Nobel de Física en 1938. A su lado se encuentra Isaac Peral, marino e inventor español nacido en Cartagena en 1851. Continuó los estudios de Monturiol sobre la navegación submarina y diseñó un submarino propulsado por un motor eléctrico, cuya maqueta se puede encontrar en el Museo Naval de Madrid.&lt;br /&gt;-¿Quiénes son aquellos dos que se parecen tanto?, -preguntó Aroa, señalando hacia dos personajes de rasgos físicos bastante parecidos, que permanecían a ambos lados de un curioso aparato, cuyas formas la recordaron las alas delta utilizadas por algunos locos –como ella los consideraba, seguramente por su propia aversión a volar-, en los vuelos sin motor.&lt;br /&gt;-¡Ah, sí!, -respondió el Genio de los Libros. Se trata de los hermanos Orville y Wilbur Wright, a quienes se atribuye la invención del aeroplano. Cerca de ellos, apenas a unos pasos más atrás, se encuentra William Henry Fox Talbot, físico británico nacido en Lacock Abbey en 1800. Descubrió el proceso para impresionar papel como negativo fotográfico; proceso, permíteme que te lo diga, que es considerado como el origen de la fotografía moderna.&lt;br /&gt;-¡Anda!, -exclamó Aroa, observando al personaje en cuestión, cuya poblada barba le recordó a un intelectual de los muchos que ella había tenido oportunidad de ver en la televisión y de cuyas conferencias o exposiciones apenas entendía nada debido al complicado tecnicismo de su lenguaje.&lt;br /&gt;-Por último, -continuó hablando el Genio de los Libros-, tengo el enorme placer de presentarte al que es, posiblemente, el físico más grande del siglo XX: Albert Einstein...&lt;br /&gt;-¡A ese le conozco yo!, -exclamó Aroa, completamente alborozada, mirando la figura de cabellos alborotados, como si hubieran recibido una descarga eléctrica de muchos voltios, que representaba al personaje en cuestión. ¿No fue el que inventó la ecuación de la energía?. Aquella que dice que la energía es igual a la masa por la aceleración al cuadrado...&lt;br /&gt;-Eso es, -dijo el Genio de los Libros, satisfecho, agregando acto seguido: la fórmula de la cuál se halla, justamente, representada a sus pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;omo pudo comprobar Aroa, el Genio de los Libros tenía razón. A los pies de la estatua y grabada en una plaquita de metal, podía leerse la siguiente ecuación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;E = mc2&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Sentó también las bases de la Teoría de la Relatividad y fue Premio Nobel de Física en 1923. El día 4 de marzo de dicho año, el rey Alfonso XIII le hizo entrega del título de académico, en el transcurso de una solemne ceremonia celebrada en la Real Academia de Ciencias de Madrid. Junto a él se encuentra Ernest Rutherford, considerado como el padre del átomo. Fue Premio Nobel de Física un año antes que Einstein, en 1922.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;T&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;erminada de visitar esa planta, llegaron por fin a la última de las plantas, por supuesto de carácter circular también, como todas las anteriores, donde alrededor de una mujer de gran belleza y exquisita elegancia –que de diseño Aroa entendía bastante y no era la primera vez que afirmaba convencida que de mayor quería dedicarse a ello-, se arremolinaban una serie de variopintos y curiosos personajes. Antes incluso de que el Genio de los Libros se lo dijera, Aroa ya sabía que se trataba de la Reina Inspiración. No por la corona que llevaba puesta en la cabeza y que despedía mil reflejos cuando la luz de las lámparas incidía sobre ella, y que era todo un símbolo inequívoco de su rango y categoría, sino, quizás, por ese porte de regia autoridad que emanaba de su persona –semejante, en opinión de Aroa, a aquél otro halo deslumbrador, comparativamente hablando, que corona la cabeza de los santos, y que ella había podido ver en multitud de estampas y postales-, y que la hacía destacar de todo el mundo. Aunque nunca hasta entonces había tenido la oportunidad de ver a un rey o a una reina en persona, Aroa pensaba –a juzgar por las veces en que sí había podido ver alguno en la televisión, sobre todo al rey don Juan Carlos y a la reina doña Sofía-, que eran especiales y nadie como ellos para conocer los prolegómenos de la etiqueta y la elegancia. Sobre este particular, la Reina Inspiración estaba bastante más que bien asesorada –pensó- y el vestido de raso, de color cielo, de larga y extendida cola que se le ceñía a la cintura como un guante a la mano, le pareció, sencillamente, exquisito y sensacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ara más detalles, observó que tenía un cabello rubio y largo tan ligero y brillante, que a Aroa se le ocurrió pensar durante un momento que el sol había descendido sobre su cabeza, quedándose allí a vivir para siempre. Sí la sorprendió, no obstante, la familiaridad que en ella despertaban sus ojos grises, de los cuales –aún sin llegar a hacer de momento una identificación positiva en su memoria, cosa que la fastidiaba bastante-, la recordaban constantemente a alguien; posiblemente a alguien muy cercano a ella, tan cercano que no la extrañaría nada que estuviera a punto de pisarlo y no se diera cuenta, como solía decir muy a menudo su abuelo. A punto estaba de comentárselo al Genio de los Libros cuando la Reina Inspiración, acercándose a ella con la mano extendida, dijo con la voz más dulce y encantadora que ella hubiera escuchado en toda su vida:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo soy la Reina e Inspiración me llamo; si quieres conocerme, acércate y coge mi mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;roa así lo hizo, sintiendo que una especie de curiosa sensación de magnetismo había impulsado su mano hasta cerrarse sobre la suave mano de la Reina Inspiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias por tu amabilidad al aceptar mi invitación y sé bienvenida a mi reino, -dijo a continuación, acercando los labios a su oído para después, dirigiéndose a todos los demás, añadir en voz alta y clara: mis queridos y nobles amigos, permitidme reclamar vuestra atención y poder presentaros a una entrañable jovencita llamada Aroa, que ha tenido la gentileza de venir a compartir su tiempo con todos nosotros.&lt;br /&gt;-Somos las Musas y alegres cantamos, y a la persona que pide, ideas le damos, -dijeron tres risueñas mujercitas ataviadas con livianas túnicas de un color blanco inmaculado, mientras danzaban con desenfreno alrededor de ella.&lt;br /&gt;-Su origen es mitológico y eran, además, las compañeras del dios Apolo, -confió la Reina.&lt;br /&gt;-Yo soy la Historia, -dijo después una mujer de amplias, amplísimas caderas y rostro severo surcado, así se lo pareció a Aroa, por mil arrugas.&lt;br /&gt;-Las mil arrugas de la Historia, -volvió a cuchichear la Reina Inspiración al oído de Aroa.&lt;br /&gt;-Y yo el Ensayo, -añadió un estirado caballero, poblado mostacho incluido, colgándose a continuación del brazo de la Historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;espués, marcándose unos estudiados pasos de baile –Aroa supo que se trataba de un vals porque así se lo dijo la Reina Inspiración-, añadieron al unísono:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Somos la Historia y el Ensayo, y formamos una linda pareja, como la gallina y el gallo.&lt;br /&gt;-Yo soy la Poesía, -dijo después una esbelta mujer, que tenía el cabello negro azulado peinado con graciosos bucles que le caían en cascada sobre los hombros y sus manos portaban un arpa-, y la rima es mi fuerte; si quieres ganarme, inténtalo y ...¡que tengas suerte!.&lt;br /&gt;-Hola, pequeña. Déjame que te diga que yo soy la Novela y también el Relato; y a veces el cuento, para pasar el rato, -se presentó un curioso personaje cuyo aspecto, túnica plateada ribeteada de lunas y estrellas así como bonete en la cabeza, le pareció a Aroa de lo más curioso y provocativo, y sobre todo sorprendente, pues cambiaba de fisonomía constantemente, tal y como hacen los camaleones con el color de su piel y que según se había comentado en clase de Ciencias Naturales, les servía como camuflaje frente al ataque de los posibles depredadores del mundo animal.&lt;br /&gt;-Bien, ahora que has conocido a algunos de los principales Géneros, -intervino la Reina Inspiración, bueno es que conozcas también a algunos autores cuyas obras son consideradas como auténticas y universales genialidades. ¿Ves a aquél caballero de encopetado traje negro y frente despejada, que conversa con ese joven de cabellos albinos y tez pálida; precisamente aquél que sostiene una calavera en la mano y no deja de repetir constantemente “ser o no ser”?.&lt;br /&gt;-Sí, majestad, -contestó Aroa, pretendiendo ser lo más educada posible para estar a la altura de la ocasión, encantada de encontrarse, como se encontraba, en lo que parecía ser una recepción de gente importante como esas con las que había soñado tan a menudo y en las que siempre había deseado estar cuando fuera mayor y famosa.&lt;br /&gt;-Son William Shakespeare y Hamlet, -dijo la Reina Inspiración, a modo de confidencia. En cierta manera, se puede decir que son padre e hijo. O si lo prefieres, creador y obra. Shakespeare es, posiblemente, el más universal y genial de los autores teatrales de todos los tiempos. Conocido con el sobrenombre de “el Cisne de Avon” –nació en Stratford upon Avon, Inglaterra, en 1564-, en sus obras principales desarrolló con genial maestría temas tan controvertidos y humanos como son la crueldad, el machismo, el amor, la travesura, la dictadura, la duda, los celos y algunos otros. Hamlet pertenece a la duda y representa a ese tipo de personas inquietas y confundidas que siempre tienen una pregunta en los labios: ¿por qué esto?. ¿Por qué lo otro?. ¿Por qué sí?. ¿Por qué no?.&lt;br /&gt;-¡Hola...y adiós!, -dijo en aquél preciso momento un escurridizo personaje, pasando como una exhalación junto a Aroa y la Reina Inspiración.&lt;br /&gt;-¿Quién es ese?, -preguntó Aroa, divertida.&lt;br /&gt;-Oh, se trata tan solo del protagonista de un relato hiperbreve.&lt;br /&gt;-¡Ah, bueno!.&lt;br /&gt;-¿Ves aquél joven que está allí sentado, tan serio, pensativo y melancólico?, -preguntó la Reina Inspiración, señalando al frente con la mano extendida. Es un matemático inglés. Se llama Lewis Carroll y le está escribiendo un cuento a su querida amiga Alicia. En su imaginación se está fraguando un mundo maravilloso, con personajes muy interesantes que ella conocerá a lo largo de sus aventuras.&lt;br /&gt;-Debe de ser una persona muy afortunada la tal Alicia, -dijo Aroa, mientras pensaba que a ella nadie la había escrito nunca nada, aunque su abuelo la sentaba muchas veces en sus rodillas y la contaba infinidad de historias, seguramente inventadas, aunque desde luego muy amenas y divertidas.&lt;br /&gt;-En realidad, Alicia no fue un personaje de ficción, sino una niña de carne y hueso tan real como tú. Tenía aproximadamente tu misma edad cuando conoció a Carroll y su verdadero nombre era Alice Liddell. Junto a él, aunque apenas se conocen, está Charles Perrault, escritor francés nacido en París en 1628. Posiblemente hayas leído alguno de sus cuentos, pues han alimentado la imaginación de casi todos los niños del mundo: El gato con botas, Caperucita roja, Barbazul y Cenicienta.&lt;br /&gt;-Los he leído todos, -dijo Aroa, que no quería que la Reina Inspiración pensase que era una niña sin apenas cultura.&lt;br /&gt;-¿Ves aquél de allí?, -preguntó la Reina Inspiración.&lt;br /&gt;-¿Quién?. ¿El gordito?, -exclamó Aroa, mirando en la dirección indicada.&lt;br /&gt;-Sí, aunque no sea moralmente correcto dirigirse a la gente por su aspecto o defecto físico, -amonestó la Reina Inspiración, pero no había severidad ni enfado en su voz.&lt;br /&gt;-Lo siento mucho, majestad, -se disculpó Aroa, interiormente mortificada al pensar que había cometido una falta grave delante de la Reina, prometiéndose a sí misma no volver a repetirlo nunca en el futuro.&lt;br /&gt;-Se llama Jonathan Swift, y es un escritor nacido en Dublín en 1667. A su lado podemos ver a Gulliver, su personaje principal y el único de todos los presentes que ha tenido el privilegio de estar en el País de Lilliputh.&lt;br /&gt;-¿El País de Lilliputh?, -preguntó Aroa, extrañada, pues jamás en su vida había oído hablar de dicho país ni sabía, por tanto, en qué continente se podía encontrar.&lt;br /&gt;-El País de Lilliputh –explicó pacientemente la Reina Inspiración-, es un país imaginario creado por la fantasía del escritor para situar el lugar donde se desarrollan las aventuras de su personaje. Todos sus habitantes son enanos, de modo que cuando el mar arrastró hasta la costa el frágil madero sobre el que se sostenía a duras penas Gulliver, víctima involuntaria de un naufragio, fue considerado un monstruoso gigante por su estatura.&lt;br /&gt;-Supongo que la gente de Lilliputh se asustaría muchísimo al verlo, -comentó Aroa, curiosa por conocer el final de la historia.&lt;br /&gt;-Al principio sí, -dijo la Reina Inspiración. Pero después se hicieron todos grandes amigos. Junto a él, con el pelo blanco peinado hacia atrás y la barba extensa y prominente, puedes ver a mi querido amigo Julio Verne, novelista francés nacido en Nantes en 1828. Se puede decir, en líneas generales, que fue el creador de la novela científica y geográfica. Su obra literaria es tan extensa, que tardaría mucho en comentártela. Pero puedo asegurarte que fue el creador de maravillosas novelas como 20.000 leguas de viaje submarino; Cinco semanas en globo; Viaje al centro de la Tierra; La vuelta al mundo en 80 días; Miguel Strogoff y De la Tierra a la luna. A su lado puedes ver a algunos de sus personajes más conocidos. Aquél que lleva puesto un traje negro de inmersión y sostiene una escafandra en la mano, es el siniestro capitán Nemo, comandante del submarino Nautilus. Hablando con él, y luciendo un impecable uniforme imperial, se encuentra el capitán Miguel Strogoff, correo del zar de Rusia. Y algo más apartados, el refinado gentleman &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7087085304055230840#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt; inglés Willy Fogg y su fiel criado Rigodón. Detrás de ellos puedes ver a Johann Wolfgang von Goethe, escritor alemán nacido en Frankfurt en 1749. Aunque estudió leyes en Leipzig y Estrasburgo, su verdadera vocación fueron, sin duda, las letras. Algunas de sus obras son consideradas universales. De ellas te puedo citar dos de las más conocidas, como son Las cuitas del joven Werther y Fausto. Precisamente ambos están dialogando con él.&lt;br /&gt;-¿Quién es ese extraño señor que anda de puntillas junto a ellos, como intentando no perder detalle alguno de su conversación?, -preguntó Aroa, a quien nunca habían agradado, en absoluto, las personas demasiado curiosas, que se entrometían siempre en los asuntos de los demás.&lt;br /&gt;-¿Te refieres a ese que lleva capa y traje de color rojo y que por su aspecto cualquiera puede pensar que está preparado para la algarabía de unos carnavales?, -preguntó a su vez la Reina Inspiración.&lt;br /&gt;-Sí, en efecto. A él me refiero, -dijo Aroa.&lt;br /&gt;-Se trata de Mefistófeles, -explicó la Reina Inspiración-, y es un personaje con el que debemos de tomar siempre muchas precauciones.&lt;br /&gt;-¿Tan peligroso es?, -preguntó Aroa, que aunque no le gustaba el individuo en cuestión, tampoco veía motivos por los que debiera tener un cuidado especial con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;a Reina Inspiración sonrió con dulzura, comprendiendo que las dudas de su joven invitada se debían a la inocencia propia de su edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por supuesto que sí, -dijo. Representa la personificación del Mal y su misión consiste en tentar a los hombres a cambio de la condenación de su alma. De hecho, tentó de tal manera al ingenuo Fausto, que sólo la pureza de corazón de Margarita –es aquélla joven de hermosos cabellos rubios que ves allí sentada, junto a la fuente-, pudo redimirle en el último momento. Creo, si no me falla la memoria, que en nuestros archivos todavía guardamos la copia del contrato original firmado por Fausto y Mefistófeles, en el que el primero se compromete a entregar su alma a cambio de la juventud y el amor de Margarita.&lt;br /&gt;-¡Jolín, qué cosas!, -exclamó Aroa, sin poder reprimirse.&lt;br /&gt;-Ven, -dijo la Reina Inspiración, ofreciéndola otra vez su mano. Todavía te falta conocer a otros autores y personajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;D&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;icho y hecho, la Reina Inspiración la condujo hacia un rincón donde un hombre de descuidados y largos cabellos así como barba de semejantes características, con el torso desnudo y los pantalones hechos jirones, se hallaba sentado debajo de una palmera, oteando con interés un horizonte supuestamente imaginario que únicamente él podía ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Su nombre es Robinson Crusoe y nació de la portentosa imaginación del escritor inglés Daniel Defoe, -presentó la Reina Inspiración, añadiendo poco después: Daniel Defoe fue un escritor inglés nacido en Londres en 1660. También escribió obras como Moll Flanders y Diario del año de la peste.&lt;br /&gt;-¿Por qué está tan sucio y desharrapado?, -preguntó Aroa, experimentando cierta sensación de desagrado ante el lamentable aspecto que presentaba el personaje.&lt;br /&gt;-Porque tuvo la desgracia de ser víctima de un naufragio en alta mar y lleva varios años viviendo en una isla desierta, -contestó la Reina Inspiración.&lt;br /&gt;-Pobrecito. Ahora lo entiendo, -dijo Aroa, cuyo buen corazón la hizo compadecerse inmediatamente de la situación del pobre náufrago. ¿Y se quedó para siempre solo en esa isla sin poder hablar con nadie?, -preguntó a continuación, pensando en lo terrible que tenía que ser verse en una situación semejante, abandonado de la mano de Dios.&lt;br /&gt;-Claro que no, -dijo la Reina Inspiración. Allí conoció a un indígena que venía huyendo de los caníbales de una isla vecina, al que bautizó con el nombre de Viernes. Por fortuna para él, un barco que casualmente pasó cerca le recogió, devolviéndole otra vez a la civilización.&lt;br /&gt;-¡Menos mal!, -resopló Aroa, estremeciéndose involuntariamente cuando escuchó la palabra caníbales, pues ese tipo de cosas la daban un miedo terrible.&lt;br /&gt;-Hola, -dijo de improviso un muchacho descalzo y con aspecto de golfillo, acercándose hasta donde estaban ellas.&lt;br /&gt;-Tengo el gusto de presentarte a Huckleberry Finn, -dijo la Reina Inspiración, añadiendo a continuación: no encontrarás a nadie mejor que él para enseñarte los lugares más interesantes que puedan existir a todo lo largo y ancho del río Mississippi.&lt;br /&gt;-Bueno, majestad, -dijo el golfillo, haciendo una graciosa reverencia. Si vuestra excelencia me lo permite, he de añadir que sí existe otra persona que seguramente es mucho mejor que yo.&lt;br /&gt;-¿Quién?, -preguntó Aroa, observándole con interés.&lt;br /&gt;-Mi padre, por supuesto, -contestó el golfillo sonriendo con descaro.&lt;br /&gt;-Es obvio que se refiere al escritor norteamericano Mark Twain, -explicó la Reina Inspiración. Por cierto –añadió un segundo después, echando un vistazo a su alrededor-, no le veo por aquí. Bien, supongo que no tardará mucho en llegar, pues todos los años nos ha honrado con su presencia. Mira, por allí viene Peter Pan. ¡Qué muchacho más incorregible!. ¡Siempre volando!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n efecto, tal y como había afirmado la Reina Inspiración, un curioso muchacho con pecas en la cara y un traje verde –gorro y pluma incluido, al estilo medieval-, se dirigía volando directamente hacia ellas, los pies juntos y los brazos estirados a modo de alas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy buscando a Wendy, -dijo, aterrizando suavemente a su lado.&lt;br /&gt;-Mi querido amigo Peter, ¿he de recordarte tu última promesa?, -exclamó la Reina Inspiración, fingiendo una severidad que Aroa pensó que no tenía en absoluto, pues ya tenía motivos más que suficientes para suponer que todo en ella era dulzura y comprensión.&lt;br /&gt;-Lo olvidé por completo, majestad, -se disculpó Peter, sonrojándose ligeramente.&lt;br /&gt;-Puede que a lo mejor la encuentres en compañía de los Niños Perdidos, -dijo la Reina Inspiración sin darle importancia al asunto, refiriéndose a Wendy.&lt;br /&gt;-¡Claro!. ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes?, -exclamó Peter Pan, chascando los dedos. Luego, echándose a volar repentinamente, se despidió de ellas, diciendo: ¡hasta la vista!.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡La eterna juventud!, -murmuró la Reina Inspiración, encogiéndose de hombros. Después, dirigiéndose a todos los presentes, añadió con voz clara y concisa: mis queridos amigos, tengo el grato placer de anunciar que desde éste preciso momento y hasta las doce en punto del día de mañana, 26 de marzo, queda abierta la Edición 2001 del Gran Concurso de Literatura, al que todos vosotros estáis invitados a participar.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=7087085304055230840#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;strong&gt;: caballero.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-4276843764560915111?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/4276843764560915111/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/08/capitulo-4.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4276843764560915111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/4276843764560915111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/08/capitulo-4.html' title='Capítulo 4: Aroa y la Reina Inspiración'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-1666670823097078099</id><published>2009-08-21T09:33:00.001+02:00</published><updated>2009-09-01T08:20:56.702+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 3: Aroa en el Mundo de Literaria</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;roa en el &lt;span style="font-size:180%;"&gt;M&lt;/span&gt;undo de &lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;iteraria&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Atravesar una pizarra, incluso si se trata de una pizarra vieja, fea y agrietada por los efectos del tiempo y el uso indiscriminado a que puedan haberla sometido tanto alumnos como profesores, resultó ser una tarea tan sencilla, que apenas tuvo tiempo Aroa de pensar en la física imposible de la acción que acababa de realizar. Razón de más para comentar el hecho, igual de prodigioso, si no sorprendente, que la supuso verse atrapada en el interior de una burbuja transparente de un tamaño tan infinitesimal, que incluso la más imperceptible de las partículas la parecía toda una inconmensurable montaña en comparación. Lejos de sentirse asustada, inquieta o incluso aturdida –reacciones muy humanas que ya había experimentado alguna vez en su vida, como es natural-, la curiosidad fue sin duda la fuerza automotriz que empujó a uno de sus dedos a ponerse directamente en contacto con aquél asombroso material, nuevo para ella. Como consumidora más o menos habitual de golosinas –“que a nadie le amarga un dulce”, como solía decir su madre muy a menudo-, su primer pensamiento fue el de que estaba viajando en el interior de una burbuja fabricada con una sustancia similar a la de la goma de mascar: suave, elástica y fácil de manipular como una barra de plastelina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Genio de los Libros, por otra parte, viajaba en su burbuja con un semblante tan serio y compuesto, que Aroa lo comparó, entusiasmada, con aquellos conductores profesionales que llevaban a los señores importantes de un sitio para otro y que cada vez que se apeaban del automóvil –en éste punto no pudo evitar pensar en las grandes limusinas, como las que había visto en infinidad de películas-, su rigidez les hacía parecer auténticos postes telegráficos. Su abuelo, sin ir más lejos, había sido conductor de autobuses toda la vida y aunque ahora estaba jubilado, ella recordaba con cariño las veces que su madre la llevaba a la parada y las dos viajaban gratis. El abuelo no descuidaba su atención de la carretera en ningún momento, pero siempre encontraba la ocasión de mirar hacia el lugar donde ella estaba sentada y dedicarle una mueca divertida que la hacía reir. Solía ser, por lo general, cuando llegaban a una parada, segundos antes de que subieran y bajaran los viajeros. Después, el abuelo volvía a centrar toda su atención en la carretera y así continuaban de parada en parada, hasta retornar otra vez al punto de partida, donde se despedían de él dándole un beso y preguntándole si iba a llegar pronto a comer, para esperarle todos con la mesa preparada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces se maravillaba de tener una memoria tan estupenda. Por eso pensó que sería una buena idea grabar en su cabeza todo aquello cuanto la estaba sucediendo, porque de alguna manera que no acababa de comprender en su totalidad, intuía que iba a ser algo importante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cualquier forma, en tan extraño y fantástico viaje, no podían faltar miríadas de lucecitas de colores que Aroa identificó, a falta de una explicación mejor, con estrellas: rebaños de estrellas que bailaban alegremente entre medias de pinturescas nubes, cuyos colores eran tantos y variados como un fantástico arcoiris. También era cierto que ella nunca había visto un arcoiris natural, pero las fotos de su libro de física eran una prueba suficiente para ella de que tales fenómenos existían incluso en ciudades tan contaminadas y abarrotadas de gente, coches y tendidos eléctricos como Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por extraño que parezca, no se planteó la cuestión del tiempo hasta que las burbujas se detuvieron, paralela la una con la otra, frente a una especie de señal gravitacional –a falta de otra explicación mejor, la comparó con las boyas que flotan sobre la superficie del mar-, cada uno de cuyos cuatro brazos indicaba una dirección determinada hacia cada uno de los cuatro puntos cardinales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el sentido de cada uno de dichos brazos, se extendía un sendero iluminado que desembocaba en una enorme puerta, cuyo color, supuso Aroa, tenía relación con el lugar que se señalizaba en el cartel y que de hecho, constató, le servía también de fondo. De tal manera, que los carteles quedaban distribuidos, aproximadamente, de la siguiente forma:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primero, aquél que señalaba en dirección norte hacia la puerta blanca, decía, textualmente: “un tiro de burbuja hacia la Historia”; junto a él, aunque señalando en dirección sur hacia una puerta de color naranja, otro cartel especificaba lo siguiente: “dos tiros de burbuja hacia la Poesía”. Horizontales a estos, existían otros dos carteles más; uno que señalaba una puerta de color violeta situada hacia el este que decía “tres tiros de burbuja hacia el Teatro” y otro que señalaba hacia una puerta de color dorado situada en dirección oeste, que a su vez indicaba “cuatro tiros de burbuja hacia la Narrativa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lejos de dejarse impresionar en cuanto a la dirección a seguir, Aroa interrogó al Genio de los Libros con la mirada, encogiéndose de hombros. Al fin y al cabo, poco le importaba dirigirse en uno u otro sentido, porque pensaba que detrás de cada una de las puertas, las cosas que pudiera encontrar serían posiblemente igual de aburridas que las clases de la señorita Gutiérrez y pensar en ello tenía el consabido efecto de desanimarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, bueno es indicar que ella hubiera preferido continuar disfrutando de tan fantástico viaje, amparada en la seguridad de aquélla frágil burbuja que a pesar de todo la había llevado sana y salva hasta allí, protegiéndola de cualquier peligro que hubiera podido acecharla en el exterior, aunque ella no se hubiera percatado todavía de ninguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Y ahora qué?”, -pensó para sus adentros, sin dejar de observar las curiosas reacciones del Genio de los Libros en el interior de su burbuja: unas veces serio, otras riendo y otras haciendo divertidas muecas, como si con ello pretendiera imitar a los payasos de la tele y conseguir que ella le recompensara con una sonrisa. Por fin, como si hubiera tomado una determinación, su burbuja se puso lentamente en marcha. Y cuando lo hizo, la burbuja que transportaba a Aroa la siguió, a pesar de que ella posiblemente hubiera deseado continuar el viaje en cualquier otra dirección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Animo, amiga mía, -oyó comentar al Genio de los Libros. He pensado que te gustaría comenzar tu visita al Mundo de Literaria entrando por la puerta dorada, aquella que nos llevará directamente al País de la Narrativa. Te aseguro, y en esto no creo equivocarme, que podrás disfrutar de muchas y divertidas aventuras que te harán pasar ratos muy agradables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún tiempo después, cuando llegaron al pie de la puerta, Aroa pudo darse cuenta de que franqueando a ésta por ambos lados, había dos hermosas columnas que sustentaban la plataforma superior de lo que en un principio consideró, por referencias, como un edificio de características muy parecidas a aquellas curiosas ruinas grecolatinas que había tenido ocasión de contemplar en las fotografías de los libros de Historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué columnas más bonitas!, -comentó Aroa, contemplándolas con sincera admiración.&lt;br /&gt;- Somos algo más que bonitas, -dijo entonces una voz desconocida, con un extraño acento metálico.&lt;br /&gt;- ¡Hala!. ¡Unas columnas que hablan!, -exclamó Aroa, viendo asombrada cómo de la parte superior de ambas columnas unos ojos la miraban y unas bocas apenas comenzaban a bostezar como si acabaran de despertarse de un confortable y profundo sueño.&lt;br /&gt;- ¡Jovencita!. ¡No seas vulgar!, -dijeron ambas columnas al unísono, añadiendo acto seguido: has de saber que nuestros orígenes pertenecen al más depurado y fino estilo corintio y gracias a ello reunimos las mejores cualidades de nuestras primeras antepasadas, las columnas jónicas y dóricas. ¿Acaso no has visto los maravillosos capiteles formados por dos cuerpos, que reúnen las hojas de acanto y también las volutas?.&lt;br /&gt;- Lo siento mucho, señoras columnas corintias, -se disculpó Aroa, mirando al Genio de los Libros, quien por toda respuesta se encogió de hombros, desentendiéndose del asunto como si con él no fuera la cosa.&lt;br /&gt;- Deseamos visitar el País de la Narrativa, -dijo el Genio de los Libros, no obstante, acto seguido, guiñando un ojo a Aroa en señal de amistosa complicidad.&lt;br /&gt;- Si ese es vuestro deseo, ¡entonces entrad y sed bienvenidos!, -contestaron las columnas, en el mismo instante en el que se abrían las enormes puertas doradas y Aroa pudo contemplar el principio de un curioso mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cualquier forma, aunque Aroa no había realizado muchos viajes a lo largo de su vida, sintió dentro de sí misma lo excitante que resulta visitar un lugar extraño, sobre todo cuando se trata de un lugar que ni siquiera aparece en los mapas que utiliza la gente y del cuál ningún libro de Geografía tiene constancia alguna, ni siquiera por remotas o legendarias referencias. Tan abstraída se encontraba considerando tal circunstancia, que no se dio cuenta de una señal intermitente que limitaba la velocidad de las burbujas, tal y como los semáforos limitan la velocidad de los automóviles y les previenen de cuándo deben detenerse y cuándo continuar la marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco se percató de cómo el Genio de los Libros refrenaba la suya y se quedaba ligeramente retrasado. Lo comprendió todo segundos después, al escuchar una estridente sirena y ver a su lado una burbuja con luces parpadeantes en la parte superior, cuyos colores variaban del azul al blanco y al rojo en continua sucesión, y en la que viajaba un curioso personaje que vestía un austero uniforme azul, en cuyo pecho se apreciaba una placa de policía. Cuando se detuvieron a un lado del camino, el agente, que tenía unos bigotes enormes, muy parecidos, pensó Aroa, a los del viejo gato de angora de su vecina, dijo en tono grave y autoritario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Multa por exceso de velocidad.&lt;br /&gt;- Pero yo no lo sabía, señor agente, -protestó Aroa, sin saber exactamente qué falta había cometido, cuando ni siquiera era ella quien conducía la burbuja, sino más bien lo contrario: la burbuja la conducía a ella.&lt;br /&gt;- ¡No lo sabía!. ¡No lo sabía!. ¡Niña, no seas mentirosa!, -contestó el agente, añadiendo a continuación: ¿Sabes lo que pasaría si hubieras tenido una colisión con un pensamiento o con una burbuja de transporte, cargada de palabras dispuestas para ser consignadas en un libro de posterior impresión?.&lt;br /&gt;- Pues no..., -dijo Aroa, visiblemente abrumada por el cariz que estaban tomando los acontecimientos.&lt;br /&gt;- Pasaría que con toda probabilidad alguien perdería el hilo imaginario que teje la madeja fundamental de su sueño y es posible que el mundo se quedara para siempre sin una buena historia.&lt;br /&gt;- Lo siento mucho, -se disculpó Aroa.&lt;br /&gt;- Con sentirlo no vale, -añadió el agente, inflexible, atusándose pensativo el bigote. Después, sacando una libreta del bolsillo superior de la chaqueta, dijo: como medida preventiva para reparar tan grave falta, tendrás que capturar al menos una docena de pensamientos errantes.&lt;br /&gt;- ¿Pensamientos errantes?, -preguntó Aroa, que apenas entendía nada de todo cuanto le estaba diciendo el agente.&lt;br /&gt;- ¡Exacto, señorita!. Pensamientos errantes, -repitió el agente, preguntando desconfiado: ¿acaso no sabes lo que son los pensamientos errantes?.&lt;br /&gt;- Pues la verdad es que no, señor agente, -respondió Aroa muy respetuosa, como su madre le había dicho que debía tratar a las personas mayores que ella, tal y como establecen las normas de una meritoria educación.&lt;br /&gt;- ¡Hum!. ¡Hum!, -exclamó el agente, sin dejar de observarla con curiosidad. Todo el mundo sabe lo que son los pensamientos errantes. Por lo tanto, si tú no lo sabes, deduzco que no eres de por aquí.&lt;br /&gt;- Claro que no, -se apresuró a responder Aroa, haciendo graciosos aspavientos con las manos, viendo una posibilidad de escapar de aquélla extraña situación en la que se hallaba inmersa sin haberlo pretendido.&lt;br /&gt;- ¡Ajá!, -dijo entonces el agente, apuntándola con un dedo acusador. ¿Eres por casualidad del Mundo de la Poesía?.&lt;br /&gt;- No...&lt;br /&gt;- ¿Del Mundo del Teatro?.&lt;br /&gt;- No...&lt;br /&gt;- ¿Del Mundo de la Historia, entonces?.&lt;br /&gt;- No, tampoco.&lt;br /&gt;- Pues he de suponer, en vista de las pruebas circunstanciales, que eres una persona extranjera en el País de Literaria. A ver, ¡muéstrame tu pasaporte!. ¡Vamos!. ¡Vamos!.&lt;br /&gt;- ¡Pero yo no tengo pasaporte!, -se quejó Aroa.&lt;br /&gt;- Si no tienes pasaporte, has de presentarme al menos una persona ciudadana que responda por ti. Es la Ley.&lt;br /&gt;- Ciudadana: de una ciudad. Ley: precepto dictado por la suprema autoridad en que se manda o prohíbe una cosa. Yo respondo por ella, agente, -dijo el Genio de los Libros, que no había abierto la boca para nada hasta entonces. Esta encantadora señorita es una invitada personal de la Reina Inspiración.&lt;br /&gt;- ¡Ah!. ¡Por supuesto eso lo cambia todo!, -dijo el agente, mostrándose amabilísimo a partir de entonces. No obstante, -señaló, llevándose una mano hacia la gruesa libreta de multas-, una sanción es siempre una sanción. Aún así, y como deferencia a nuestra bienamada Reina Inspiración, consideraré justificada una pequeña rebaja: ¡sólo tendrá que capturar media docena de pensamientos errantes!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprender a capturar siquiera un solo pensamiento errante, resultó ser una tarea más fácil de pensar, valga la redundancia de la expresión, que de hacer. La cuestión fundamental estribaba en que primero había que tener la habilidad suficiente para saber identificar un pensamiento, fuera éste del tipo u origen que fuese. Y una vez conseguida tal finalidad, asegurarse de que fuera un pensamiento errante o un pensamiento sedentario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella había aprendido, en el transcurso de las clases de Historia, que al principio los hombres –incluso en las épocas en las que apenas se diferenciaban del mono-, habían sido nómadas por naturaleza. Es decir, que viajaban constantemente de un sitio para otro sin permanecer mucho tiempo en el mismo lugar. Vamos, que eran “culos de mal asiento”, como decía su abuelo. Supuso entonces que no sería una mala idea imaginar que los pensamientos errantes estarían siempre en continuo movimiento y debido a este detalle, serían fáciles de distinguir de los demás porque no llevarían un rumbo fijo, de similar manera a como suelen hacer las personas que no tienen un hogar estable para vivir y a las que se denomina, por regla general, indigentes o vagabundos. Pero aún así, sabiendo todas esas cosas, quedaba por resolver la cuestión fundamental: ¿por dónde debía comenzar a buscar?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensando acerca de ello, quiso la suerte que no muy lejos del lugar donde se encontraba, descubriera un impresionante edificio en forma de cúpula –muy parecido a aquellos otros edificios con cúpula que coronan los centros de investigación donde se estudian y clasifican las estrellas y que reciben el nombre de observatorios astronómicos-, en cuyo frente y en letras grandes, negras y góticas, podía leerse el siguiente cartel:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;“CENTRO GUTEMBERG DE IMPRESIÓN,&lt;br /&gt;ELABORACIÓN Y PUBLICACIÓN DE&lt;br /&gt;PENSAMIENTOS”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como es natural, supuso que en un sitio de semejantes características podría encontrar a alguien que pudiera orientarla en su búsqueda y hasta quizás ayudarla a cumplir satisfactoriamente la sanción impuesta por el inflexible agente, puesto que el Genio de los Libros, sin mediar palabra alguna, había desaparecido, dejándola completamente sola y a merced de las circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que caminaba hacia el edificio en cuestión, volvió a leer el anagrama, cuyas letras, según se iba acercando, le parecían cada vez más y más grandes, y recordó vagamente algunas cosas que hacían referencia a la vida y obra de Gutemberg, que en su día fueron comentadas en clase por don Jerónimo, el profesor de Historia y Geografía. Recordó, por ejemplo, que había sido la persona que inventó la imprenta allá por el año 1440, cuando todavía existían los torneos entre caballeros; la Península Ibérica continuaba prácticamente dominada por los árabes y la gente, supersticiosa en exceso, pensaba que más allá del inmenso océano sólo existían terribles monstruos marinos y un sobrecogedor vacío, capaz de tragarse todo cuanto se atreviera a acercarse por allí. Sabía también que gracias a él, la gente se ahorró el enorme esfuerzo de tener que copiar a mano los manuscritos, aunque recordó que don Jerónimo, que conocía muchas cosas, comentó que en esa época los manuscritos y las grandes bibliotecas sólo estaban al alcance de los nobles y por supuesto del clero, que los guardaba y conservaba en monasterios como verdaderos tesoros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así mismo, recordó también los comentarios que se referían a la legendaria Biblioteca de Alejandría, destruida durante el reinado de Cleopatra VII Filopator por una rebelión popular, que fue sofocada con ayuda de las tropas romanas de Julio César, que llegaron a Egipto en persecución del derrotado Pompeyo. Alejandría, ciudad fundada por Alejandro Magno, donde se encontraba también la que todavía hoy día es considerada la séptima maravilla del mundo antiguo: su Faro. En esa ciudad, según había explicado don Jerónimo, a modo de anécdota, fue dibujado sobre papiro el mapa más antiguo que se conoce de la Península Ibérica, basado en una de las obras del geógrafo griego Artemidoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con referencia a ello, existían anécdotas históricas que la gustaban o al menos conseguían atraer su atención lo suficiente como para que las clases de don Jerónimo se le hicieran más amenas y cortas. Como la leyenda de la fundación de Roma por los gemelos Rómulo y Remo, amamantados y criados por una loba; los amoríos de Paris y Helena y la posterior destrucción de Troya; el halo de leyenda de la historia de Alejandro Magno y el nudo gordiano, así como su posterior comentario en el que decía, más o menos, que poco importaba cómo se cortaran los nudos, siendo lo importante el hecho en sí de cortarlos; lo que quería decir, grosso modo, que lo importante no radicaba en cómo hacer las cosas, sino en hacerlas; la romántica historia de amor de Marco Antonio y Cleopatra y la muerte de ésta última a consecuencia de la mordedura de una serpiente de la especie conocida como áspid; la célebre frase de Julio César cuando atravesó el río Rubicón –alea jacta est-, que algunos eruditos traducen como “la suerte está echada” y otros como “los dados están lanzados”; la historia de Mausolo, un sátrapa o gobernador de un provincia persa, la magnificencia de cuya tumba –considerada también como otra de las maravillas del mundo antiguo-, dio posteriormente origen a la palabra mausoleo, referida a las grandes sepulturas; las aventuras de María Antonieta y su famoso collar; la Revolución Francesa de 1789, cuando el pueblo derrocó la monarquía absolutista del rey Luis XIV, también conocido como el Rey Sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había muchas cosas más, por supuesto; tantas, que sería muy difícil recordarlas todas en un momento determinado. Don Jerónimo solía decir bastante a menudo que vivir la Historia a veces “es tan fácil como pasar el tiempo deshojando margaritas”. Y debía de tener razón. Aunque ahora, una vez detenida junto a la puerta encristalada del Centro Gutemberg de Impresión, Elaboración y Publicación de Pensamientos, su atención se dirigió hacia un curioso personaje, tan alto como un pino –pensó Aroa-, que vestía un traje de color azul marino con galones amarillos en las bocamangas de la chaqueta, quien al verla, dijo solícitamente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Soy el portero del Centro; si es tu deseo hacernos una visita, sígueme y pasa dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca antes había visitado una imprenta, ni tenía referencias de cómo eran las personas que en ella trabajaban y cuáles eran sus funciones o cometidos, aunque la actividad que podía ver resultaba, sin duda, abrumadora a simple vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por cierto, -dijo el portero, volviéndose hacia ella repentinamente, un gesto de desconfianza en su cara: ¿eres de las personas a las que les gusta plagiar, con afán, como decía Miguel de Cervantes y Saavedra, de ganar “fama y dineros”?.&lt;br /&gt;- ¿Plagiar?, -exclamó Aroa, que no sabía exactamente lo que significaba esa palabra y temía haberse metido en otro lío sin darse cuenta.&lt;br /&gt;- Plagiar: copiar en lo substancial obras ajenas, dándolas como propias, -dijo el Genio de los Libros, apareciendo a su lado como salido de la nada.&lt;br /&gt;- ¿Dónde te habías metido?, -preguntó Aroa, una vez recuperada de la impresión.&lt;br /&gt;- He estado por ahí, haciendo unas pequeñas aunque necesarias gestiones, -respondió el Genio de los Libros, guiñándola el ojo, acto al que ya estaba de sobra acostumbrada.&lt;br /&gt;- Ya veo, -dijo Aroa, visiblemente enfurruñada, actitud que adoptaba cada vez que no la gustaba alguna cosa.&lt;br /&gt;- Damas y caballeros, -dijo entonces el portero, llamando la atención de todos los allí presentes. Tengo el gusto de anunciaros la visita de una encantadora señorita. ¡Levantaos, acercaos y presentaos!.&lt;br /&gt;- ¿Habla siempre así?, -cuchicheó Aroa al oído del Genio de los Libros, mientras se aguantaba las ganas de reír.&lt;br /&gt;- Es un amante de la poesía, -contestó éste sonriendo también, agregando: por eso hace rimas todos los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando todos dejaron de trabajar, prestando atención a los requerimientos del portero, Aroa se sintió un tanto culpable, pensando que quizás por su causa se había interrumpido una labor importante. Tal es así, que se ruborizó, ocultándose como pudo detrás del Genio de los Libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Alto ahí!, -exclamó el portero, haciendo exagerados aspavientos con las manos cuando vio que todos se acercaban sin orden ni concierto, como si estuvieran imitando a un rebaño de vacas desbocadas. Las buenas presentaciones comienzan por mantener el orden y las posiciones.&lt;br /&gt;- Parece alguien importante, -volvió a cuchichear Aroa al oído del Genio de los Libros, observando como todos, sin protestar, obedecían los requerimientos del portero, guardando un orden poco menos que perfecto.&lt;br /&gt;- Los que son caballeros, permiten siempre que las mujeres hablen primero.&lt;br /&gt;- Encantada, -dijo una esbelta mujer, quizás demasiado maquillada para el gusto de Aroa, que lucía un elegante traje de llamativos colores. Yo soy Doña Preposición, la parte invariable de la oración y de palabras o términos, denoto su relación.&lt;br /&gt;- Hola, -dijo a continuación un caballero vestido con un impecable traje de frac, que tenía una barriga enorme y prominente. Soy Don Adverbio y me considero tan elegante y soberbio, que modifico la significación de mi buen amigo el Señor Verbo.&lt;br /&gt;- Presente, -dijo éste, quitándose el sombrero de la cabeza e inclinándose cortésmente a continuación. Soy el Señor Verbo y de mí se puede pensar que soy una palabra que representa una idea y varío de número, persona, tiempo y modo, según conveniente lo crea.&lt;br /&gt;- Mi nombre es Sustantivo y como bien sabe la gente, tengo una existencia real e independiente.&lt;br /&gt;- Yo soy el Pronombre y cuando la ocasión lo requiere, sustituyo al Nombre.&lt;br /&gt;- Señores Adjetivos, -dijo el portero, llegados a aquél punto de las presentaciones: ¿serían tan amables de presentarse como es debido?.&lt;br /&gt;- Me llaman Superlativo y soy el más grande de todos los adjetivos, -dijo uno, que en efecto, era enorme y destacaba de todos los demás, que eran mucho más bajitos.&lt;br /&gt;- Yo soy Ordinal y mi función, como todo el mundo sabe, es básicamente numeral, -dijo otro.&lt;br /&gt;- Yo me llamo Gentilicio, -dijo un tercero-, y denotar origen, patria o nación es mi ilustre oficio.&lt;br /&gt;- Mi nombre es Calificativo, -añadió un cuarto-, y apunto la calidad del sustantivo: alto, bueno, negro o blanco. Mi función, como ves, importa tanto.&lt;br /&gt;- Yo, como que soy Determinativo, señalo la extensión del Sustantivo.&lt;br /&gt;- Yo soy Comparativo, -añadió el último y por añadidura, el más triste de todos los Adjetivos-, y comparo a uno y otro sustantivo.&lt;br /&gt;- Parece triste, ¿no crees?, -comentó Aroa al Genio de los Libros.&lt;br /&gt;- Suele ser muy susceptible, -contestó el Genio de los Libros-, porque se comenta por ahí que comparar es odioso y en cierto modo él se siente personalmente responsable. Pero como es su obligación, no tiene más remedio que hacerlo, aunque a la gente a veces no les agrade.&lt;br /&gt;- ¡Correo urgente!. ¡Correo urgente!, -se oyeron unas voces que procedían de la entrada. Acto seguido, apareció un gracioso personaje, que vestía un impecable uniforme de cartero, zurrón incluido colgado en la espalda y patines en los pies.&lt;br /&gt;- Carta para la señorita Aroa, -dijo cuando llegó hasta el sitio donde se encontraban todos reunidos.&lt;br /&gt;- ¿Para mí?, -dijo ésta, mirando sorprendida al Genio de los Libros, pues era la primera vez que recibía una carta e ignoraba que allí pudiera conocerla alguien.&lt;br /&gt;- Tiene el sello real, -dijo éste, echando un vistazo por encima del hombro de Aroa. Debe de ser un asunto importante. Vamos, ¿a qué esperas?. ¡Abrelá!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sobre, en opinión de Aroa, tenía un color rosa muy agradable a la vista, aunque fuera de un color que a los chicos no les agrade demasiado. Y en efecto, tal y como había dicho el Genio de los Libros, el membrete estaba formado por un logotipo o dibujo donde una corona muy bonita imperaba sobre las páginas de un libro abierto. La nota, escrita en cartulina del mismo color que el sobre, decía lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Inspiración, Reina del Mundo de Literaria,&lt;br /&gt;tiene el placer de invitar a la señorita Aroa a&lt;br /&gt;visitar su palacio, donde será huésped de honor&lt;br /&gt;durante todo el tiempo que ella desee,&lt;br /&gt;pudiendo honrarnos con su participación&lt;br /&gt;en el Gran Concurso Literario.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Supongo que tenemos que irnos, -dijo el Genio de los Libros. No es educado hacer esperar a nadie y mucho menos a la Reina.&lt;br /&gt;- Pero no puedo irme ahora, -objetó Aroa, apesadumbrada. Todavía tengo que capturar la media docena de pensamientos errantes que...&lt;br /&gt;- ¡Deuda condonada!, -dijo otro peculiar personaje que entró inmediatamente detrás del cartero y se presentó a sí mismo como el Heraldo Real.Condonar, -murmuró el Genio de los Libros, añadiendo a continuación: perdonar. Bien, ¿a qué estamos esperando?.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-1666670823097078099?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/1666670823097078099/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/08/capitulo-3.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1666670823097078099'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/1666670823097078099'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/08/capitulo-3.html' title='Capítulo 3: Aroa en el Mundo de Literaria'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-6552410294623486242</id><published>2009-08-20T09:19:00.002+02:00</published><updated>2009-09-01T08:20:33.652+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 2: Aroa y el Genio de los Libros</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;roa y el &lt;span style="font-size:180%;"&gt;G&lt;/span&gt;enio de los &lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;ibros&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si alguna vez la hubieran dicho que algún día tendría la ocasión de ver un libro de aparente carne y hueso, de su misma estatura aproximadamente, con cabeza, brazos y piernas, hablando y bailando claquét sobre la tarima donde estaba la mesa de la señorita Gutiérrez, lo más seguro es que hubiera pensado que la estaban tomando el pelo, aprovechándose de que todavía era una niña y los adultos suelen pensar que los niños, simplemente por el hecho de serlo, se creen a pies juntillas todo aquello cuanto les dicen, pensando que es la cosa más natural del mundo. Por fortuna para ella, nunca había sido una niña asustadiza y fácilmente impresionable. Al menos no tanto como otras niñas de su misma edad que conocía y que gritaban por cualquier cosa, hecho éste que consideraba demasiado exagerado y muchas veces fuera de lugar, tal y como solía decir su madre, con relación a no perder nunca los nervios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien es verdad que se sobresaltó un poquito cuando el extraño ser con forma de libro atravesó inesperadamente la cortina de humo, deteniéndose frente a ella como un repentino e inesperado relámpago. Naturalmente, su inmediata reacción fue la de dar un paso hacia atrás, pensando que aquélla extraña aparición la caería encima, pudiendo llegar incluso a lastimarla si no tenía cuidado de apartarse a tiempo. Pero por fortuna para su seguridad, no ocurrió lo que ella tanto temía y un segundo después ambos se encontraron a escasos centímetros el uno del otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque su cuerpo tenía la inequívoca forma de un voluminoso libro en cuyas guardas se podían leer las iniciales “G.L.” grabadas en oro, su cara no resultaba en absoluto desagradable y hasta hubo un momento en el que Aroa pensó que le parecía vagamente familiar. Así que, observándolo minuciosamente, pudo ver que tenía el cabello oscuro y largo, recogido sobre la espalda en una larga, larguísima coleta, que le confería cierto aspecto de interesante distinción progre, como había oído por ahí definir a ciertas nuevas modas y tendencias de atrevida actualidad, alguna de las cuales ella no compartía, simplemente porque no la gustaban. Por el contrario, la nariz le resultaba quizás demasiado grande para su gusto, aunque tenía que reconocer que sus ojos, azules claros como ese mar Mediterráneo que bañaba las playas de Torrevieja donde ella y su familia solían veranear todos los años, la parecían sumamente atractivos, aunque no tanto, por supuesto, como los ojazos negros y maravillosos de Enrique Iglesias. Sus brazos, aunque largos como cañas de pescar, parecían musculosos y proporcionados, dejando aparte el detalle de que no podía juzgar sobre si sus manos eran finas y de uñas bien cuidadas, porque las llevaba convenientemente ocultas en unos finos guantes de gamuza azul. Algo similar ocurría con los pies, ocultos también por unas botas del mismo material y color que los guantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién o qué eres tú?, -preguntó Aroa, curiosa, una vez finalizado su examen superficial.&lt;br /&gt;- ¡Quién soy yo!. ¡Já!. ¡Pregunta que quién soy yo!. Debes de saber, mi querida niña, que yo soy yo; es decir: me puedo definir como el nominativo del pronombre personal de primera persona en género masculino o femenino y número singular...&lt;br /&gt;- Pero bueno, -dijo Aroa, frunciendo el ceño con cara de pocos amigos. ¿Acaso te estás burlando de mí?.&lt;br /&gt;- Burlar: reírse, mofarse, chancearse...&lt;br /&gt;- ¡Basta!, -gritó Aroa, cerrando los puños con rabia. Y segundos después de hacerlo, se arrepintió, porque recordó que su madre la había explicado en numerosas ocasiones que gritar no era éticamente correcto y ella no quería que los demás pensaran que era una niña consentida, maleducada y grosera, que perdía los estribos por cualquier cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ser con forma de libro cerró entonces los labios, observándola pensativamente, con una mano apoyada sobre el mentón y el dedo índice señalando hacia arriba, paralelo con la caña de la nariz, que le recordó a Aroa uno de esos complicados aparatos con los que se ejercitan los gimnastas. Aún avergonzada, Aroa le observó guiñar primero un ojo y luego el otro, mientras balanceaba la cabeza a derecha e izquierda, murmurando algo tan extremadamente bajo, que ella no consiguió entender, aún teniendo el oído muy fino. Frente a semejante actitud, pensó que lo mejor sería no decir absolutamente nada hasta que él terminara sus incomprensibles cavilaciones y se comportara de una manera más educada y racional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es posible que esté loco”, -pensó, mientras le observaba. “O quizás más bien majareta, como dice el abuelo. ¡Pero bueno!. ¿Seré yo quien esté loca?. ¿Cómo es posible que pueda estar aquí, tan tranquila, hablando con un libro con patas de tamaño natural?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero yo no soy simplemente un libro con patas, como piensas. Soy el espíritu universal de todos los libros, -dijo el ser. Añadiendo a continuación: de los libros del pasado, de los libros del presente. Incluso soy también el espíritu universal de los libros del futuro, aquellos que todavía no se han escrito y su nacimiento está aún por llegar.&lt;br /&gt;- De acuerdo, como tú digas, -dijo Aroa, con despreocupación, preguntando acto seguido: ¿pero realmente, quién eres tú?. Porque supongo que tendrás un nombre como todo el mundo, aunque seas un libro de carne y hueso.&lt;br /&gt;- ¿Que quién soy yo?, -exclamó el ser, tapándose la cara con una mano, como si le estuviera dando la luz del sol directamente en los ojos. ¡Pregunta que quién soy yo!. Niña, debes de saber que yo soy Yo, aunque bien es verdad que todos mis amigos me conocen como el Genio de los Libros.&lt;br /&gt;- ¿El Genio de los Libros?, -titubeó Aroa, pensando que quizás la estaba tomando a ella por tonta, pues actualmente, ¿quién puede ser tan ingenuo como para creer en genios o en cuentos de hadas?.&lt;br /&gt;- ¡Exacto, pequeña!. Bien, ahora que sabes quién soy yo, falta que sepamos quién eres tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como aquél requerimiento le pareció a Aroa de lo más lógico y natural, no puso ninguna pega en hacerle saber quien era ella. De modo que, obviando los apellidos, contestó con toda naturalidad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo soy Aroa.&lt;br /&gt;- ¿Aroa?, -exclamó el Genio de los Libros, adoptando otra vez una aburrida expresión reflexiva, que lejos estaba de parecerle a Aroa demasiado natural para su gusto. A ver, déjame ver...Aroa...Aroa...¡Por supuesto!. ¡Ya lo tengo!. Aroa: nombre de origen germánico, derivado de Ara, que significa bueno o de buena voluntad. Su santo se celebra el cinco de julio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Pero qué está diciendo ahora?”, -se preguntó Aroa, frunciendo el ceño completamente desconcertada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella pensaba, porque así se lo había oído decir muchas veces a su madre, que su nombre tenía un origen ciertamente cantábrico, quizás del País Vasco –dada su peculiar semántica- y que se lo había puesto al nacer porque lo había escuchado en alguna ocasión, le había gustado y además era un nombre muy poco conocido, al menos en Madrid. Tampoco sabía que ella tuviera santo, si exceptuamos la fecha de su cumpleaños, que coincidía con la festividad de San Rodrigo, según el calendario, y ni siquiera era fiesta oficial, aunque ella siempre tuviera el homenaje de sus familiares y amigos y pidiera un deseo cada vez que soplaba las velas de la tarta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ciertamente es un nombre muy bonito para una chica muy bonita, -dijo el Genio de los Libros, guiñándola un ojo en señal de amistosa complicidad. Sin embargo, -añadió a continuación-, hay algo en tu pequeña personita que no consigo comprender, aunque no creas que no lo intento.&lt;br /&gt;- ¿A qué te refieres?, -preguntó Aroa, no muy convencida con el adjetivo de pequeña personita que le acababa de otorgar su extraño y nuevo amigo.&lt;br /&gt;- Es evidente, -continuó hablando el Genio de los Libros, señalándola con un dedo acusador-, que no te gusta nada leer.&lt;br /&gt;- Bueno, -contestó Aroa, sin darle apenas importancia al comentario. Creo que leer es aburrido y también una pérdida de tiempo.&lt;br /&gt;- ¡Oh, Dioses!. ¡Dioses!. ¡Rayos y centellas!. ¡Esta niña es una sacrílega!, -exclamó el Genio de los Libros, tapándose la cara con las manos, como si hubiera visto algo terrible que lo asustara de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Pero qué tiene de malo que no me guste leer?”, -se preguntó Aroa, bastante confundida observando la actitud que acababa de tomar su nuevo y curioso amigo. A fin de cuentas, ella no consideraba que fuera tan importante su falta de afición a la lectura y no lograba comprender por qué a él le afectaba tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su madre decía muchas veces que no ser la primera en alguna cosa no significaba necesariamente tener que ser la última en todas. Y ella suponía que debía de tener razón, porque para eso era su madre y una madre no engañaría nunca a una hija. Su prima Tania, por ejemplo, leía muchos libros. Bien, ¿y qué?. Ella hablaba inglés mucho mejor que su prima. Y eso no significaba tampoco que ninguna de las dos fueran tontas o que una fuera más inteligente que la otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Niña!. ¿Quieres hacer el favor de dejar ya de hablar contigo misma?, -dijo el Genio de los Libros, que parecía tener el incomprensible poder de leerle el pensamiento. Bien, ahora que vuelvo a tener otra vez tu estimada atención, quiero hacerte una pregunta: ¿por qué crees tú que existen los libros?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque Aroa no quisiera admitirlo, aquélla pregunta la torturó lo suficiente como para pensar que no tenía una respuesta adecuada y aquella circunstancia, por otra parte, la ponía un poco nerviosa. Era como cuando la señorita Gutiérrez la sacaba al encerado y la obligaba a realizar el análisis gramatical de una frase. Casi siempre -tanto que ella pensaba que lo hacía a propósito porque si no, no tenía explicación-, solía ser la frase más larga y difícil de todas cuantas se hallaban en el cuaderno de ejercicios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También era verdad lo desagradable que resultaba equivocarse en cualquiera de las complicadas operaciones a seguir y tener que aguantar las risas y bromas de las demás compañeras de su clase. Pero quizás lo más desagradable de todo eso, fuera la risa de autosuficiencia de Matildita, la empollona número uno de la clase, por no decir de todo el colegio y hasta es posible que del mundo entero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No estoy segura, -contestó, dubitativa. A lo mejor es porque a la gente le gusta demasiado inventarse historias sobre cosas que nunca las han de pasar.&lt;br /&gt;- ¡Puede ser!. ¡Puede ser!, -dijo el Genio de los Libros. Pero tienes que reconocer que no todo lo que hay en los libros es inventado. Además, ¿qué puede tener de malo inventar historias?.&lt;br /&gt;- ¡Pues que no son verdad!, -exclamó Aroa, bastante contrariada por lo que ella consideraba evidente.&lt;br /&gt;- ¿Te has detenido alguna vez a pensar que hay personas que escriben sus pensamientos, sentimientos e impresiones única y simplemente por el placer de compartirlos con los demás?. ¿Gente que ha sacrificado sus mejores horas de sueño para que otros gocen con sus fantasías y secretos y pasen un rato agradable, que los libere en parte del tedio y el aburrimiento?.&lt;br /&gt;- Bueno, visto de ésta forma..., -susurró Aroa, aunque no del todo convencida, añadiendo en voz alta: ¿por qué habrían de interesarme los secretos de los demás?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En contra de lo que Aroa esperaba, el Genio de los Libros no contestó. Al menos, no inmediatamente. Por el contrario, volvió a adoptar aquella expresión meditabunda a la que ya estaba comenzando a acostumbrarse, aunque también era verdad que temía la pregunta que a continuación pudiera llegar a hacerle, si se tenía en cuenta las que ya la había formulado con anterioridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Qué estará pensando ahora?”, -volvió a preguntarse, frunciendo otra vez el ceño. Era éste un gesto que solía hacer muy a menudo y la gente que la conocía no se cansaba de afirmar que lo había heredado de su madre. También era verdad que cuando su madre fruncía el ceño, lo que venía a continuación solía ser el relámpago que precede al trueno y anuncia la tormenta. Por fortuna, tales ocasiones no se producían con frecuencia y ella además era lo bastante inteligente como para saber cuándo debía callarse y esperar a que pasara la tormenta y poder guardar el paraguas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabes volar?, -dijo de repente el Genio de los Libros, sobresaltándola. ¡No, claro que no!. ¡Qué tontería!. ¿Cómo podrías saber volar si no eres un pájaro y tampoco tienes alas?.&lt;br /&gt;- ¿Por qué tendría que saber volar?, -preguntó Aroa, adoptando un tono de ligera indiferencia, sobre todo pensando en su miedo atávico a las alturas.&lt;br /&gt;- Porque es absolutamente imprescindible que hagamos un viaje, -contestó tan tranquilo el Genio de los Libros.&lt;br /&gt;- ¿Viajar?, -exclamó Aroa, sobresaltada. ¿Viajar a dónde?.&lt;br /&gt;- Por tu bien, mi querida amiga, no tengo más remedio que enseñarte el Mundo de Literaria. No pienses que todas las personas tienen la oportunidad de llegar a conocerlo, siquiera una vez a lo largo de su vida. Muy poca gente ha conseguido alguna vez acceder a él. Pero tú eres especial y hay alguien a quien preocupas, que ha decidido que mereces una oportunidad. De manera que deja tu cartera sobre el pupitre y acompáñame. Confía en mí y sobre todo no temas absolutamente nada, porque estás en buenas manos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-6552410294623486242?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/6552410294623486242/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/08/capitulo-2.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/6552410294623486242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/6552410294623486242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/08/capitulo-2.html' title='Capítulo 2: Aroa y el Genio de los Libros'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7087085304055230840.post-2974261565523097133</id><published>2009-08-19T12:46:00.001+02:00</published><updated>2009-08-19T12:48:59.139+02:00</updated><title type='text'>Aroa y el Genio de los Libros</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;apítulo &lt;span style="font-size:180%;"&gt;1&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;a &lt;span style="font-size:180%;"&gt;C&lt;/span&gt;lase de &lt;span style="font-size:180%;"&gt;L&lt;/span&gt;iteratura&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pocas cosas la resultaban tan aburridas a Aroa como las clases de Lengua y Literatura, que parecían ser tan extensas e infinitas como el desconocido Universo. Por eso, cuando entró en el aula la señorita Gutiérrez con el acostumbrado montón de libros apoyados contra el pecho; el pelo, de un color rubio pajizo semejante a las cerdas de las escobas antiguas que utilizaban las abuelas y antes las abuelas de sus abuelas, recogido en un espantoso moño detrás de la nuca y aquellos ojos grises y fríos tan parecidos a los de los tiburones, que miraban a su alrededor con malicia y desconfianza a través de los cristales de las gafas, supo inmediatamente que la hora que venía a continuación iba a ser, contra todo pronóstico, una de las más largas de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De hecho, recordaba con disgusto que la última clase había sido tan soporífera, que no pudo evitar quedarse dormida sobre la tibia superficie del pupitre, donde incidía casualmente un cálido y agradable rayo de sol que se colaba como un fantasma a través del cristal de la ventana. Y no es que ella fuera un lirón, esa clase de simpáticos animalitos que se pasan media vida durmiendo. Seguramente ningún lirón, ya fuera o no simpático, se hubiera atrevido a dormirse durante la clase de la señorita Gutiérrez. Pero ella lo había hecho y posiblemente debido a esa circunstancia, aquélla tarde la señorita Gutiérrez no la quitaba el ojo de encima, disuadiéndola, a su manera, de volver a atreverse siquiera a intentar repetirlo por segunda vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante tan desafortunado detalle, Aroa pensó que si quería sobrevivir al tedio que estaba segura se avecinaba, no la quedaba más remedio que simular que ponía mucha atención a todo lo que estaba explicando la señorita Gutiérrez y después dejar volar libremente su imaginación, cosa, por otra parte, que la resultaba muy fácil y hasta podía decirse que se le daba bastante bien. Mejor, incluso, que los exámenes de Lengua Inglesa, donde solía sacar la nota más alta de toda la clase, para envidia y fastidio de Matildita, la empollona número uno y por añadidura, la niña más engreída, estúpida y repelente de todo el colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre el encerado de la pizarra, aunque algo vencido hacia la izquierda, había un reloj tan horrible, en su opinión, que apenas le costaba esfuerzo alguno mirar para otro lado y así evitarse el disgusto de tener que verlo a cada momento y ponerse aún más nerviosa pensando que se había parado, olvidando para siempre su obligación de ir señalando los minutos uno detrás de otro, hasta llegar al punto que a ella más le interesaba, que no era otro sino aquél que debía indicar las cinco en punto y, consiguientemente, el final de la clase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy posible que tal efecto se debiera, no tanto a los arañazos y desconchones que deslucían el ya de por sí feo color marrón oscuro del marco, sino a la extraña sensación que la producían sus esqueléticas manecillas terminadas en dedos de un siniestro color negro. Dedos acusicas, sobre todo los de la manecilla grande, que siempre parecían señalarla a ella en particular cuando se acercaban a la media y apenas un instante después se escuchaba un ronco silbido que parecía querer decir: “túuuu”. Era entonces cuando todas levantaban la vista del libro de lectura o del cuaderno de ejercicios, sobresaltadas, como es natural, para encontrarse con la consabida mirada  de la señorita Gutiérrez y su eterna y severa frase de desaprobación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-         ¡Señoritas, pongan atención a la lectura!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca, que ella pudiera recordar en ese preciso momento, había comentado todas estas cosas con sus compañeras, y no porque no confiara en ellas, sino porque las consideraba tan íntimas y personales que no se atrevía a hacerlo por temor a no ser correctamente comprendida, convirtiéndose, en su defecto, en el hazmerreír de la clase. Bueno, eso no era del todo cierto, si exceptuamos la confianza que tenía con su querida prima Tania.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La prima Tania tenía su misma edad, trece años, aunque como había nacido en otro mes, su signo astrológico era diferente. Ella había nacido el 26 de marzo, y por lo tanto, el signo del Zodíaco que le correspondía era Aries. No es que le interesaran demasiado estas cosas, en las que apenas confiaba porque no podía entender cómo las estrellas podrían llegar a actuar sobre su personalidad, moldeándola como si fuera un pegote de arcilla, pero su madre solía prestar mucha atención al asunto, a pesar de que nunca se cumplían los vaticinios que leía en las revistas que compraba en el quiosco todas las semanas y que ella después consultaba, quizás no tanto por los chismorreos de sociedad como por los diseños que lucían las modelos que salían fotografiadas en muchas de sus páginas. Decía muy a menudo –tanto que ya se lo había aprendido de memoria, como si fueran los contenidos de una lección-, que las personas nacidas sobre el signo astrológico de Aries eran, por regla general, iniciadoras y líderes brillantes que siempre buscaban cosas nuevas e interesantes con las que compensar los posibles momentos de aburrimiento. Pero claro, también existían aspectos negativos –lógicamente nadie es perfecto, por mucho Aries de que se precie-, que los hacía parecer personas irritables y dominantes. Y esto puede que fuera verdad, sobre todo en las ocasiones en que las cosas no salían como ella quería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde luego, independientemente del signo que fuera, a su prima Tania la consideraba como una hermana. Aunque estudiaban en colegios distintos, dado que vivían en barrios diferentes y algo alejados entre sí –al menos como para ir andando de uno a otro-, estaban permanentemente en comunicación gracias al teléfono móvil que les habían regalado sus padres por Navidad y con el que podían enviarse también cuantos mensajes en clave quisieran, sin que nadie, a excepción de ellas dos, pudiera entender:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esto sí que es un formidable invento y no las aburridas clases de Lengua y Literatura, -se dijo Aroa a sí misma, mientras la señorita Gutiérrez no dejaba de hablar sobre la Literatura y su función cultural, así como la importancia que tenía saber interpretar correctamente la sintaxis gramatical.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-         ¿Acaso la gente es más feliz porque lea muchos libros o sepa interpretar de carrerilla complicados análisis gramaticales?, -volvió a decirse a sí misma, pensando a continuación: ¡qué tontería!. Hay cosas mucho mejores en la vida que leer libros o interpretar oraciones. Por ejemplo, escuchar música, ir de vacaciones a la playa y conocer a mucha gente o pasear con las amigas por el parque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó entonces a su cantante favorito, Enrique Iglesias, y lo guapo que era; lo bien que cantaba y también su maravillosa manera de bailar. Que estaba enamorada de él era sin duda su secreto mejor guardado y Tania, por supuesto, era la única persona en éste mundo que lo conocía. Ni siquiera lo sabía su madre y eso que su madre era la persona a la que más quería y con la que no solía tener secretos, como pensaba que debería de ser siempre la relación entre una madre y una hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a mirar hacia delante y pensó, sin quererlo, en la señorita Gutiérrez. En su seriedad. Nunca, que ella recordara, la había visto sonreír y mucho menos hacer una broma en clase, aunque solo fuera para romper durante unos segundos la insoportable monotonía de una asignatura que todas en la clase –exceptuando, claro está, a Matildita- llevaban cuesta arriba y no votarían como favorita si tuvieran que hacer una encuesta. Y pensando sobre el tema, se le ocurrió también preguntarse si acaso la gustaría la música y si así fuera, quién sería su cantante favorito. Pero no, se dijo; un simple vistazo a su estricta manera de vestir –siempre de negro, como el traje siniestro de los cuervos- la parecía motivo más que suficiente para llegar a la conclusión de que la señorita Gutiérrez pertenecía a esa clase de personas serias que únicamente escuchaban música clásica. En efecto: ese tipo de música tan antigua y rocambolesca que no sonaba en ninguna discoteca; que la juventud apenas entendía ya y que no se podía bailar con la alegría y desenvoltura con que se bailaban las canciones de Enrique Iglesias y otros grupos musicales actuales, como los Backstreet Boys o Los Caños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Referente a ello, también era verdad que muchas noches soñaba entusiasmada con asistir a un concierto y poder bailar en el escenario con sus ídolos favoritos. Bien es cierto también, que en su floreciente imaginación cualquier cosa era posible y tan simple de realizar como chascar los dedos. Dejándose llevar por ella, podía llegar a convertirse en princesa, como recientemente le había ocurrido a la noruega Mette Marit; ser una diseñadora famosa y respetada, capaz de crear vestidos exclusivos que darían la vuelta al mundo y por los que la gente pagaría cualquier precio para llegar a ponérselos y lucirlos en fastuosas fiestas de sociedad, de las que ella, lógicamente, sería la protagonista indiscutible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es bastante más que posible que motivada por su desbordante imaginación, en la clase ocurriera algo tan extraordinario, que Aroa apenas tuvo tiempo de abrir la boca para decir: “¡ahí va!, ¿qué es lo que está pasando aquí?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque aquélla repentina y espesa cortina de humo blanco que había aparecido súbitamente sobre la mesa de la señorita Gutiérrez –parecía que había salido directamente del encerado de la pizarra, como el aire que se escapa de un balón pinchado- la recordaba las fantásticas actuaciones de algunos magos que había tenido oportunidad de ver en la televisión los domingos por la tarde. Sobre todo aquellos programas en los que actuaba un mago en particular -¿cómo se llamaba?- que había sido novio de una famosísima modelo alemana y hacía aparecer y desaparecer a la gente como si fuera la cosa más sencilla y natural del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensó que a lo mejor aquélla repentina e inexplicable humareda era obra del mismo mago, que permanecía escondido en algún lugar de la clase y había hecho desaparecer a la señorita Gutiérrez, para gran alivio suyo, con sus gafotas de cristal de botella, su horrible moño y sus interminables disertaciones sobre Lengua y Literatura que a ella la aburrían tanto. En el peor de los casos, pensó a continuación, intentando mantener la calma, podría tratarse de ladrones. Porque ella sabía que había personas en el mundo que robaban, no para comer, como solía decir muchas veces su abuelo, sino para seguir manteniendo sus estúpidos vicios y vivir siempre a costa del esfuerzo de los demás. Pero no. No podía ser. ¡Qué tontería!. ¿Quién iba a ser tan tonto como para querer robar en un colegio?. Además, bien pensado, ¿qué se podía robar en un colegio?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando decidió consultar con Naomi, que era la compañera más cercana, aquella cuyo pupitre estaba precisamente junto al suyo y con quien cuchicheaba cada vez que tenía oportunidad. Pero cuando giró la cabeza en la dirección donde debía encontrarse ésta, se dio cuenta de que Naomi también había desaparecido. Es más: se dio cuenta de que habían desaparecido absolutamente todas sus compañeras de clase, incluida la señorita Gutiérrez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-         A lo mejor se está quemando de verdad el colegio, -murmuró un poco asustada, levantándose del banco para salir corriendo ahora que todavía tenía tiempo de llegar hasta la puerta y ponerse a salvo con las demás compañeras. Pero no bien hizo la intención de levantarse de la silla, cuando escuchó una voz, en modo alguno familiar, que la decía:&lt;br /&gt;-         ¡Alto ahí, jovencita!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aroa frenó su carrera en seco, mirando con suspicacia en la dirección de la pizarra, que era precisamente el lugar de donde provenía la voz, seguramente de detrás de la cortina de humo que, ahora se dio cuenta también del detalle, no la producía tos, ni lágrimas en los ojos, ni la molestaba tampoco para respirar, ni parecía estar, en consecuencia, producida por el efecto de combustión de una llama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-         Desde luego, esto sí que es algo bien extraño, -murmuró otra vez para sus adentros, tan bajito, tan bajito, que dudaba mucho que alguien  hubiera podido escucharla.&lt;br /&gt;-         ¿Extraño?, -dijo entonces la voz, añadiendo a continuación: ¿por qué extraño?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aroa no sabía muy bien qué contestar y mucho menos a quién. Permanecía inmóvil allí, donde la había detenido por primera vez la voz, preguntándose si acaso estaba soñando. Era más que posible que se hubiera vuelto a quedar dormida sin pretenderlo y en este preciso momento estuviera soñando. A fin de cuentas, si ya la había ocurrido una vez en el pasado, ¿por qué no podría haberla ocurrido ahora también, a pesar de haber puesto todo el cuidado del mundo para evitarlo?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-         Extraño, -dijo otra vez la voz, para añadir segundos después: raro, singular. Sí, podría decirse que esto es algo extraño, incluso raro, pero con toda probabilidad, singular.&lt;br /&gt;-         Pero, ¿quién eres?, -preguntó Aroa, que ya comenzaba a sentirse muy intrigada y hasta cierto punto nerviosa. Después de todo, hablar con alguien que no puedes ver, la parecía la cosa más impropia y desconcertante que la había ocurrido nunca. ¿Por qué te escondes?.&lt;br /&gt;-         ¿Que quién soy yo?. ¡Ay, qué risa!. Pregunta que quién soy yo...&lt;br /&gt;-         La verdad es que yo no le veo la gracia por ninguna parte, -dijo Aroa, molesta.&lt;br /&gt;-         Oh, pues te aseguro que es muy divertido, -contestó la voz. ¿De verdad quieres saber quién soy yo?.&lt;br /&gt;-         ¡Pues claro!. ¿Acaso te crees que tengo la costumbre de hablar con desconocidos?, -dijo Aroa, apoyando ambas manos en las caderas, evidenciando de esa forma su disgusto, que, todo sea dicho de paso, iba en aumento.&lt;br /&gt;-         Desconocidos, -repitió la voz. ¡A ver!. ¡A ver!. Verbo desconocer...&lt;br /&gt;-         ¡Bueno, ya está bien!. Si no dejas que te vea ahora mismo y me dices quién eres, me marcho de aquí inmediatamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo unos segundos de silencio, durante los cuales Aroa pensó que quizás el desconocido había visto que su enfado era real y había optado por marcharse. Mejor, pensó, porque si era así, ella también se iría, olvidando para siempre aquél extraño y enojoso asunto que sólo comentaría con su prima Tania cuando tuviera ocasión. Después de todo, ¿a quién más se lo podría contar que la creyera?. También existía la posibilidad de que el desconocido la estuviera observando todavía desde su escondite detrás de la cortina de humo, esperando cualquier otra reacción de su parte. Fuera como fuere, pensase aquél lo que pensase, Aroa no estaba dispuesta a jugar más al escondite, de manera que hizo un nuevo ademán de dirigirse a la puerta:&lt;br /&gt; De acuerdo. ¡Aquí me tienes!.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7087085304055230840-2974261565523097133?l=elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/feeds/2974261565523097133/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/08/aroa-y-el-genio-de-los-libros.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2974261565523097133'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7087085304055230840/posts/default/2974261565523097133'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elrincndeloscuentosperdidos.blogspot.com/2009/08/aroa-y-el-genio-de-los-libros.html' title='Aroa y el Genio de los Libros'/><author><name>juancar347</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15324058536132217405</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_PKN9j6Gn8Ts/TUA61xD0OTI/AAAAAAAAC88/eBSpKesNRYM/s220/IMG_0858.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>
